El arzobispo de Santiago anima a compartir el don de la fe «con humildad y alegría» en la Vigilia Diocesana por las Misiones

  • Codeso reunió a la diócesis en una vigilia para rezar por quienes llevan el Evangelio al mundo.

La parroquia de Santa Eulalia de Codeso, en Boqueixón, celebró el sábado 3 de octubre la Vigilia Diocesana por las Misiones, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández. El encuentro, organizado por el equipo de la Delegación Episcopal para las Misiones, cuya delegada es Fátima Noya Varela, junto con la comunidad parroquial, se enmarcó en el centenario del DOMUND, que se celebrará el próximo 18 de octubre.

Bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión», la jornada acercó a niños, jóvenes y adultos la vida de los misioneros a través de sus testimonios y de la oración. Antes de la vigilia, que comenzó a las 19.00 horas, los más pequeños participaron en un encuentro de convivencia y animación misionera.

Esther y María acercaron a los jóvenes la vida de las misiones en Etiopía.

Las misioneras Esther, natural de Kenia, y María, nacida en Madrid, compartieron con los jóvenes su experiencia en Etiopía. Hablaron de las necesidades de las comunidades a las que acompañaban, de las dificultades de su trabajo y de la alegría que encontraban al dedicar su vida a los demás.

El acceso al agua potable, la atención a bebés con desnutrición y el acompañamiento de niños en situación de calle fueron algunas de las realidades que explicaron. Sus relatos mostraron cómo el anuncio del Evangelio iba unido al cuidado de las personas: procurar alimento, facilitar la escolarización, escuchar y ofrecer un lugar donde sentirse queridos.

Ester recordó que su vocación había comenzado al conocer una realidad muy distinta de la de su entorno, durante una visita al norte de Kenia. Aquella experiencia cambió su manera de mirar el sufrimiento ajeno. Ante los jóvenes, destacó el valor de compartir el tiempo y de acompañar a quienes necesitaban ayuda, también en la propia familia y entre los amigos.

María relató un camino marcado por la enfermedad de un ser querido. Tras estudiar Empresariales, crear una empresa y trabajar en una consultoría, dejó este último empleo para cuidarla. En aquellos meses descubrió el sentido de estar al lado de otra persona, incluso cuando no era posible aliviar su enfermedad. Después de su fallecimiento, una experiencia misionera la llevó a reconocer en esa entrega su vocación.

Especialmente emotivo fue su testimonio sobre los niños en situación de calle que acudían a la misión para comer, estudiar y jugar. Explicó el dolor de verlos marchar al anochecer sin poder ofrecerles todavía un hogar, pero también la esperanza que despertaban los cambios que observaba en ellos al recibir cuidados y cariño.

El arzobispo recordó que todos estaban llamados a participar en la misión.

Durante la vigilia, ante el Santísimo, monseñor Prieto partió de la oración de Jesús por la unidad de sus discípulos para recordar que la fe había llegado a cada persona a través de otras vidas. Invitó a agradecer el testimonio de padres, abuelos, catequistas y sacerdotes, y a preguntarse a quién podían acercar ahora el amor de Cristo.

El arzobispo situó el comienzo de la misión en la propia conversión. Animó a revisar la costumbre de juzgar antes de escuchar, la indiferencia y las actitudes que podían alejar a los demás. También llamó a prestar más atención a las personas cercanas y a no permitir que las pantallas ocuparan el lugar del encuentro.

En relación con el lema de la jornada, explicó que la unidad cristiana se construye acogiendo las diferencias y reconociendo la riqueza que cada persona aporta a la comunidad. Defendió una vida parroquial en la que prime la escucha, perdón y ayuda mutua, de modo que quienes llegaran heridos encontraran acogida. Advirtió, asimismo, de que las divisiones y los enfrentamientos debilitaban la credibilidad del testimonio cristiano.

Su reflexión tuvo presentes a las víctimas de la violencia, las familias obligadas a abandonar su tierra, quienes carecían de una vivienda digna, los niños desprotegidos y las personas que vivían en soledad.

También invitó a sostener a los misioneros con oración, solidaridad y generosidad, y a abrirse a una posible llamada personal: «¿Qué quieres de mí? ¿A dónde me llamas o me envías?». Recordó que la ayuda concreta y el interés por acompañar a una comunidad misionera permitían compartir su tarea desde cualquier lugar.

Manolo Carreira compartió lo aprendido en 34 años de misión en Guinea Ecuatorial.

La vigilia contó también con el testimonio del hermano de La Salle Manolo Carreira, natural de Santiago, que dedicó 34 años a la misión en Guinea Ecuatorial. Su intervención recorrió una experiencia en la que la educación, la formación cristiana y la atención a las necesidades básicas estuvieron estrechamente unidas.

Carreira recordó su trabajo como profesor y las visitas a los poblados para acompañar a catequistas y animadores de comunidades cristianas. Destacó la entrega de quienes habían mantenido viva la fe durante años de persecución, pese a disponer de escasos medios y formación.

Esa realidad lo llevó a impulsar, junto con una hermana agustina, una escuela de catequistas. Su puesta en marcha exigió buscar profesorado, preparar materiales y resolver necesidades tan elementales como el abastecimiento de agua y la alimentación. En ese esfuerzo, agradeció el apoyo de personas y entidades que hicieron posible sostener el proyecto.

El religioso habló también de la atención sanitaria, la protección de manantiales y las dificultades para enseñar a alumnos que recorrían largas distancias sin haber desayunado. Al hacer balance, subrayó cuánto había recibido de las personas con las que compartió aquellos años: «Yo fui evangelizado y a mí me dieron mucho».

La celebración incluyó peticiones por los misioneros, las Iglesias de los cinco continentes, los cristianos perseguidos, las vocaciones y la unidad de las comunidades. Al finalizar, se repartió la oración del DOMUND, prolongando la invitación a rezar por quienes anunciaban el Evangelio en todo el mundo.

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