


Foto: Marcos Nogales
Era un grupo de monxas, nun babel de cores, o que inauguraba a xornada, case de madrugada, rezando o Rosario nunha parada de autobús. Madrid contén o seu alento desde primeira hora, pero con esa contención multitudinaria: o bulicio da capital peonalizouse e os nenos corrían pola Castellana, mentres outros ondeaban as súas bandeiras desde os balcóns. España vestiuse de gala para a ocasión. E de fondo, nas rúas contiguas á Praza de Lima, soaban cánticos. Un destes coros improvisados, con cantoras de avanzada idade, entoaba alegremente aquilo de «Xuntos como irmáns, membros dunha Igrexa».
E aínda que a partir das 16:00hs da tarde abríanse as portas para acceder á multitudinaria Vixilia do Santo Padre cos mozos, non foi ata as 18:30hs, cunha puntualidade inusual, que empezou o festival musical co que España quentaba os motores para recibir a #León XIV. Nas grandes pantallas distribuídas un vídeo invitaba os centos de miles de peregrinos a alzar a mirada. Soou o himno oficial unha e outra vez, ao ritmo que os bispos e demais autoridades ían ocupando as cadeiras, e os últimos peregrinos avanzaban polos corredores. A asistencia superou todas as expectativas.

Foto: Marcos Nogales
Así comezou a pasar polo escenario un ramallete de artistas. Se as primeiras cancións en soar abrían o festival con letras como «Como o Pai me amou, eu ameivos» ou «Ninguén te ama como eu», ao pouco tempo soaron a todo volume temas máis actuais. Antonio José, Lola Tuduri, Inazio ou Mälmo sobre a inmensa tarima instalada fronte ao estadio Bernabéu. Miles de persoas cantaban «Un venres de xaneiro» ou «Matar a pena». Cada un no seu sitio, pero todos cantando riseiros agardando a chegada do Santo Padre.

Foto: Marcos Nogales
Pasadas as 19:30hs comezaba o rezo do Santo Rosario tras entoar un himno á Virxe da Almudena. A celebración deixou espazo á oración. Alternando cada misterio –os Luminosos– con testemuños variados, o rezo creou entre a multitude un espírito de recollemento, á vez que estivo guiado por un desacostumbrado fío artístico: nas pantallas, cinco obras do Museo del Prado ilustraban o rezo mariano: do «Bautismo de Cristo», do Greco, a «A Última Cea», de Juan de Juanes, pasando pola pintura flamenca de Willem Van Herp. E terminado o Rosario, foi a música de Teu a que volveu a sintonizar á multitude co ambiente festivo. Unha certeza percorría entón a capital: o Papa estaba cerca.Cos nervios a flor de pel, ás 20.35, ao comezar os compases do himno da Visita –«Alzo a mirada»–, os centos de miles de peregrinos congregados estalaron nun estrondo de alegría: #León XIV aparecía nas pantallas iniciando o seu camiño ata o escenario central no Papamóvil. Riseiro e próximo, afable e xeneroso. E en primeira fila, diante da ministra Ana Redondo, diante do alcalde José Luis Martínez Almeida, diante do presidente da Conferencia Episcopal Española, don Luis Argüello, e ata diante do Secretario de Estado vaticano monseñor Pietro Parolin, formouse unha fila de nenos que abarrotaron o valo. Tras unha carreira imposible, eran eles os protagonistas do primeiro encontro con #León XIV.
Foto: Marcos Nogueiras Pero a súa chegada fíxose de rogar. O percorrido co Papamóvil alongouse durante máis de dez minutos, precisamente con paradas intencionais do Santo Padre para bendicir aos máis pequenos. Era doado velo nunha desas pantallas cun bebé en brazos, seica apertando a man dunha nena. Ás 20:46hs baixouse, á dereita do escenario para saudar precisamente a fieis, familias e, de novo, nenos. Deixade que os nenos se acheguen a el, en fin. O fío musical, obra dunha xigante orquestra, resoou nas rúas de Madrid durante case vinte minutos ininterrompidos, ata que ás 20:48hs #León XIV subiu ao escenario. «De Madrid ao ceo»
Pero su llegada se ha hecho de rogar. El recorrido con el Papamóvil se ha alargado durante más de diez minutos, precisamente con paradas intencionales del Santo Padre para bendecir a los más pequeños. Era fácil verlo en una de esas pantallas con un bebé en brazos, acaso apretando la mano de una niña. A las 20:46hs se ha bajado, a la derecha del escenario para saludar precisamente a fieles, familias y, de nuevo, niños. Dejad que los niños se acerquen a él, en fin. El hilo musical, obra de una gigante orquesta, ha resonado en las calles de Madrid durante casi veinte minutos ininterrumpidos, hasta que a las 20:48hs León XIV ha subido al escenario.
«De Madrid al cielo»
El cardenal de la capital, José Cobo, ha hecho gala de un punto de madrileñismo: «De Madrid al cielo» ha sido la bienvenida al Papa. La emoción estaba servida, y don José ha logrado dar en la tecla: «Mirar al cielo, mirar alto, y alzar la mirada. Para reconocer lo que el Espíritu sigue haciendo en su Iglesia. Para escuchar la voz del Señor». Y con una voz algo quebrada por la emoción, ha querido trasladar a León XIV lo que a cualquiera de nosotros nos hubiese gustado decirle: «Santo Padre, gracias por venir a ayudarnos a levantar la mirada. Gracias por confirmarnos en la fe. Esta es su casa». Madrid, España entera y nuestro corazón. El Papa ha sabido hacerse un hueco.
Tras una actuación del musical «Godspell», el silencio ha inundado Madrid, porque León estaba a punto de rugir. En ese rugido manso suyo, el pontífice ha querido improvisar un saludo: «En primer lugar, un saludo a todos vosotros. Gracias por estar aquí, y gracias por compartir la fe con todo Madrid y con todo España». Los aplausos se han hecho aún mayores cuando, en sus primeras palabras, ha tenido un arrebato de pastor, feliz de ver a sus ovejas entusiasmada: «No tengáis miedo, jamás, a una vocación a la vida sacerdotal o a la vida religiosa».

