El profesorado de Religión se reunió este sábado, 24 de octubre, en la Casa Diocesana de Ejercicios de Santiago para participar en una jornada dedicada al arte y la música sacra como recursos educativos.
La actividad, titulada «Experiencia de Deus a través da arte: a música sacra», fue convocada por el Instituto Teológico Compostelano, a través de la Sección de Formación del Profesorado de Religión Católica de Galicia, en el marco de la formación continua que impulsa la Delegación para la Educación. Su responsable, María Begoña Díaz García, coordinó el encuentro.
El arte y la música sacra como recursos para el aula.
La jornada profundizó en la relación entre el arte y la música sacra y en sus posibilidades como recursos para la enseñanza, la evangelización y la transmisión de los valores cristianos al alumnado.
El programa reunió como ponentes a Ignacio Yepes Szumlakowski, director de orquesta y compositor de música clásica; Óscar Valado Domínguez, director del Departamento de Música Litúrgica de la Conferencia Episcopal Española; y Pablo López Raso, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria.
La jornada se estructuró en dos bloques. Las sesiones de la mañana se plantearon bajo el título «A escoita de Deus», mientras que las de la tarde se dedicaron a las «Claves para comprender a arte moderno relixioso». Una propuesta que vinculó la formación del profesorado con el conocimiento de expresiones artísticas que permiten acercarse a la fe y comprender su presencia en la cultura.
Alzar la mirada para reconocer la diversidad.
Durante la mañana, los participantes recibieron la visita del arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández. En sus palabras con motivo de la celebración de envío, agradeció su vocación y su trabajo cotidiano, y los animó a unir la preparación académica y pedagógica con una atención cercana a las circunstancias de cada alumno.
«Dar gracias a Dios por cada uno de vosotros» fue el punto de partida de una intervención centrada en el valor de la tarea educativa y en la confianza que necesita quien la ejerce. Prieto recordó que el aprendizaje tiene sus propios tiempos y que acompañarlo requiere preparación y paciencia, tanto cuando resulta difícil despertar el interés como cuando una pregunta revela que un alumno ha comenzado a pensar de otra manera.
Desde esa realidad cotidiana, invitó a los docentes a «alzar la mirada» y a reconocer la diversidad de quienes tienen delante. En las aulas conviven alumnos que viven la fe en sus familias, otros que apenas conocen el cristianismo y quienes mantienen dudas o se sienten distantes. Todos, señaló, merecen «una enseñanza seria, comprensible y respetuosa».
Formación y diálogo para una enseñanza que respete la libertad.
Uno de los ejes de su intervención fue la responsabilidad específica del profesorado de Religión dentro de la escuela. El arzobispo distinguió la finalidad de la catequesis, que acompaña el crecimiento en la fe y la incorporación a la comunidad cristiana, de la enseñanza religiosa escolar, que contribuye a la formación integral del alumno mediante el conocimiento de la fe y su diálogo con la cultura y los demás saberes.
Esa tarea, explicó, exige estudio, competencia pedagógica y una formación que se renueve. Supone conocer bien los contenidos, encontrar la manera de hacerlos accesibles a cada edad y escuchar las preguntas que surgen entre los estudiantes.
Mons. Prieto destacó también la aportación de la asignatura a la comprensión de la Biblia, de Jesucristo y de la visión cristiana del ser humano, así como las claves que ofrece para interpretar la historia, el arte y la literatura. A ello añadió la reflexión sobre cuestiones como la dignidad humana, la libertad, la justicia, el sufrimiento y el cuidado de los demás.
En este contexto, subrayó que enseñar con fidelidad a la identidad cristiana de la materia es compatible con un respeto profundo a la libertad del alumnado. Acoger las objeciones, favorecer el diálogo y aprender a expresar un desacuerdo sin descalificar forman parte, afirmó, de la educación para la convivencia.
Acompañar a cada estudiante.
El arzobispo destacó la importancia de atender a cada alumno y conocer sus circunstancias. Invitó a mirar más allá de las calificaciones o de una conducta difícil: «Pidamos al Señor que el cansancio no nos lleve a dar a nadie por perdido».
El próximo Año Santo Compostelano 2027 también estuvo presente en su reflexión. A partir del lema «Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría», evocó la búsqueda de los Magos y la relacionó con el valor de preguntar, aprender y salir de lo conocido.
El arzobispo también animó a los profesores a cuidar su relación con Jesucristo mediante la oración, la Palabra y la Eucaristía, y a compartir lo que viven. Recordó, además, que educar es una tarea compartida con otros docentes, los equipos directivos y las familias.
«Hoy la Iglesia os expresa su cercanía y agradece vuestra tarea docente», manifestó al concluir, antes de pedir claridad para enseñar, sensibilidad para comprender y paciencia para acompañar el aprendizaje de cada alumno.







