El Arzobispo recuerda en el DOMUND que «ser cristiano es ser misión, es ser anuncio del Evangelio»

Todas las parroquias de la Archidiócesis de Santiago de Compostela han celebrado este domingo, 18 de octubre, el DOMUND, en el año en que la Jornada Mundial de las Misiones cumple su centenario. La celebración diocesana ha tenido lugar en la parroquia de San Juan de Ortoño, donde el arzobispo, monseñor Francisco José Prieto Fernández, ha presidido la eucaristía de las 12.15 horas, acompañado por el párroco, José Luis Dorelle Iglesias, y con la presencia de la delegada diocesana de Misiones, Fátima Noya Varela.

Bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión», la jornada reunió a las comunidades en torno a la oración por los misioneros y al compromiso de colaborar con su labor. En su homilía, el arzobispo recordó que esa responsabilidad alcanza a todos los bautizados y se expresa también en la familia, en la escuela y en las relaciones de cada día.

Monseñor Prieto agradeció a la parroquia la acogida de esta celebración y dirigió unas palabras de reconocimiento a toda la comunidad, desde los niños hasta los mayores, por su fe, su amor y su esperanza. Tuvo un recuerdo especial para los misioneros y misioneras nacidos en la diócesis compostelana, unidos a sus comunidades de origen a través de la oración y la comunión eclesial.

El centenario del DOMUND sirvió para recordar una historia de solidaridad con la misión de la Iglesia en numerosos países. El arzobispo señaló que la distancia geográfica no impide sentirse cerca de quienes anuncian el Evangelio y acompañan a comunidades con necesidades concretas, desde un techo o un lugar de descanso hasta un trabajo y espacios donde celebrar la fe.

La jornada recoge también la invitación del papa León XIV a sostener las misiones con la oración y la ayuda material. Desde su experiencia misionera en Perú, el pontífice recuerda en su mensaje el valor de una colaboración que permite apoyar proyectos pastorales, educativos y sanitarios.

Al profundizar en el lema de este año, el arzobispo explicó que la identidad cristiana nace de una llamada personal de Dios, recibida en el bautismo. Ser cristiano, señaló, no puede reducirse a una rutina o a un conjunto de prácticas: supone vivir unido a Cristo y compartir la buena noticia del Evangelio.

«Ser cristiano es ser misión», afirmó. Esa vocación no queda limitada al domingo ni al ámbito parroquial, sino que acompaña a cada persona durante toda la semana. En casa, en el colegio y en los demás espacios de convivencia, la fe encuentra una forma concreta de hacerse presente.

Para transmitirla, insistió, resulta fundamental el testimonio de vida. La amistad con Jesús se anuncia también en la manera de tratar a los demás, de cuidar los vínculos y de responder a sus necesidades.

A partir del pasaje evangélico sobre el tributo al César, monseñor Prieto recordó que la vida es un don de Dios que exige cuidado, dignidad y respeto. Vinculó esa responsabilidad con la fraternidad y con los compromisos que los cristianos asumen como miembros de la sociedad.

Fátima Noya Varela

En un diálogo cercano con los más pequeños, trasladó esa reflexión a gestos sencillos: agradecer a los padres, abrazar a los abuelos o pedir perdón después de una discusión. Recordando una enseñanza del papa Francisco, destacó tres expresiones capaces de mejorar la convivencia: «por favor», «gracias» y «perdón».

Pedir con respeto, reconocer el cariño recibido y reconciliarse con quien está al lado son también formas de vivir la misión. Desde Ortoño, el arzobispo invitó a las comunidades parroquiales a hacer de esas acciones cotidianas una expresión del amor de Dios y de la unión con los misioneros y misioneras de todo el mundo.

 

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