Una estrella para nuestro tiempo: el arzobispo sitúa la alegría de caminar con esperanza en el centro del Año Santo Compostelano 2027 bajo el lema “Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría”  (Mt 2,10)

  • El arzobispo presentó el lema “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría” e invitó a vivir el Año Santo como un tiempo de encuentro con Cristo, perdón y acogida a los peregrinos.
  • La Archidiócesis dio a conocer en San Martín Pinario el Himno oficial del Año Santo Compostelano y la nueva identidad visual del jubileo, inspirada en la estrella del Botafumeiro y las marcas de los canteros de la Catedral.
  • Prieto pidió comunidades abiertas a escuchar y acompañar a quienes recorren el Camino, y llamó a preservar su identidad cristiana desde una hospitalidad que reciba a todos.

La Archidiócesis de Santiago presentó, este jueves 24 de septiembre, el Año Santo Compostelano 2027 en un acto celebrado en el monasterio de San Martín Pinario y presidido por el arzobispo, monseñor Francisco José Prieto Fernández. “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2,10), el lema del jubileo, centró una velada que reunió a representantes de la Iglesia, las instituciones y distintos ámbitos de la sociedad.

La presentación permitió conocer el Himno y la nueva identidad visual del Año Santo. La estrella del mecanismo del Botafumeiro, las marcas de los canteros de la Catedral y la figura del apóstol Santiago como guía hacia Cristo sirvieron de referencia para expresar el sentido del jubileo a través de la música, el diseño y las propuestas audiovisuales.

Los periodistas Paula Pájaro y Alejandro Carballeira condujeron el acto, que comenzó a las 21.00 horas, tras la recepción de los invitados.

Por parte de la Archidiócesis, asistieron canónigos del Cabildo Catedralicio, vicarios,  arciprestes, párrocos y miembros del Consejo Diocesano de Pastoral, junto con religiosos, religiosas y laicos. También asistió monseñor Mikel Garciandía, obispo de Palencia y presidente de la Subcomisión de Piedad Popular (Hermandades, Cofradías, Santuarios y Peregrinaciones).

Entre los representantes institucionales estuvieron el delegado del Gobierno en Galicia; el conselleiro de Cultura; la alcaldesa de Santiago; miembros de la Mesa del Parlamento de Galicia y diputados autonómicos; representantes de las diputaciones provinciales; el general jefe de la MAM; el director de Turismo de la Xunta de Galicia; el comisario del Xacobeo 2027; la comisaria de Policía, y portavoces de los grupos municipales y concejales del Ayuntamiento de Santiago. También acudieron otras autoridades políticas, militares y policiales, junto con representantes de asociaciones, empresas, la universidad, la cultura, el patrimonio y entidades sociales.

Tras la bienvenida, la primera propuesta que se dio a conocer fue el videoclip del Himno. Los asistentes escucharon Un campo cheo de estrellas, composición del músico gallego Carlos Martínez Movilla, presentada en una producción audiovisual de Hugh McGinley.

A continuación, se proyectó el vídeo de la identidad del Año Santo Compostelano. Ambas piezas dieron paso a una mesa redonda en la que participaron Óscar Valado, director del Departamento de Música de la diócesis y coordinador de los trabajos musicales del jubileo; Fernando de Castro, diseñador de la marca, y Daniel Lorenzo, director de la Fundación Catedral, que intervino en representación del Arzobispado.

La banda sonora del Año Santo Compostelano 2027.

Durante la conversación, Óscar Valado explicó que el Año Santo Compostelano contará con dos himnos: uno de claro uso litúrgico, compuesto para coro y órgano y otro concebido para la difusión del Año Santo en otros espacios, ya sea en el entorno digital o encuentros de tipo pastoral.

Aunque el himno destinado a las celebraciones litúrgicas, tiene previsto su estreno en diciembre, posiblemente durante la apertura de la Puerta Santa. Según Valado, “el título evoca el lema del Año Santo y sorprende su calidad musical y letra cuidada. Tiene un aire fresco con un estilo pop-folk que invita a cantar el estribillo al escucharlo una sola vez”.

Este himno está disponible en gallego y en castellano en la web diocesana y en todas las plataformas digitales, y el videoclip se ofrecerá con y sin subtítulos para llegar a un público más amplio y facilitar su accesibilidad.

La letra y el videoclip destacan el papel del apóstol Santiago como guía e intercesor para llegar a Cristo. Según explicó Valado, “este vínculo constituye uno de los mensajes centrales del himno”.

