El arzobispo propone a san Carlos Acutis como ejemplo de una santidad que nace de la amistad con Jesús y se hace entrega a los demás

El arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, presidió la tarde del jueves 15 de octubre la eucaristía en la parroquia del Carmen de A Coruña, donde bendijo un cuadro de san Carlos Acutis. En su homilía, el prelado vinculó el testimonio del joven con el de santa Teresa de Jesús y animó a los fieles a vivir la santidad en sus relaciones, responsabilidades y gestos de cada día.

La celebración reunió así el recuerdo de dos vidas alejadas en el tiempo, pero unidas por una misma experiencia: la amistad con Jesús. Una relación que, según explicó el arzobispo, transforma a quien la cultiva y se convierte en entrega a los demás.

Dos vidas unidas por la amistad con Jesús

Monseñor Prieto evocó a Teresa de Jesús como una mujer de intensa vida interior y extraordinaria actividad, que afrontó numerosas dificultades para llevar adelante sus fundaciones. Junto a ella situó a Carlos Acutis, un adolescente que vivió la fe con naturalidad, encontró su alimento en la eucaristía y utilizó los medios digitales para acercarse a otras personas y compartir su experiencia cristiana.

Los caminos recorridos por la santa y las posibilidades de comunicación del siglo XXI sirvieron al arzobispo para mostrar cómo la fe puede hacerse presente en épocas y circunstancias distintas. Lo que une a ambos, señaló, es haber puesto a Jesucristo en el centro de su vida y haber respondido a su llamada con generosidad.

Desde ese testimonio, recordó que la santidad es una vocación compartida por todos los cristianos. No exige realizar hechos extraordinarios, sino vivir con autenticidad allí donde cada persona se encuentra.

La llamada de Dios en la vida cotidiana

El arzobispo trasladó esa reflexión a la familia, el matrimonio, el trabajo, la amistad y las relaciones entre vecinos. Es en esos espacios, afirmó, donde cada creyente está llamado a descubrir para quién vive y cómo puede hacer de su existencia un servicio.

«Dios llama en todo tiempo y en toda edad», recordó. Frente a las excusas o la sensación de que nunca llega el momento adecuado, invitó a acoger esa llamada con sencillez de corazón y a reconocer lo que Dios espera de cada uno en la vida diaria.

En este contexto, evocó la expresión del papa Francisco sobre los «santos de la puerta de al lado»: personas que viven su fe de manera silenciosa, cuidan de los demás y se entregan sin buscar reconocimiento. Padres, madres, hijos, hermanos o trabajadores que, desde sus circunstancias, hacen del Evangelio una forma concreta de vivir.

El prelado subrayó también que la santidad no equivale a la perfección. Con la imagen de san Pablo del tesoro en vasijas de barro, explicó que la fragilidad humana puede acoger el don de Dios y convertirse en lugar de encuentro y ayuda para otros.

«¿Cómo has amado?», la pregunta que orienta la fe

Mons. Prieto también destacó que la relación con Dios no puede quedar encerrada en uno mismo. Para explicarlo, recurrió a los encuentros y gestos del Evangelio: la samaritana que recibe el agua ofrecida por Jesús y el samaritano que se detiene a atender al necesitado.

El arzobispo propuso las bienaventuranzas y el capítulo 25 del Evangelio de Mateo como referencias para revisar la propia vida. La pregunta decisiva, resumió, es «¿cómo has amado?»: qué se ha dado, qué se ha compartido y cómo se ha respondido a quien necesitaba cercanía.

Frente a la indiferencia o la comodidad, invitó a una entrega capaz de dar fruto. Lo expresó con la imagen de la semilla, que se rompe en la tierra para brotar y generar vida.

Al concluir, volvió al testimonio de santa Teresa de Jesús y san Carlos Acutis. Ambos acogieron el don de Dios y lo compartieron desde sus propias limitaciones. Su recuerdo, unido a la bendición del cuadro en la parroquia coruñesa, fue una invitación a dejar esa misma huella de fe y amor en la vida de los demás.

 

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