La educación ante el reto de la diversidad centra las Conferencias de Primavera del ITC

  • El ciclo, inspirado en un reciente documento pontificio, aborda el papel de la educación como eje de la esperanza.
  • Fernando González Alonso destaca la migración como una realidad humana que interpela al sistema educativo.
  • El arzobispo de Santiago subraya la necesidad de situar la dignidad de la persona en el centro del debate social.

El Instituto Teológico Compostelano (ITC) celebra los días 5 y 6 de mayo de 2026 una nueva edición de sus tradicionales Conferencias de Primavera, que este año se desarrollan bajo el título “Diseñar nuevos mapas de esperanza”. La iniciativa se inspira en la Carta Apostólica publicada el 27 de octubre de 2025, coincidiendo con el 60 aniversario de la declaración conciliar Gravissimum educationis, en la que se resalta el papel esencial de la educación en la vida humana y en la misión de la Iglesia.

El documento pontificio, citado durante la inauguración, subraya que la educación no es una tarea secundaria, sino “el tejido mismo de la evangelización”, e invita a las comunidades educativas a adoptar una actitud dinámica, capaz de “construir puentes” y abrir nuevas vías para la transmisión del conocimiento.

La primera jornada, celebrada hoy martes en el Aula Magna del ITC, contó con la intervención de Fernando González Alonso, decano de la Facultad de Educación de la Universidad Pontificia de Salamanca, quien ofreció la ponencia “La migración y la interculturalidad en la educación”.

Durante su intervención, González Alonso destacó que la migración debe entenderse desde una perspectiva profundamente humana: “La migración no entra en la escuela como un dato más. Entra con rostros, nombres, biografías y con futuro”. En este sentido, defendió la necesidad de transformar la mirada educativa ante una sociedad cada vez más diversa, recordando que en España el alumnado extranjero ha pasado del 0,4% en 1991 al 12,9% en 2024.

El ponente planteó un cambio de enfoque: más allá de preguntarse cómo integrar al alumnado inmigrante, propuso reflexionar sobre qué tipo de escuela requiere una sociedad plural. Asimismo, subrayó que la acogida debe ser “preventiva y comunitaria”, y no meramente reactiva, apostando por una cultura institucional basada en la atención, el acompañamiento y la mediación.

González Alonso también alertó contra interpretaciones simplistas de las dificultades educativas, señalando que “no podemos atribuir a la cultura las dificultades, hay que atribuirlas a la precariedad”. En esta línea, abogó por proyectos interculturales que superen el “folclore” y fomenten una verdadera convivencia basada en valores como la empatía, la hospitalidad y la capacidad crítica.

El papel del profesorado ocupó igualmente un lugar central en su reflexión. Frente a modelos limitados a la transmisión de contenidos, defendió una figura docente como “mediador de humanidad”, capaz de generar vínculos, garantizar la dignidad y construir sentido de pertenencia. “Un maestro ha de saber enseñar… y mirar”, afirmó.

El acto contó también con la presencia del arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, quien destacó el reto que supone para la sociedad actual situar a la persona en el centro. En su intervención, subrayó que “en la dignidad es donde debemos encontrarnos” y apeló a un equilibrio entre razón y emoción en la participación social, invitando a actuar “con criterio y desde la fe”.

Junto a ellos estuvieron el director del ITC, Alfonso Novo-Cid Fuentes, y el delegado para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, José Ramón Amor Pan, en una jornada que puso de relieve la importancia de la educación como herramienta clave para afrontar los desafíos de un mundo en transformación.

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