La Policía Nacional celebra el día de sus patronos, los Ángeles Custodios

  • El arzobispo de Santiago, mons. Francisco José Prieto fernández, agradece la labor de la Policía Nacional: «Cuidar es mucho más que vigilar»

La Policía Nacional celebró la festividad de sus patronos, los Ángeles Custodios, con una misa solemne en la Catedral de Santiago, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández. La eucaristía, que comenzó a las 12.00 horas, reunió a miembros del cuerpo, representantes de otras fuerzas de seguridad, autoridades y peregrinos, en una celebración marcada por el agradecimiento al servicio de los agentes y el recuerdo de los compañeros fallecidos.

La celebración incluyó una ofrenda al apóstol Santiago de la Policía Nacional de la Comunidad Autónoma de Galicia y de la Comisaría de Santiago, en la que se recordó el incendio que había devastado sus dependencias el pasado 12 de febrero. A continuación, durante la homilía, el arzobispo situó el cuidado de las personas en el centro de la vocación policial y destacó la responsabilidad que implica proteger sus derechos y libertades.

Una ofrenda marcada por el recuerdo del incendio de la comisaría

En la ofrenda al Apóstol, los representantes policiales se presentaron como unos peregrinos más y expresaron su deseo de que cada paso en el servicio público los ayudase a ser mejores personas. Pidieron ejercer su labor desde la bondad, evitar la autocomplacencia y encontrar la motivación en el deber cumplido.

Uno de los momentos más significativos fue el recuerdo del incendio del pasado 12 de febrero. La intervención agradeció la protección de los agentes, del público que estaba siendo atendido y de los bomberos y demás personas que trabajaron para contener el fuego que devastó la comisaría.

La ofrenda subrayó asimismo la colaboración con otras fuerzas de seguridad, jueces, fiscales e instituciones públicas y privadas en defensa de la ley y la convivencia. Hubo una mención especial a los compañeros fallecidos en cumplimiento del deber y una petición por los policías y sus familias.

Con la mirada puesta en el próximo Año Santo Compostelano, los representantes del cuerpo pidieron al Apóstol ayuda para perseverar en la protección del libre ejercicio de los derechos y las libertades y en la garantía de la seguridad ciudadana.

Un servicio que también compromete a las familias

Tras la ofrenda, monseñor Prieto destacó en su homilía que «cuidar es mucho más que vigilar». Explicó que esta tarea exige estar atento a los demás, advertir del peligro, proteger una vida amenazada y ayudar a que cada persona pueda continuar su camino con seguridad. A partir de la lectura del libro del Éxodo, relacionó la figura de los ángeles custodios con la labor cotidiana de quienes trabajan por una convivencia pacífica.

El arzobispo se detuvo en la realidad humana que existe detrás de cada uniforme: las horas de servicio, las noches de trabajo, el cansancio y las decisiones que, en ocasiones, deben tomarse en pocos segundos. Reconoció también a las familias, que comparten la disponibilidad y los sacrificios de una profesión que no siempre entiende de horarios ni de días festivos.

Su agradecimiento abarcó tanto las intervenciones que alcanzan repercusión pública como aquellas que pasan inadvertidas. Recordó que, muchas veces, la mejor noticia es que no haya ocurrido nada gracias a la vigilancia, la prevención y la protección de los agentes. También expresó su reconocimiento a los cuerpos y fuerzas de seguridad que cuidan de los peregrinos en las distintas rutas del Camino de Santiago.

La autoridad, al servicio de la dignidad de cada persona

Al comentar el pasaje evangélico en el que Jesús coloca a un niño en el centro, el arzobispo defendió que la autoridad encuentra su sentido en la responsabilidad hacia los demás. Aplicado a la función policial, señaló que el uniforme representa autoridad, pero, ante todo, servicio a quienes necesitan protección y al conjunto de la sociedad.

Monseñor Prieto destacó que la dignidad de la persona debe permanecer siempre presente, también cuando resulta necesario hacer cumplir la ley. Frente a la facilidad para etiquetar, sospechar o enfrentarse, invitó a reconocer el valor de cada ser humano y a prestar especial atención a los más débiles.

Extendió esa responsabilidad a toda la ciudadanía. Explicó que una sociedad segura necesita leyes, instituciones y medios técnicos, pero también personas responsables y familias que eduquen en el respeto, la solidaridad, la verdad y la justicia.

La homilía concluyó con una oración por los agentes, sus familias y los compañeros fallecidos, especialmente quienes perdieron la vida en acto de servicio. El arzobispo pidió para ellos serenidad, prudencia y fortaleza, así como humanidad para no acostumbrarse al sufrimiento que encuentran en su trabajo.

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