“Amar es escuchar, amar es comprender”: el mensaje del arzobispo a los jóvenes de Life Teen en Santiago

Santiago se convirtió este sábado, 24 de octubre, en punto de encuentro para unos 500 jóvenes de parroquias de Galicia y de otros lugares de España. El encuentro XLT de Life Teen, promovido por la Delegación de Pastoral Juvenil, que dirige Javier García, reunió a adolescentes en una jornada de convivencia, testimonios y oración.

La jornada tuvo dos escenarios: la parroquia de San Fernando, donde se desarrollaron las actividades de la tarde, y la iglesia de San Agustín, que acogió por la noche la adoración al Santísimo presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández.

Una comunidad en la que compartir la fe

El encuentro estaba dirigido a adolescentes desde primero de ESO hasta segundo de bachillerato, acompañados por sus grupos parroquiales. Los juegos, los testimonios y los momentos de conversación en pequeños grupos ofrecieron un espacio para conocerse, compartir experiencias y poner en común sus inquietudes.

Esa dimensión comunitaria forma parte de la propuesta de Life Teen, un método de pastoral juvenil que ayuda a las parroquias a acompañar a los adolescentes mediante catequesis dinámicas. Su objetivo es que conozcan a Jesús y encuentren en su comunidad parroquial un lugar donde crecer en la fe, con el apoyo de otros jóvenes y de sus catequistas.

La convivencia de la tarde dio paso al recogimiento en San Agustín. Ante el Santísimo, el arzobispo comenzó con una oración en la que presentó la vida de los participantes, sus cansancios y su deseo de seguir caminando. Pidió transformar las manos que se cierran y enfrentan en manos capaces de abrazar, y que la oración tuviese continuidad fuera del templo: «Que la vida llegue hasta aquí y que la vida salga de aquí renovada».

«Amar es escuchar, amar es comprender»

La meditación partió del pasaje del Evangelio de Mateo en el que Jesús responde a la pregunta por el mandamiento principal: amar a Dios y al prójimo. Antes de buscar una respuesta, Mons. Prieto propuso a los jóvenes hacer silencio interior y reconocerse amados por Cristo.

El arzobispo explicó que ese amor no depende de los méritos ni se agota ante las fragilidades de cada persona. Lo relacionó con la imagen del padre de la parábola, que permanece a la espera de sus hijos y sale a su encuentro para abrazarlos. Acoger ese amor, señaló, lleva también a revisar las condiciones y los límites que cada uno pone al querer a los demás.

La reflexión descendió entonces a los gestos concretos. Perdonar, acercarse, cuidar o visitar son formas de vivir lo que se celebra en la Eucaristía. «Amar es escuchar, amar es comprender», expresó Prieto, que vinculó la adoración con la atención al hermano.

En ese contexto, planteó una pregunta a los asistentes: «¿Cómo llegar a la meta si nos empeñamos en recorrer el camino solos y cada uno por su cuenta?». La fe compartida durante la jornada encontraba así una tarea para después del encuentro: acompañar también el camino cotidiano de los demás.

Mirar a la persona más allá de las apariencias

La manera de mirar ocupó otro lugar destacado en la meditación. El arzobispo animó a superar los juicios que se quedan en la superficie y a reconocer lo que cada persona lleva dentro: heridas y fragilidades, pero también capacidad de entrega.

Alzar la mirada, explicó, supone acercarse a los demás con fe y esperanza, sin ignorar sus dificultades. Recordó que Jesús miraba el corazón de las personas y, desde ese conocimiento, abrazaba y perdonaba.

Mons. Prieto cerró su reflexión invitando a los jóvenes a dejarse mirar por Cristo y a permanecer un momento ante las preguntas del Evangelio, sin apresurarse a responder: «¿Cómo amas? ¿A quién amas? ¿En quién amas? ¿Y en quién esperas?». Una invitación a llevar lo vivido en San Agustín a sus relaciones, sus parroquias y su vida diaria.

 

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