La Archidiócesis de Santiago de Compostela presenta su nueva imagen corporativa

La Archidiócesis de Santiago de Compostela presentó el viernes 9 de octubre su nueva imagen corporativa, con la que busca hacer visible el vínculo que une a sus comunidades y organismos como parte de una misma Iglesia. La presentación tuvo lugar a las 10:00 horas en la Sala San Felipe Neri de San Martín Pinario y reunió, entre otros asistentes, a vicarios, delegados diocesanos y personal de la curia diocesana

Una misma Iglesia, con la riqueza de sus comunidades.

Durante su intervención, el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, situó a las personas y las comunidades en el centro de esta renovación. Recordó que la Archidiócesis reúne parroquias, delegaciones, áreas pastorales, centros de formación y organismos de acción social que desempeñan tareas diferentes, pero comparten una identidad y una misión. En este sentido, la nueva imagen quiere expresar esa pertenencia también en la manera de comunicar.

Monseñor Prieto destacó que la diversidad de la Iglesia diocesana constituye una riqueza que debe respetarse. Los criterios visuales comunes permitirán reconocer los vínculos entre sus entidades sin borrar la singularidad de cada una.

Por eso, explicó, el proyecto va más allá de un logotipo. Abarca la forma de presentar visualmente a la Archidiócesis en sus distintos soportes. Todos ellos deben ayudar a identificar quién comunica y su relación con la Iglesia diocesana.

Detrás de cada nombre, recordó, hay un trabajo y una manera concreta de servir. La renovación busca dar visibilidad a esa labor y reforzar el sentido de pertenencia de quienes la hacen posible.

La Cruz, Cristo resucitado y la Eucaristía, en el centro del símbolo.

Al abordar el significado del diseño, el arzobispo subrayó que el símbolo nace de la Cruz y se inspira en la estrella que iluminó el sepulcro del apóstol Santiago. Sus trazos radiantes evocan los caminos de peregrinación y las distintas realidades que conforman la Archidiócesis.

La figura expresa, afirmó, una Iglesia que acoge y recibe, pero que también da y ofrece: “Sus formas confluyen hacia el interior como signo de encuentro y comunidad, y se abren hacia fuera para representar la luz y la fe que la Iglesia está llamada a compartir”.

Monseñor Prieto vinculó ese doble movimiento con el Camino de Santiago, donde la Iglesia recibe a personas que llegan con sus preguntas y esperanzas, acompaña sus pasos y comparte con ellas la fe y el servicio.

En la preparación del próximo Año Santo Compostelano, destacó también el papel de la comunicación: la nueva imagen busca ofrecer una invitación cercana y comprensible a participar en la vida de la Iglesia.

El prelado explicó que el conjunto se inscribe en una mandorla, figura almendrada que en la tradición artística cristiana enmarca a Cristo en gloria y que sitúa al Resucitado en el centro de la identidad diocesana. Añadió que la composición remite también a la Eucaristía, que reúne a la comunidad y alimenta su misión.

El arzobispo también destacó la voluntad de unir ese legado cristiano con una expresión visual actual. Los colores acompañan la propuesta: el ocre remite a la piedra, la tradición y la permanencia; el crema aporta calidez y luminosidad; y el azul purpúreo recoge la herencia del azul gallego e introduce un matiz de frescura y espiritualidad. Junto al símbolo figura el nombre de la Archidiócesis de Santiago de Compostela en gallego.

Concluyó expresando su deseo de que la nueva identidad ayude a comunicar mejor la realidad diocesana y a hacer más cercana la Iglesia de Santiago, con sus raíces en la historia y abierta a quienes llegan.

Un trabajo de análisis para dar coherencia a la identidad visual

A continuación, Belén Gómez de las Heras, directora de diseño y responsable del proyecto en la agencia Costa, explicó que el encargo planteaba un reto más amplio que la creación de un nuevo logotipo: “La Archidiócesis es una institución con siglos de historia y un amplio patrimonio simbólico y cultural, en la que conviven numerosos organismos e iniciativas con una actividad constante en ámbitos diversos”.

Con el paso de los años, señaló, muchas de esas entidades habían desarrollado identidades independientes, sin una relación visible con la imagen principal de la Archidiócesis. Esa evolución había generado una presencia dispersa. En este sentido, destacó que el proyecto debía ayudar a reconocer la institución común que existe detrás de esas actividades y reforzar el sentimiento de pertenencia interno.

«Antes de diseñar necesitamos entender», afirmó al explicar la metodología. Durante los primeros meses, el equipo estudió cómo se presentaba la Archidiócesis, analizó sus organismos y marcas y conversó con personas vinculadas a ella para conocer sus necesidades.

Ese trabajo permitió establecer cómo debía identificarse la institución, qué relación mantendrían con ella sus organismos y cómo podrían convivir las entidades que, por su historia o sus características, necesitan conservar una mayor autonomía.

Después llegó la traducción de esos criterios al diseño. Gómez explicó que buscaban una identidad serena, reconocible y contemporánea, vinculada a Santiago como lugar de unión y encuentro de caminos. El símbolo debía reunir las ideas de comunidad, acogida y misión mediante formas sencillas que se encuentran y construyen una única figura.

A partir de las formas angulosas del símbolo y de una tipografía común, el equipo desarrolló un sistema visual flexible, capaz de adaptarse a distintos contextos y soportes manteniendo la coherencia del conjunto. Una identidad que reconoce la historia de la Archidiócesis y que, en palabras de la diseñadora, quiere también «ayudarla a contar lo que quiere ser».

La identidad se aplicará a documentos, papelería, carteles, presentaciones, redes sociales y páginas web. En el ámbito digital, se dará prioridad a facilitar la lectura y la navegación, para que las personas puedan encontrar los contenidos y reconocer su procedencia.

 

Artículo anteriorIII Asamblea Diocesana de Pastoral