- El arzobispo mons. Prieto Fernández destacó la esperanza como el verdadero ancla de la vida cristiana e invitó a los fieles a “navegar juntos en la misma barca”, con María como guía y Cristo en el centro de la travesía.
- La procesión extraordinaria hasta la Piedra de Abalar y la participación simbólica de las palilleiras dieron un carácter comunitario a un acto que combinó tradición marinera, identidad cultural y profunda devoción mariana.
- La recuperación de la anda, con casi un siglo de historia, supuso no solo rescatar un valioso objeto litúrgico, sino también reforzar la memoria colectiva de un pueblo que se reconoce en la fe transmitida de generación en generación.
Muxía celebró este domingo, 31 de agosto, un acontecimiento de especial relevancia patrimonial y espiritual. En el santuario de Nosa Señora da Barca se llevó a cabo la bendición de la anda de 1929, recientemente restaurada, que recobró su esplendor para portar de nuevo la imagen de la Virgen, referente de fe en toda la Costa da Morte.
El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, presidió la ceremonia, en la que participaron el alcalde de la localidad, miembros de la corporación municipal, el patrón mayor, representantes de la vida social y religiosa de la villa, así como una gran multitud de feligreses y devotos.
El párroco de Muxía, Daniel Turnes, subrayó el valor histórico y espiritual de la pieza. En este sentido, recordó que existían fotografías antiguas “de aquellas personas que nos legaron la fe y durante años llevaron la imagen de Nuestra Señora de la Barca” y afirmó que el momento no podía ser más oportuno, coincidiendo con la cercanía de la novena en honor a la Virgen.
Una homilía cargada de símbolos
En su homilía, monseñor Prieto Fernández ofreció un mensaje de esperanza y fraternidad profundamente enraizado en la tradición marinera de Muxía. Recordó que la Virgen de la Barca es mucho más que una devoción local, es un símbolo universal de acogida, fortaleza y compañía en las travesías de la vida.
La metáfora del mar, tan cercana al corazón de los muxiáns, vertebró gran parte de sus palabras. Señaló que, igual que el océano, la vida tiene momentos de calma y serenidad, pero también de bravura y dificultad. Y en medio de esas tempestades, la Virgen de la Barca aparece como guía y sostén: “Debemos aprender a navegar con esperanza, tanto cuando el mar está en calma como cuando está bravo”.
El arzobispo recordó que los primeros discípulos de Jesús fueron pescadores, hombres acostumbrados a remar entre incertidumbres y tormentas, y destacó que la fe compartida en comunidad es la que permite superar los momentos de miedo y zozobra. “En aquella barca, Jesús calma tempestades y dificultades. Aunque los discípulos pensaban que se hundían, lo importante era navegar”, afirmó.
Monseñor Prieto Fernández puso el acento en la esperanza, a la que definió como el auténtico ancla de la vida cristiana. Explicó que, del mismo modo que un ancla da estabilidad a la embarcación frente a la fuerza del mar, la esperanza en Cristo sostiene al creyente en medio de las dificultades cotidianas. Recordó además que, cuando esa esperanza se arraiga, ofrece dirección y seguridad al caminar de la comunidad, porque “el Señor es esa esperanza que no defrauda, que nos enseña a navegar en la vida cotidiana, sabiendo que en esta barca todos cabemos”.
Monseñor Prieto Fernández también recurrió al pasaje de las bodas de Caná, donde María exhorta a los discípulos con la frase: “Haced lo que Él os diga”. El arzobispo señaló que esta invitación atraviesa los siglos y condensa el sentido de la fe cristiana. “Ella lleva en sus brazos a su hijo Jesús, evangelio vivo. Y Jesús nos dice: ‘Hacedlo’. Porque su palabra es vida en el corazón de los hombres, esperanza en el corazón de la humanidad”, recalcó.
El arzobispo también insistió en la necesidad de vivir la fe desde la fraternidad, sin jerarquías ni distancias: “Porque, si nos sentimos hijos e hijas en el corazón de una madre, nadie debería sentirse superior o inferior”. Con estas palabras, vinculó la devoción a la Virgen de la Barca con una llamada a la igualdad y a la solidaridad cotidiana.
Mons. Prieto invitó a los presentes a mirar más allá de las apariencias, con un oído atento y una mirada limpia: “En el corazón de Madre, todos somos hijos. En el corazón de cada uno de nosotros, reconozcámonos como hermanos”.
Finalmente, animó a los fieles a confiar en Cristo incluso en los momentos de mayor debilidad: “Si Cristo está en el centro, podemos estar tranquilos y confiados, incluso cuando parece que nos hundimos en la vida, cuando nuestra fe flaquea y la esperanza se nubla”.
Una procesión simbólica hasta la Piedra de Abalar
Tras la bendición, la celebración se prolongó con una procesión en la que la imagen fue portada por primera vez sobre la anda recién restaurada. El cortejo recorrió el entorno del santuario hasta llegar a la mítica Piedra de Abalar, donde se llevó a cabo una breve oración y la incensación de la Virgen, antes de regresar nuevamente al templo.
En este recorrido, las palilleiras de la zona fueron invitadas por el párroco Daniel Turnes a portar con la imagen, un gesto que unió la tradición religiosa con la identidad cultural de Muxía.
Patrimonio y devoción
La restauración de la anda, que suma casi un siglo de historia, significó mucho más que la recuperación de un objeto litúrgico. Supuso la continuidad de una tradición que ha acompañado a generaciones de muxiáns en sus expresiones de fe, y que cada septiembre reúne a miles de peregrinos en la romería de la Virgen de la Barca, una de las más multitudinarias de Galicia.
El pueblo de Muxía celebró así no solo la vuelta a la vida de una joya patrimonial, sino también la reafirmación de su identidad más profunda: la de una comunidad que, a pesar de las dificultades, sigue navegando unida en la fe, con la Virgen de la Barca como guía y esperanza.







