El arzobispo de Santiago invita en el inicio de la Cuaresma a vivir unidos un tiempo de gracia, escucha y conversión

La Catedral de Santiago acogió esta tarde la celebración con la que dio comienzo el tiempo litúrgico de la Cuaresma, presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, quien impuso la ceniza a los fieles y dirigió una homilía centrada en la conversión, la esperanza y la reconciliación.

En la homilía el prelado subrayó que el tiempo cuaresmal no tiene un carácter individualista, sino comunitario al recordar que todo el pueblo está llamado a este tiempo de gracia. Inspirándose en la profecía de Joel, explicó que la llamada alcanzó a todos sin distinción de edad o condición, desde niños hasta ancianos, y desde esposos hasta sacerdotes, como expresión de un pueblo en camino.

La Cuaresma como camino de éxodo y esperanza

El arzobispo también comparó la Cuaresma con un nuevo éxodo, en el que los creyentes son invitados a dejar atrás las “esclavitudes” que a menudo retienen a las personas en diversas tentaciones. Ese camino conduce simbólicamente por el desierto hacia la Pascua del Señor, entendida como la tierra prometida.

Recordó que los cuarenta días cuaresmales culminan en el Triduo Pascual, con la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, y afirmó que ese horizonte no es “una utopía”, sino el camino abierto por Cristo para los fieles.

Al referirse al rito de la ceniza, resaltó su doble significado: por un lado, como signo de fragilidad y muerte, y por otro, como anuncio de esperanza.

Escuchar, compartir y cuidar las palabras

El arzobispo también aludió al mensaje cuaresmal del Papa para ese año, señalando dos actitudes fundamentales: la escucha y la apertura de la mirada. Explicó que escuchar la palabra de Dios y a los demás resulta esencial para superar la indiferencia y el egoísmo.

Asimismo, destacó el valor de la limosna y el ayuno como expresiones de solidaridad y fraternidad. Así, por un lado indicó que la limosna tiene sentido cuando lo que se ofrece es fruto de la renuncia personal para ser compartido con otros, especialmente con los más necesitados. Y por otra parte, el ayuno entendido como la invitación a moderar el lenguaje, evitando palabras ofensivas o que polarizan.

Finalmente, el arzobispo invitó a acoger la conversión con humildad, siguiendo la actitud de María y bajo la intercesión del apóstol Santiago, para vivir la Cuaresma como un tiempo de renovación personal y comunitaria.

 

Artículo anteriorEl inicio de la Cuaresma reunió a los sacerdotes en retiros dirigidos por el arzobispo
Artículo siguienteCáritas Diocesana de Santiago refuerza su apuesta por la infancia con la renovación del programa Areté en O Milladoiro