El arzobispo abre el curso catequético con una llamada a reflejar la fe en la vida y a construir una comunidad de hermanos

La Archidiócesis de Santiago de Compostela abrió este domingo, 11 de octubre, el curso catequético 2026-2027 con una eucaristía en la iglesia compostelana de San Fructuoso. Presidió la celebración el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, y concelebró el delegado para la Catequesis, Miguel López Varela.

La misa reunió a catequistas y miembros de las comunidades parroquiales para poner en manos de Dios la tarea de acompañar a niños, jóvenes y adultos en su camino de fe y en su incorporación a la vida de la Iglesia. Celebrada a las 10:00 horas, fue retransmitida por la Televisión de Galicia, lo que permitió a familias y fieles de toda la Archidiócesis unirse desde sus hogares.

Durante la homilía, el arzobispo dirigió un saludo muy especial a los enfermos y a las parroquias que participaban en la celebración. Agradeció también la dedicación de los catequistas, que semana tras semana acompañan a otras personas en el descubrimiento y la vivencia de la fe.

«Tes sede?»: una pregunta para comenzar el camino.

El lema de la catequesis en Galicia para este curso, «Tes sede?», centró la reflexión del arzobispo. La pregunta invita a reconocer las necesidades más profundas de cada persona: el deseo de amor, de esperanza, de sentido y de Dios.

El prelado recordó que la sed y el hambre son necesidades humanas cuya falta de respuesta provoca sufrimiento, injusticia y fragilidad. A partir de esa realidad, invitó a mirar también al interior y a preguntarse por la sed de Dios. La imagen de unas manos abiertas que recogen y ofrecen agua, presente en los materiales del curso, sirvió para explicar la tarea de la catequesis: acercar a otros a la fuente de la vida que los cristianos encuentran en Cristo.

Esta propuesta coincide con la puesta en marcha del nuevo Itinerario diocesano de Iniciación Cristiana. Su propósito es ayudar a comprender la catequesis como un proceso de acompañamiento que une el encuentro con Jesucristo, la celebración de la fe y la incorporación progresiva a la vida y la misión de la Iglesia.

Una fe que se reconoce en la vida diaria.

La parábola del banquete de bodas permitió al arzobispo profundizar en la invitación de Dios a compartir su mesa. Se trata, explicó, de una llamada abierta, que cada persona puede acoger con libertad y que lleva consigo un compromiso: vivir como hijos de Dios y como hermanos.

Al referirse al pasaje del invitado que no llevaba traje de bodas, señaló que la respuesta a esa llamada no puede quedarse en una apariencia externa: «A fe que celebramos tense que mostrar como vivimos». Y añadió que la fe celebrada debe encontrar expresión en el corazón, en la conducta y en las relaciones de cada día.

El arzobispo destacó también la dimensión comunitaria de este camino. A partir del testimonio de san Pablo, que se sintió acompañado en medio de sus dificultades, recordó el valor de estar al lado de los demás. En este sentido, afirmó que catequistas, familias y comunidades parroquiales comparten esa responsabilidad de sostener y acompañar la vida de fe.

La imagen del banquete fraterno y solidario anunciado por el profeta Isaías completó esta llamada a construir una comunidad en la que todos puedan encontrar su lugar.

El envío de los catequistas, una misión de toda la Iglesia.

Uno de los momentos centrales de la celebración fue la renovación de las promesas bautismales, el compromiso y el envío de los catequistas. Un grupo representativo de las distintas realidades parroquiales expresó públicamente su disponibilidad para este servicio en nombre de todos los catequistas de la Archidiócesis.

Participaron padres y madres, abuelos y abuelas, religiosos, jóvenes y personas que comienzan este año su labor catequética. Su presencia hizo visible la diversidad de quienes asumen la tarea de transmitir la fe y acompañar a otros en su camino.

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