Las imágenes acompañan el contenido de la canción y ayudan a expresar el sentido cristiano de la peregrinación a Santiago. De esta forma, música y vídeo se complementan para acercar el mensaje del jubileo a quienes escuchen y compartan el himno.

Una imagen nacida de la Catedral y de la memoria del Camino.

En la misma mesa redonda, Fernando de Castro explicó las referencias que dieron forma a la nueva identidad visual. Su símbolo principal fue la estrella de ocho puntas presente en el mecanismo del Botafumeiro, vinculada con la tradición de la estrella que señaló Compostela y al apóstol Santiago como destino.

El número 27 surgió de una reinterpretación de las marcas de los canteros que todavía se conservaban en las piedras de la Catedral. Estrella, movimiento y piedra articularon los tres conceptos de la marca: la guía, la peregrinación y la memoria de la construcción del templo.

El proyecto incorporó además una tipografía propia, denominada Santa Compostela. Su diseño tomó como referencia la escritura de los manuscritos catedralicios, las formas geométricas de las marcas grabadas por los canteros y los trazos del hierro forjado. Estos elementos dieron lugar a un alfabeto pensado para extender la identidad a las distintas piezas de comunicación del Año Santo.

La estrella también protagonizó el audiovisual que se había proyectado antes de la mesa redonda. En la pieza, una larga capa roja recorrió el interior de la Catedral y dejó una estela que dibujó un camino. La secuencia estableció un paralelismo entre la estrella que guio a los Reyes Magos hacia Belén y la que orientaba a los peregrinos hacia Compostela.

El lema “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría” acompañó la propuesta y vinculó la imagen con la experiencia de la peregrinación y la alegría de la llegada. También se incorporó al cartel, en el que tres parejas de manos construyeron simbólicamente la Catedral. El gesto recordó a quienes levantaron el templo piedra a piedra, mientras las marcas de los canteros reforzaron la relación entre la nueva imagen y la historia del edificio.

Una hospitalidad que se expresa en una acogida abierta a todos.

Por su parte, Daniel Lorenzo situó la hospitalidad entre las prioridades de la preparación del Año Santo Compostelano 2027. Destacó el trabajo realizado durante los últimos años para que el Centro Internacional de Acogida al Peregrino ofreciera una atención cómoda, en tiempos razonables y en las lenguas propias de quienes llegaban a Santiago, con la participación de personas de distintas nacionalidades que compartían su cultura.

Lorenzo explicó que la acogida cristiana debía ir más allá de la prestación de un servicio turístico o de una relación comercial. La vinculó con la figura de Cristo y con la capacidad de reconocer y recibir al otro. Para expresar esa idea, recurrió a dos gestos cotidianos: el abrazo y la sonrisa, un lenguaje universal que cualquier persona podía comprender sin necesidad de traducción.

También señaló la importancia de ayudar a quienes llegaban a Santiago a valorar la ciudad, a sus habitantes y la acogida que recibían. En ese sentido, recordó los esfuerzos de la Catedral para ofrecer un espacio acogedor, en el que la paz pudiera sentirse de manera palpable, especialmente durante las celebraciones.

El presidente de la Fundación subrayó que la invitación del Año Santo se dirige a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Incluye tanto a quienes profesan una fe explícita como a quienes no la tenían o todavía no se planteaban preguntas sobre ella.

Relacionó esa apertura con el lema “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría” y con la experiencia de los Magos, que llegaron desde fuera de la tradición del pueblo de Israel y encontraron al Mesías. Su condición de buscadores le permitió explicar el jubileo como una oportunidad para hacerse preguntas, emprender una búsqueda y descubrir la fe.

Finalmente, Lorenzo afirmó que la tarea de la Iglesia consiste en señalar y dar testimonio de la luz que orientaba ese camino. Presentó el Año Santo como un tiempo de gracia, perdón y misericordia, llamado a favorecer una humanidad reconciliada y renovada. Un contenido que, según explicó, no podía reducirse a una campaña publicitaria, porque su sentido más profundo estaba en el anuncio y el testimonio.

Concluida la mesa redonda, la música en directo tomó el relevo. Mercedes Hernández y Fernando Reyes, de Resonet, interpretaron Dum Pater Familias, La Grande Chanson des Pèlerins y Dos estrellas le siguen. Después de la actuación se proyectó el vídeo corporativo del Año Santo Compostelano, antes de la intervención del arzobispo que cerró el acto.

