- El arzobispo de Santiago presidió la eucaristía en la iglesia de San Pedro de Mezonzo y llamó a los fieles a ser “artesanos de esperanza” en un mundo herido por la indiferencia.
En el marco del Año Jubilar convocado por el Papa Francisco, las parroquias del Arciprestazgo de Faro-A Coruña, que integran los municipios de A Coruña y Arteixo, vivieron hoy sábado 8 de noviembre una intensa jornada de celebración y comunión en la iglesia de San Pedro de Mezonzo, en A Coruña.
La cita reunió a los párrocos de las 48 parroquias que conforman el arciprestazgo, junto al vicario de A Coruña, Severino Suárez Blanco, y el arcipreste, José Manuel Hermida Abad. La eucaristía fue presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, en una ceremonia que congregó a centenares de fieles y en la que participó el Coro infantil y juvenil Cantabile.
La jornada comenzó a las once de la mañana con un espacio penitencial, momento de recogimiento y reconciliación que culminó con la misa solemne del mediodía. Desde primeras horas, el templo se llenó de fieles que quisieron participar en un acto que, más allá de su significado litúrgico, se vivió como un verdadero encuentro de Iglesia viva, en comunión con toda la Iglesia Universal.
“Cristo mismo es el jubileo”
Durante su homilía, el arzobispo quiso profundizar en el verdadero significado del Año Jubilar, animando a los fieles a vivirlo como un tiempo de renovación interior, alegría y compromiso cristiano: “Cristo mismo es el jubileo. Cristo mismo es la puerta que se abre, porque en Cristo nos ha llegado el amor de Dios misericordioso”.
Monseñor Prieto recurrió a una imagen simbólica para describir la vida eclesial del arciprestazgo, aludiendo a la riqueza de comunidades, grupos y movimientos que conforman y fortalecen la fe en la comarca. Señaló que cada parroquia y cada creyente aportaban su propio color y expresión a ese conjunto diverso que da forma y vitalidad a la Iglesia, una comunidad unida en la fe y en el servicio al Evangelio.
El prelado destacó la esperanza como eje central del Jubileo Romano 2025, una celebración que une a toda la Iglesia Universal en un mismo espíritu de fe. Recordó que el Papa Francisco fue quien convocó este Año Santo y que el Papa León invita a vivirlo como un tiempo de acción de gracias y reconciliación, una oportunidad para renovar el corazón y abrirse con alegría a la gracia de Dios.
Llamados a sembrar esperanza
El arzobispo animó a los fieles a convertirse en “artesanos de esperanza”, recordando que esta misión no depende únicamente del esfuerzo personal, sino de la acción transformadora de la gracia de Dios. Explicó que ser artesano significa poner el alma, el corazón y la vida en lo que se hace, dejando que cada gesto y cada obra transmitan belleza y generen comunión. “Así debemos ser también nosotros, artesanos de esperanza que lleven el amor de Cristo a quienes más lo necesitan”.
En este sentido, mons. Prieto insistió en que este Año Jubilar debía traducirse en gestos concretos de caridad, solidaridad y reconciliación, recordando que “de nada valdría celebrar el jubileo si no nos libera de nuestras esclavitudes y nos convierte en libertadores de los demás”.
En la parte final de su homilía, el arzobispo dedicó un especial recuerdo a la Virgen María, a quien llamó “la madre que nos acompaña”.
Una llamada a la solidaridad
Tras la Eucaristía, los fieles participaron en un acto en el atrio del templo, en el que se elevó la voz en favor de los más vulnerables: presos, pobres, migrantes, enfermos, ancianos… Inspirado en el mensaje papal “Dilexit te” (“Te he amado”), el encuentro puso de relieve que “el amor cristiano no es abstracto, sino concreto y comprometido”.
“Hoy pedimos por quienes el mundo olvida, por quienes no tienen voz ni lugar”, se escuchó en una de las intervenciones, que resumió el espíritu de una jornada marcada por la sensibilidad social y el compromiso evangélico.
Una procesión histórica con la Virgen del Rosario
Como colofón a la celebración, tuvo lugar una procesión extraordinaria con la imagen de la Virgen del Rosario, patrona de A Coruña, que por primera vez salió de la Ciudad Vieja para presidir un acto de estas características.
La procesión, rodeada de numerosos estandartes e insignias de distintos movimientos y asociaciones del Arciprestazgo, recorrió los alrededores de la iglesia de San Pedro de Mezonzo entre cantos y oraciones. Este histórico gesto simbolizó la cercanía de la Iglesia coruñesa con su pueblo y puso de relieve la voluntad de hacer de este Jubileo un tiempo de encuentro, reconciliación y fe compartida.
Un día jubilar y jubiloso
La jornada jubilar del Arciprestazgo de Faro se vivió, como señaló el propio arzobispo, “como expresión de esa puerta de gracia y de salvación que se ha abierto con abundancia de perdón y misericordia”.
Fue un día jubilar y jubiloso, en el que las parroquias de A Coruña y Arteixo se unieron para dar testimonio de una Iglesia viva, esperanzada y en camino. Un mosaico de fe que, bajo la mirada de María del Rosario, quiso abrir sus puertas y su corazón al amor de Dios que no defrauda.













