Asís acoge a los jóvenes diocesanos en una jornada de encuentro, fraternidad y oración

Tras despedirse de Roma, los jóvenes de la Archidiócesis de Santiago han vivido este lunes una jornada especial en la cuna del poverello, San Francisco de Asís. Fue un día de camino interior y compartido, de espiritualidad sencilla y alegre, en el que la fe se siguió tejiendo en comunidad.

La jornada comenzó en Roma, donde los peregrinos habían pasado la noche en el colegio salesiano Pío XI, acogidos generosamente junto a casi 700 jóvenes de la diócesis de Pamplona. Junto a ellos compartieron no solo alojamiento, sino también el destino de este día: la ciudad de Asís.

Durante la mañana, el grupo emprendió el viaje hacia la región de Umbría, donde se levanta esta pequeña joya medieval que vio nacer y morir a uno de los santos más queridos de la Iglesia. Al llegar, el primer paso fue la visita a la Porciúncula, esa diminuta iglesia que San Francisco restauró con sus propias manos y donde entregó su vida por entero a Dios. En este lugar, hoy envuelto por la Basílica de Santa María de los Ángeles, Francisco vivió sus últimos días.

Después del almuerzo y del reparto en los alojamientos, la tarde dejó espacio para un momento de esparcimiento y convivencia en la piscina, que sirvió para recargar fuerzas y fortalecer los lazos entre los grupos. Fue un descanso agradecido tras los días intensos vividos en Roma.

Ya con el sol bajando sobre las colinas umbrianas, los jóvenes recorrieron la parte alta de Asís en un pequeño itinerario que les llevó a los lugares esenciales del espíritu franciscano: la iglesia de Santa Clara, donde se custodia el crucifijo de San Damián; la Chiesa Nuova, edificada sobre la casa natal del santo; la Basílica de San Francisco, corazón espiritual de la ciudad; y Santa María la Mayor, conocida también como el santuario del despojo, donde Francisco renunció públicamente a todo para seguir a Cristo.

El momento central del día fue la Eucaristía celebrada en la Basílica de San Francisco, compartida con los peregrinos de Pamplona. Allí, a los pies del santo que predicó con la vida y abrazó la pobreza con alegría, los jóvenes diocesanos elevaron su acción de gracias por lo vivido y lo que aún queda por vivir en esta peregrinación.

La jornada concluyó con una velada fraterna, más distendida, pensada para compartir, reír y seguir construyendo comunidad desde lo cotidiano. Porque en este camino del Jubileo, cada día no solo es paso, sino regalo.

Mañana, los jóvenes diocesanos continuarán su recorrido con nuevos destinos, pero con el espíritu de Asís grabado ya en el alma: ese espíritu de sencillez, alegría y entrega.

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