Foto: Marcos Nogales
León XIV, en las preguntas planteadas por los jóvenes madrileños, ha propuesto tres modelos de santidad: San Juan Crisóstomo, Santo Tomás de Villanueva y Santo Toribio de Mogroviejo. «Escoged modelos de vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás». Vivir una vida contagiosa, imitar los modelos valiosos, comprometerse con los grandes ideales. Son las tareas de una generación. Y si monseñor Cobo ha acogido como todos quisiéramos hacerlo, Miriam, joven de la parroquia Santa Teresa de Jesús, de Tres Cantos, ha objetado lo que todos queríamos objetar: «Santo Padre, las dudas y el miedo nos impiden preguntarnos qué quiere Dios de nosotros. ¿Qué considera que nos ayudaría a reconocer la voz de Dios entre otras muchas voces?».
León XIV ha propuesto un tríptico de vida cristiana, todo un programa de vida para los jóvenes. Primero, el Santo Padre ha pedido a todos los jóvenes escuchar a Dios a través del silencio: «En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece». Y aunque «algunas voces engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, y otras hablan por interés», todos los fieles cristianos tenemos una tarea, que el Papa ha proclamado con fuerza: «¡Buscar siempre la verdad!». En segundo lugar, el Papa ha recordado que Dios nos escucha a través de nuestra oración: «Nuestro discurso interior se convierte en oración, alabanza y súplica. No tengáis miedo de expresar lo que sentís en el corazón». Y, por último, la misión de seguir a Cristo vivo a través de la Adoración Eucarística: «La Adoración Eucarística es precisamente el lugar adecuado para liberar el corazón».
Entremezclado con los aplausos y la euforia de la Plaza de Lima, el Santo Padre ha querido dar un último consejo: «Nadie está sólo creyendo en Jesús. Mirad cuántos estáis aquí. En comunidad, en los grupos de jóvenes, en la familia, podemos todos aprender lo que es la belleza de nuestra fe. ¡Compartid vuestro camino espiritual!». Un anhelo que es una certeza: «Si ardeis en la fe, transmitireis su fuego vivo. Buscad todos en vuestros corazones este amor de Dios».
Con la potencia de su convicción, León XIV ha recordado: «No tengáis miedo del matrimonio, no tengáis miedo de formar una familia». Y sobre el mismo escenario en el que se ha representado una escena del musical de Antonio Banderas, el Santo Padre ha citado la Carta a Diogneto. En nuestra cabeza ese pensamiento agustiniano: siempre antiguo y siempre nuevo. Una dualidad fecunda que de la que ha querido aclarar: «Los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo!».
Antes de dar paso al momento final, de Adoración al Santísimo, el Papa ha lanzado su petición a los peregrinos españoles: «Que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos! Hombres y mujeres de carne y hueso». En la era de la inteligencia artificial –no en vano apenas han pasado unos días desde la publicación de su Encíclica «Magnifica Humanitas»–, León XIV ha invitado a echar la mirada hacia atrás: «Mirad a los primeros cristianos» para «responder a las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo». Y un último aliento: «Vosotros podéis cambiar la historia. Hacedlo con el amor».
Tras firmar la cruz que acompañará a la juventud española, a las 21:44hs el Santo Padre ha entrado de nuevo al escenario revestido, con la mitra y el báculo. Sonaba con toda la potencia de la orquesta el himno «Ubi caritas». Los obispos españoles, que han acompañado masivamente a León XIV en su primer acto multitudinario, marcaban la entrada del Santísimo al quitarse su solideo. Entonces los peregrinos se arrodillaron delante del Santísimo. Los acordes de «Majestad, adoro a su Majestad» han inundado Madrid. Y tras la música, silencio. Un silencio sepulcral.

Foto: J.J. Guillén (EFE)
En ese ambiente de recogimiento, ha resonado con fuerza el Evangelio de Juan: en medio de la multitud madrileña, acaso tan parecida a la multitud de Tiberíades, y en medio de tanta riqueza, acaso tan similar a aquellos cinco panes y dos peces. Nosotros, con el Papa, no hemos podido contener la emoción al escuchar «Tarde te amé», una de las composiciones más célebres de San Agustín. Pero las lágrimas han llegado con «Tú, el único rey». A las 22:10hs de la noche, bajo el cielo estrellado de Madrid, el silencio se hacía una sola voz.
La Vigilia, marcada ya en el calendario de las celebraciones pontificias en España, ha rematado con dos canciones más, que han hilvanado las voces de todos los presentes. El «Tantum ergo» anunciaba, tras un rato de silencio, que venía la bendición con el Santísimo. Y al tiempo que León XIV elevaba la custodia, dorada por el brillo de miles de ilusiones, el sacerdote y cantante Luispo ha cantado el himno eucarístico «Tuyas son». Nuestras eran, desde luego, la emoción pura, una comunión naturalísima y una esperanza irremediable. Los fuegos artificiales, sorprendentes, iban sobre todo por dentro. Porque León XIV ya está en Madrid, y su amor de pastor ha llegado para quedarse.
Fuente: Texto: Pablo Mariñoso de Juana











