El jueves 28 de agosto marcó la penúltima jornada en Roma para la peregrinación diocesana de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, que sigue recorriendo con fe y esperanza el itinerario jubilar.
La mañana comenzó a los pies de la Virgen, en la Basílica de Santa María la Mayor. Allí los peregrinos pudieron rezar ante la imagen de la Salus Populi Romani, visitar el baptisterio y detenerse en oración junto a la tumba del Papa Francisco, en un espacio cargado de historia y devoción. Muy cerca, la pequeña iglesia de Santa Práxedes ofreció un paréntesis de silencio y belleza con sus iconos bizantinos, antes de iniciar el camino a pie hacia San Juan de Letrán.
La peregrinación avanzó por la Vía Merulana, rezando el rosario en pequeños grupos, hasta alcanzar la basílica de San Juan de Letrán, la catedral de Roma, la primera de las iglesias de la cristiandad. Allí, los peregrinos atravesaron la Puerta Santa, visitaron el baptisterio, celebraron la Eucaristía en el Altar Mayor y se acercaron al santuario de la Scala Santa. Muchos de ellos subieron de rodillas sus peldaños, reviviendo con emoción el gesto penitencial que recuerda la condena de Cristo. Fue un momento de recogimiento profundo, vivido sin prisa, en clima de fe y silencio.
Tras la comida, la tarde se abrió como un regalo de libertad. Los grupos recorrieron algunos de los rincones más emblemáticos de la ciudad: Piazza del Popolo, Piazza di Spagna, Fontana di Trevi, el Panteón, Santa María Sopra Minerva, San Ignacio, Piazza Navona o el Campo de Fiori. Entre visitas y caminatas, no faltaron las paradas para un helado, una pizza compartida o la compra de un recuerdo que perpetúe lo vivido.
El día concluyó con la satisfacción de haber recorrido Roma tanto en lo espiritual como en lo cultural. Y con la mirada puesta en el último tramo de la peregrinación: la visita a las catacumbas de San Calixto, donde este viernes celebrarán su última Eucaristía antes de emprender el regreso a Galicia.
Roma se despide lentamente de los peregrinos de Santiago, pero en sus corazones quedará grabado el eco de la oración, el camino compartido y la certeza de que cada paso dado fue, en sí mismo, un acto de esperanza.












