- La comunidad educativa, la parroquia y las instituciones agradecen más de un siglo de entrega coincidiendo con el inicio de una nueva etapa del Colegio La Milagrosa–Josefa Sobrido bajo la gestión de la Fundación Educativa Ultreia.
- Una eucaristía, una procesión con la Virgen Milagrosa y diversos homenajes cierran una jornada cargada de emoción y gratitud hacia una congregación que marcó la historia de Oleiros.
La comunidad educativa del Colegio La Milagrosa–Josefa Sobrido de Oleiros (Ribeira) vivió este martes una jornada que quedará grabada en la memoria colectiva de la localidad. Tras 107 años de presencia ininterrumpida, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl recibieron el homenaje de toda una comunidad que quiso agradecer públicamente más de un siglo de dedicación a la educación, la evangelización y la atención a quienes más lo necesitaban.
El relevo en la presencia de la congregación coincidió con el inicio de una nueva etapa para el Colegio La Milagrosa–Josefa Sobrido, cuya gestión pasa a estar asumida por la Fundación Educativa Ultreia, vinculada a la Archidiócesis de Santiago de Compostela.
Durante toda la jornada estuvo presente el director gerente de esta Fundación, José Ramón Amor Pan, acompañando un relevo que, lejos de plantearse como un cierre, estuvo marcado por una idea compartida por todos los participantes: la continuidad de la misión y el legado construido durante más de un siglo.
El patio del centro educativo acogió un acto institucional que reunió a autoridades civiles y religiosas, profesorado, familias, alumnado, antiguos estudiantes y vecinos de Oleiros.
Una historia construida desde las personas y el compromiso diario.
La música abrió el acto con la interpretación de una pieza a cargo de una alumna de Educación Secundaria con flauta travesera, antes de la proyección de un vídeo elaborado por Ramón Aliseda y narrado por su hija Carmen, antigua alumna del colegio. El audiovisual reunió testimonios de vecinos, exalumnos y colaboradores que repasaron la historia de las Hijas de la Caridad desde una perspectiva cercana y profundamente humana.
“En San Martín de Oleiros hay historias que no se escriben en los libros, se escriben en las personas”, señalaba una de las voces del documental, una frase que sintetizaba el sentimiento general de la jornada.
El relato recordó el origen del colegio, impulsado por Josefa Sobrido Romero con el deseo de ofrecer una educación cristiana y gratuita a los niños y niñas de la localidad. Su proyecto fue confiado a las Hijas de la Caridad, que llegaron a Oleiros en 1919 siguiendo el carisma de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.
Desde entonces, el centro educativo se convirtió en mucho más que un lugar de enseñanza. Fue un espacio de encuentro, acompañamiento y apoyo para numerosas familias. Los testimonios recogidos en el vídeo mostraron cómo las religiosas estuvieron presentes no solo en las aulas, sino también en la vida cotidiana de la comunidad.
Antiguos alumnos recordaron a las hermanas que marcaron su infancia, vecinos evocaron momentos compartidos en el colegio y en la parroquia, y otros participantes destacaron la cercanía con la que las religiosas acompañaron situaciones difíciles.
El mensaje común fue que la verdadera herencia de las Hijas de la Caridad no se limitó a los conocimientos transmitidos, sino a una manera de entender la educación basada en la ayuda, la solidaridad, el respeto y la atención al prójimo.
Vecinos, instituciones y antiguos alumnos destacan el legado humano y educativo de las religiosas.
La emoción aumentó con la intervención de vecinos y antiguos alumnos que compartieron recuerdos personales convertidos en memoria colectiva. Las palabras más repetidas durante el homenaje fueron “gracias”, como expresión de reconocimiento hacia unas religiosas que acompañaron la vida de varias generaciones.
Algunos participantes recordaron el cariño recibido durante su infancia; otros destacaron la formación humana y cristiana que les acompañó durante toda su vida. “Gracias por cuidar tanto de mí cuando era pequeño”, expresaba uno de los mensajes grabados.
También se recordó la presencia constante de las religiosas en celebraciones, actividades solidarias, visitas a enfermos, momentos familiares y en todas aquellas situaciones en las que alguien necesitaba apoyo.
En representación del Ayuntamiento de Ribeira intervino la concejala Herminia Pouso, quien trasladó el agradecimiento institucional y destacó que las Hijas de la Caridad forman parte inseparable de la historia de Oleiros.
Pouso subrayó que el prestigio del colegio no se explica únicamente por su enseñanza, sino por el modelo educativo y humano impulsado desde sus inicios. Asimismo, expresó su deseo de que la Fundación Educativa Ultreia preserve esa identidad y continúe proyectando hacia el futuro el espíritu que las religiosas dejaron en la comunidad.