El arzobispo llama a vivir un jubileo de alegría, acogida y esperanza.

Mons. Francisco José Prieto Fernández situó el lema del Año Santo en el centro de su intervención, en la que expuso las principales convicciones de su carta pastoral. A partir del relato de los Magos, explicó que la estrella no había eliminado las dificultades del viaje, pero les había permitido reconocer que su búsqueda tenía sentido y que avanzaban hacia una meta.

Trasladó esa imagen al presente, marcado por grandes posibilidades científicas y tecnológicas, pero también por la soledad, la fragilidad de los vínculos, la polarización y la incertidumbre. Destacó que una comunicación más rápida no siempre se traducía en una mayor unión entre las personas y que seguían abiertas las preguntas sobre el sentido de la vida.

Ante esa realidad, presentó el Año Santo como un acontecimiento de gracia y perdón y una invitación a levantar la mirada para descubrir de nuevo la estrella que conduce a Cristo.

La primera de las convicciones que desarrolló fue la condición peregrina del ser humano. Describió la vida como una búsqueda en la que cada persona debía aprender a elegir lo esencial, aceptar sus límites y dejarse ayudar. El Camino de Santiago hacía visible esa experiencia a través del silencio, el encuentro y los gestos cotidianos de ayuda.

Recordó que los peregrinos partían con motivaciones diferentes. Algunos caminaban desde una fe explícita; otros buscaban serenidad, reconciliación o un nuevo comienzo. Junto con el equipaje llevaban heridas, pérdidas, preguntas y decisiones pendientes. El Camino podía ofrecerles tiempo y espacio para escuchar esas inquietudes y abrirse al encuentro con Cristo.

La segunda convicción estuvo directamente vinculada al lema jubilar: en el Camino podía renacer la alegría. El arzobispo explicó que la alegría cristiana nacía de saberse amado, perdonado y acompañado por Dios. Podía convivir con las lágrimas y las dificultades, ayudar a reconstruir vínculos y devolver el deseo de vivir y servir.

La tercera llamada estuvo dirigida a la Iglesia: aprovechar el Año Santo como una gran oportunidad evangelizadora. Mons. Prieto señaló que su fecundidad no dependería principalmente del número de actos organizados, sino de la capacidad de las comunidades para mostrar el rostro de Cristo y hacer visible el Evangelio. Pidió una Iglesia cercana, dispuesta a escuchar sin juzgar precipitadamente, acoger las preguntas y acompañar a cada persona respetando su ritmo.

Esa cercanía podía expresarse en una conversación sin prisas, un templo abierto al silencio, una celebración litúrgica cuidada, un sacerdote disponible para la reconciliación o un voluntario que prestara ayuda con discreción. Parroquias, albergues y comunidades estaban llamados a ofrecer una acogida en la que el peregrino pudiera reconocer la proximidad de Dios.

La hospitalidad ocupó un lugar destacado en su intervención. Mons. Prieto recordó que la tradición jacobea había unido la atención material y espiritual a quienes recorrían el Camino. Acoger significaba hacer sitio al otro, escucharlo y reconocer su dignidad.

Llamó también a preservar el origen cristiano, el horizonte espiritual y la meta apostólica de la peregrinación, ante el riesgo de reducirla a un producto turístico o a una sucesión de experiencias. Precisó que cuidar esa identidad era compatible con recibir a todos, fueran cuales fueran sus motivaciones: a quienes tenían una fe firme, a quienes dudaban y a quienes llegaban cansados o buscaban un nuevo comienzo.

El arzobispo situó en el encuentro con Cristo el sentido de los gestos propios del jubileo. La llegada a la Catedral, el abrazo al Apóstol, la oración ante su sepulcro y el paso por la Puerta Santa expresaban un itinerario de conversión, reconciliación y apertura a Dios. La meta podía convertirse así en el comienzo de una vida renovada.

Mons. Prieto concluyó con una invitación a volver a mirar la estrella y a ponerse personalmente en camino. Preparar el Año Santo suponía recuperar el silencio, aprender a escuchar, abrir las comunidades y hacer de la acogida una forma concreta de evangelización. Vinculó así el lema de 2027 con la experiencia que deseaba para cuantos llegaran a Compostela: encontrar motivos para la esperanza y la alegría de saberse acompañados por Cristo.

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