- Una convocatoria festiva y abierta impulsada por el laicado diocesano.
- La ponencia de Carlos Nottaro invita a vivir la fe como “xermolo de fraternidade”.
- La Vigilia de Pentecostés estuvo presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, quien evocó la acción del Espíritu Santo como fuente de comunión y renovación para la vida de la Iglesia.
La Archidiócesis de Santiago de Compostela celebró este sábado 23 de mayo de 2026 una jornada diocesana con motivo del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar.
El encuentro tuvo lugar en la parroquia del Buen Pastor de Monteporreiro, en Pontevedra, y reunió a fieles de distintas comunidades en una cita marcada por la convivencia, la formación y la espiritualidad bajo el lema “Pobo de Deus que sae ó encontro”.
La jornada, impulsada por el equipo de la Delegación para el Laicado de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, transcurrió en un ambiente festivo y participativo que se prolongó desde la mañana hasta la tarde, con la presencia de su delegado, Alfredo Losada, y concluyó con la celebración litúrgica de la Vigilia de Pentecostés.
Oración, formación y una ponencia marcada por la metáfora del “xermolo de fraternidade”.
El encuentro comenzó a las 10:30 horas con la acogida de los participantes. Tras un momento de oración comunitaria, la mañana estuvo centrada en la ponencia de Carlos Nottaro, delegado de Migraciones de la diócesis de Tui-Vigo.
Su intervención, titulada “Xermolo de Fraternidade: A mística do laico na horta do mundo”, ofreció una reflexión de fuerte carga simbólica en la que comparó la vida cristiana con el cultivo en una huerta doméstica. “Hoxe non veño a falarvos dende unha cátedra, senón dende a terra das miñas macetas”, afirmó al inicio, situando su discurso en una experiencia vital y cotidiana.
A partir de ahí, desarrolló una propuesta espiritual centrada en la idea del “xermolo” como imagen del laico en el mundo. Subrayó que la fe no se basa en la perfección exterior, sino en la autenticidad y la apertura a la fragilidad humana. “Levamos este tesouro en vasijas de barro”, recordó, insistiendo en que la debilidad humana no es un obstáculo, sino el lugar donde puede manifestarse la luz de Dios.
El ponente profundizó también en la necesidad de una fe enraizada en la intimidad con Cristo, capaz de sostener la acción pública del creyente. En este sentido, defendió que la presencia en el mundo debe nacer de una raíz profunda y silenciosa, no de un activismo vacío, sino de una identidad creyente que se traduce en compromiso.
La ponencia incluyó también referencias a la acogida y a la fraternidad desde la experiencia personal de la migración, subrayando la idea de una Iglesia sin fronteras donde nadie es extraño.
Trabajo en grupos, mesa de experiencias y compromiso social.
Tras un descanso compartido, los participantes continuaron la jornada con un trabajo por grupos a partir de un texto de reflexión sobre la misión evangelizadora en la vida pública. El documento insistía en la necesidad de una fe encarnada en los espacios cotidianos (familia, trabajo, comunidad y relaciones sociales) como expresión de una vocación misionera inseparable de la identidad cristiana.
La tarde avanzó con una comida compartida, que dio paso posteriormente a una mesa de experiencias centrada en el acompañamiento a personas migrantes y mayores, en la que se pusieron en común distintos testimonios de compromiso social y eclesial desde ámbitos profesionales y de voluntariado.
En el encuentro participaron diversas voces vinculadas a la acción social de la Iglesia. Intervino Loli Rivas, voluntaria de Cáritas Interparroquial, quien compartió la experiencia de Acompáñote, un acompañamiento integral de personas mayores.
También tomó la palabra Patricia Camiña, con más de 40 años de experiencia en Cáritas como voluntaria y técnica, psicóloga de formación, y colaboradora del COF y del Servicio de Prevención de Abusos Sexuales de la diócesis, aportando una mirada amplia sobre el acompañamiento integral a las personas en situación de vulnerabilidad.
La mesa contó asimismo con la intervención de Andrea Lago, trabajadora social de Cáritas, quien expuso una experiencia de encuentro entre personas privadas de libertad y estudiantes de primero de bachiller de un instituto coruñés.
Desde el ámbito local, participó Conchi Álvarez, directora de Cáritas del Buen Pastor de Monteporreiro, junto a Celeste, migrante de la propia parroquia, cuyo testimonio puso el acento en los procesos de acogida, integración y acompañamiento comunitario.
Xaquín R. Pomares, biólogo de profesión, vinculado a grupos ecologistas y cristianos, aportó una reflexión desde la relación entre compromiso social, fe y cuidado de la creación, integrando la dimensión ecológica en la vivencia cristiana del servicio.
Antes de la celebración litúrgica, tuvo lugar un gesto público en el atrio de la iglesia en el que se representaron diversas situaciones de injusticia social, como el hambre, la precariedad laboral, la realidad migratoria y el acceso a la vivienda. La iniciativa invitó a los participantes a contemplar estas realidades desde una mirada comprometida, así como a expresar compromisos concretos en favor de la justicia social y la dignidad de las personas.
Vigilia de Pentecostés y una homilía centrada en la unidad del pueblo de Dios.
El punto culminante de la jornada llegó a las 19:00 horas con la Vigilia de Pentecostés, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco José Prieto Fernández. Concelebraron el Vicario de Pastoral, Javier Porro Martínez, el vicario de Pontevedra, Luis Seoane Ares, así como otros sacerdotes de la zona.
El arzobispo invitó a los fieles a situarse como un pueblo en camino, llamado a abrirse al don del Espíritu para construir comunión y fraternidad.
En su homilía, también recordó el contraste entre la lógica del egoísmo humano y la llamada evangélica a la unidad. Aludiendo a la imagen bíblica de Babel, advirtió del riesgo de construir comunidades cerradas sobre sí mismas, incapaces de reconocer al otro como hermano. Frente a ello, propuso Pentecostés como experiencia de reconciliación y lenguaje común del amor.
El prelado insistió en la necesidad de superar “máscaras” que impiden el encuentro auténtico entre las personas, invitando a mirar la realidad con transparencia y a reconocer en cada rostro la presencia del hermano. En este sentido, subrayó que la fe cristiana no puede vivirse de forma aislada, sino que exige encuentro, escucha y salida hacia los demás.
La homilía también profundizó en la imagen del Espíritu como fuerza que transforma la vida interior y comunitaria, comparándola con un proceso de fecundación que da lugar a nuevos frutos. El arzobispo animó a la asamblea a dejar que el Espíritu renueve estructuras personales y comunitarias, incluso cuando ello implique cambios profundos o renuncias.
La celebración concluyó con la profesión de fe y una oración comunitaria en la que se pidió un nuevo Pentecostés para la Iglesia diocesana.













