Lourdes deja huella en los jóvenes diocesanos en el segundo día de su peregrinación hacia Roma

El segundo día de la peregrinación de los más de 300 jóvenes de la Archidiócesis de Santiago hacia el Jubileo de los Jóvenes en Roma ha sido una jornada intensa y profundamente espiritual. Lourdes, con su atmósfera de recogimiento y memoria sagrada, ha dejado una huella honda en los corazones de los peregrinos.

La jornada comenzó temprano en la «Ciudad de los Jóvenes», donde están alojados. Tras el desayuno y la oración de laudes, recibieron el testimonio de Nathan, uno de los responsables del centro. De origen francés y casado con una argentina, Narhan compartió con cercanía y pasión el mensaje de Lourdes, enlazando las apariciones de la Virgen, la vida de Santa Bernardita y su propia experiencia de fe. Con una manera de hablar sencilla y llena de vida, logró captar la atención de los jóvenes, que escuchaban con interés una historia que empezaba a resonar en su interior.

Después, en pequeños grupos —catorce en total—, los jóvenes reflexionaron juntos sobre lo escuchado, en un momento de compartir que buscaba profundizar en el sentido de la peregrinación. La mañana culminó con la celebración de la Eucaristía al aire libre, en un auditorio rodeado de árboles que parecía pensado para abrir el alma.

La tarde estuvo dedicada a descubrir el corazón de Lourdes. Organizados también en grupos, recorrieron los  lugares clave del santuario: desde la gruta donde la Virgen se apareció a Bernardita hasta las distintas basílicas, la Virgen Coronada, la casa natal y el molino donde vivió la santa, así como el calabozo que habitó su familia durante los años de las apariciones. Cada parada se convirtió en una breve oración, en un reto interior que invitaba a mirar más allá de lo visible.

También visitaron la Capilla de la Adoración, el viacrucis de los enfermos y las piscinas, completando un recorrido que fue físico, pero sobre todo espiritual. Más tarde, todos los grupos participaron juntos en la procesión eucarística, que partió de la capilla de la adoración y concluyó en la imponente basílica subterránea de Lourdes.

Tras una pausa para cenar, la jornada concluyó con la procesión de antorchas, rezando el rosario bajo el cielo nocturno, antes de celebrar las completas en la explanada del santuario. Un final sereno para un día lleno de emociones y profundidad.

Mañana, los jóvenes retomarán la ruta rumbo a Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, cerca de Marsella, donde visitarán la gran basílica medieval dedicada a Santa María Magdalena. Allí celebrarán la Eucaristía y, al caer la noche, vivirán una vigilia de oración, acercándose a la figura de aquella mujer que, según la tradición, fue testigo de la Resurrección y cuya presencia se venera en ese lugar desde hace siglos.

Así continúa el camino: paso a paso, encuentro a encuentro, con el corazón abierto y la mirada puesta en Roma.

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