La Catedral de Santiago acoge la solemne clausura diocesana del Año Jubilar “Peregrinos de Esperanza”, con la participación de clero y fieles.
- Mons. Francisco José Prieto Fernández subraya que el Año Jubilar ha sido un tiempo de gracia, reconciliación y esperanza para toda la diócesis.
El arzobispo resalta el papel de la familia como hogar de fe, amor y transmisión de esperanza en la vida cotidiana.
La diócesis cierra el Jubileo romano con agradecimiento por los frutos espirituales y la mirada puesta en el Año Santo Jacobeo 2027.
La Diócesis de Santiago de Compostela vivió hoy domingo, 28 de diciembre, una de las citas eclesiales más significativas del año con la clausura diocesana del Año Jubilar “Peregrinos de Esperanza”. La solemne eucaristía, celebrada a las 17.00 horas en la Catedral, estuvo presidida por el arzobispo compostelano, monseñor Francisco José Prieto Fernández, y reunió a numerosos fieles.
Con este acto se puso fin a un año especialmente intenso para la Iglesia diocesana, un tiempo que ha estado marcado por la gracia jubilar, la peregrinación y una profunda renovación espiritual. A lo largo de estos meses, parroquias, arciprestazgos y comunidades participaron activamente en celebraciones jubilares que fortalecieron la vivencia comunitaria de la fe y el compromiso cristiano.
El Año Jubilar romano, que se celebra cada 25 años, fue convocado por el papa Francisco con el deseo de que no se limitase únicamente a Roma, sino que se extendiese a las Iglesias particulares de todo el mundo. En este contexto, la Catedral de Santiago fue uno de los templos designados para la obtención de la indulgencia plenaria, junto con los otros santuarios, que también fueron templos jubilares en la diócesis: Nuestra Señora de la Barca, Nuestra Señora de los Milagros de Amil y Nuestra Señora de Pastoriza. Siguiendo las indicaciones del pontífice, la clausura diocesana tuvo lugar en la festividad de la Sagrada Familia.
La celebración contó con la presencia del vicario general y el vicario de pastoral, el deán de la Catedral y miembros del Cabildo Catedralicio, así como vicarios, arciprestes, sacerdotes, personas consagradas y numerosos laicos. Todos ellos participaron en una liturgia concebida como una gran acción de gracias por los frutos espirituales cosechados durante este Año Jubilar.
En su homilía, monseñor Prieto Fernández subrayó el significado profundo del Jubileo como tiempo de reconciliación, perdón y esperanza. Recordó que el lema propuesto por el papa Francisco, “Peregrinos de esperanza”, ha guiado el caminar de la diócesis a lo largo de este año, vivido en comunión con la Iglesia universal.
Desde la Catedral de Santiago, meta histórica de peregrinos de todo el mundo y lugar simbólico donde, como evocó citando a Dante, “renace la esperanza”, el prelado invitó a los fieles a interrogarse sobre cómo viven hoy esa esperanza. En un contexto social marcado por la incertidumbre, la violencia y la inseguridad, advirtió del riesgo de caer en el desaliento o en una esperanza superficial. Frente a ello, señaló con claridad el fundamento último de la esperanza cristiana al afirmar: “Es Cristo, Cristo Señor, Cristo Salvador”.
Coincidiendo con la celebración de la fiesta de la Sagrada Familia, el arzobispo reflexionó sobre la familia, entendida no solo como realidad doméstica, sino también como expresión de la vida social y eclesial. Animó a que la esperanza jubilar “arraigue de un modo especial en la vida de nuestras familias”, para que estas sean verdaderos hogares, lugares de acogida, calor humano y transmisión de la fe.
Monseñor Prieto recordó que la familia cristiana está llamada a ser “hogar”, evocando la imagen tradicional del fuego que da calor y reúne en torno a sí. En ese espacio, señaló el arzobispo, se aprende a amar, a confiar y a sostenerse mutuamente, incluso en medio de la fragilidad y el fracaso.
El prelado tuvo también palabras de cercanía y compromiso hacia las familias que viven situaciones de especial dificultad. Aludiendo al pasaje evangélico de la huida a Egipto de la Sagrada Familia, recordó a tantas personas que hoy se ven obligadas a abandonar su tierra por motivos de guerra, pobreza o persecución, así como a aquellas que sufren la precariedad laboral, la falta de vivienda o una vida digna. En este contexto, hizo un llamamiento a fortalecer los vínculos de solidaridad, misericordia y responsabilidad social.
Lejos de cerrar un camino, la diócesis compostelana vive este momento con la mirada puesta en el futuro. Al clausurar el Año Jubilar romano, la Iglesia de Santiago se prepara ya para una nueva gran cita espiritual: el Año Santo Compostelano 2027, que volverá a situar a la ciudad del Apóstol como centro de peregrinación y encuentro para creyentes de todo el mundo.
La clausura definitiva del Año Jubilar a nivel universal tendrá lugar el próximo 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, cuando el papa León XIV presida en Roma el cierre solemne de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Con ese gesto simbólico concluirá oficialmente este tiempo jubilar, mientras la Iglesia continúa su camino, como recordó el arzobispo compostelano, con la esperanza como motor y horizonte.