Desde la parroquia también se puso en valor la entrega de las Hijas de la Caridad, recordando que dejaron atrás sus hogares para dedicar su vida al servicio de Oleiros. Su labor, señalaron los representantes parroquiales, fue fundamental para fortalecer la catequesis, la vida comunitaria y la devoción a la Virgen Milagrosa.
El profesorado del centro asumió igualmente el compromiso de custodiar el legado recibido. En nombre del claustro, María destacó que las religiosas son un referente permanente por su cercanía, su dedicación y su forma de comprender la educación como servicio.
Uno de los discursos más aplaudidos fue el de Carmen Aliseda, antigua alumna, quien habló en nombre de las miles de personas que pasaron por el colegio. Recordó que las grandes enseñanzas recibidas no siempre estaban en los libros, sino en los pequeños gestos cotidianos.
El alumnado actual también quiso participar en el homenaje a través de Mara, estudiante del centro, quien destacó la paciencia y dedicación de las religiosas: “Nos habéis enseñado mucho más que conocimientos; nos habéis enseñado a respetar, ayudar, acompañar y agradecer”, afirmó.
El arzobispo de Santiago destaca que la labor de las Hijas de la Caridad permanece viva en la comunidad educativa.
La jornada continuó con una Eucaristía presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, y concelebrada por el párroco de Ribeira, Alfonso Mera, junto a otros sacerdotes de la comarca.
La celebración estuvo marcada por la acción de gracias y por la mirada esperanzada hacia el futuro. En su homilía, el prelado recordó que las Hijas de la Caridad llegaron a Oleiros inspiradas por el ejemplo de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, y destacó que durante décadas hicieron mucho más que impartir clases: “Acompañasteis vidas, despertasteis vocaciones, enseñasteis a rezar y transmitisteis una forma de mirar a cada niño como un hijo amado de Dios”.
El arzobispo invitó a afrontar el futuro sin miedo ante los cambios sociales, demográficos y vocacionales que afectan a la vida religiosa y educativa. Según explicó, la continuidad del proyecto no depende únicamente de las personas, sino del espíritu que lo sostiene.
El arzobispo pidió al profesorado mantener viva la herencia recibida, animó a las familias a seguir confiando en el colegio y recordó al alumnado que la educación debe ayudar a descubrir la propia vocación y la capacidad de servir a los demás.
La Virgen Milagrosa y un monolito mantienen viva la memoria de la congregación
Uno de los momentos más emotivos llegó con la intervención de la visitadora de la Provincia España Norte de las Hijas de la Caridad, Sor Visitación García, quien agradeció el cariño recibido por parte de toda la comunidad: “Oleiros nos ha dado tanto o más de lo que nosotras hemos podido sembrar”. Destacó en que la obra permanece viva a través de los valores transmitidos y mostró su confianza en la Fundación Educativa Ultreia.
La jornada finalizó con una procesión con la Virgen Milagrosa, cuya imagen fue donada por las Hijas de la Caridad a la parroquia. La figura, que durante años presidió el oratorio de la comunidad religiosa, permanecerá ahora en Oleiros como símbolo de continuidad y recuerdo.
Durante el acto se realizó también una ofrenda floral en memoria de las religiosas fallecidas que dedicaron su vida al servicio de la comunidad.
La comunidad entregó a las Hijas de la Caridad tres obsequios como muestra de agradecimiento: una placa conmemorativa, una medalla de la Virgen Milagrosa y un pañuelo como símbolo del camino compartido durante 107 años.
En nombre de la comunidad religiosa, sor Agustina, superiora del colegio, agradeció emocionada todas las muestras de cariño recibidas y recordó el esfuerzo realizado por tantas hermanas a lo largo de la historia del centro: “Las pequeñas semillas sembradas durante tantos años han caído en tierra buena”.
Como último gesto, las Hijas de la Caridad entregaron a la parroquia la imagen de la Virgen Milagrosa, considerada uno de sus mayores símbolos espirituales.
El homenaje concluyó con el descubrimiento de un monolito de piedra donado por el Concello de Ribeira y realizado por el escultor Juan Francisco. Durante este último acto tomó la palabra la alcaldesa de Ribeira, quien destacó el valor simbólico de la pieza como reconocimiento a la trayectoria de las Hijas de la Caridad y a la huella dejada en la comunidad de Oleiros. El monolito quedó instalado en el atrio de la iglesia como recuerdo permanente del paso de la congregación por la localidad.

Con ese gesto final concluyó una jornada que se convirtió en una auténtica celebración de la memoria colectiva de un pueblo que durante más de un siglo compartió camino con las Hijas de la Caridad. El broche final llegó con una cena compartida en la finca del colegio, que reunió a más de 200 personas.
El mensaje repetido durante toda la jornada permanece: la misión continúa viva en el colegio, en la parroquia y, sobre todo, en las personas que aprendieron junto a ellas que educar es también una forma de servir y acompañar.











