La Misión ad gentes y el testimonio del misionero diocesano marcan la Mesa Redonda del Centenario del Domund

En el marco del primer siglo de la Jornada Mundial de las Misiones, la archidiócesis acogió un encuentro de reflexión y testimonios presidido por el arzobispo Mons. Francisco José Prieto, en el que se profundizó sobre la vigencia del mandato evangelizador y el papel indispensable de los misioneros diocesanos.

El coloquio contó con las intervenciones del arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Francisco José Prieto Fernández, junto a un panel de misioneros y agentes vinculados a la acción evangelizadora: el sacerdote diocesano David Álvarez, el laico y profesor Caetano Chenel, la misionera laica Sita Portela y Carmen Maril.

Una Iglesia samaritana y en misión permanente

Durante su intervención, Mons. Francisco José Prieto recordó que la misión ad gentes halla su origen en el mandato evangélico de Cristo enviado a los apóstoles y que la fe se fortalece en la medida en que se comparte y se entrega. El prelado subrayó que «todos somos misión» por el bautismo y que una diócesis es verdaderamente misionera cuando sitúa el encuentro personal con Jesús en el centro de su vida. Asimismo, definió el perfil de la evangelización como una experiencia samaritana, capaz de sanar, acoger y ver a Cristo en los hermanos más vulnerables.

De la Misión ad gentes a la misión inter gentes

Por su parte, los ponentes analizaron la evolución de la labor misionera en un mundo crecientemente globalizado. El sacerdote David Álvarez y el laico Caetano Chenel señalaron que, si bien hoy las fronteras físicas y culturales se han vuelto más porosas dando paso a la noción de misión inter gentes e identificando necesidades evangelizadoras en el propio entorno, nunca se debe olvidar la misión tradicional ni la ayuda a las Iglesias jóvenes de África, América o Asia que carecen de recursos materiales.

Por su lado, Sita Portela y Carmen Maril recalcaron que la vocación del misionero diocesano no concluye al regresar de un territorio de misión, sino que continúa al transmitir los lazos de fe, sencillez y esperanza descubiertos en las comunidades de acogida. Como expresaron los participantes, en la labor misionera siempre se recibe mucho más de lo que se aporta, aprendiendo lecciones fundamentales de dignidad, vida comunitaria y fraternidad de los más desfavorecidos.

El encuentro concluyó renovando la llamada a sostener a los misioneros mediante la oración constante y la colaboración fraterna, recordando que ser Iglesia y ser misionero son dos realidades que caminan indisolublemente unidas

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