La Archidiócesis de Santiago de Compostela inició este lunes, 25 de agosto, su peregrinación a Roma con motivo del Jubileo de la Esperanza. Fue una jornada marcada, sobre todo, por el viaje y la llegada, pero también por la emoción de ese primer contacto con la Ciudad Eterna, donde cada piedra guarda memoria y cada rincón invita al recogimiento.
Tras instalarse en el hotel y compartir la primera cena, los peregrinos vivieron una experiencia singular: un recorrido nocturno en autobús por los lugares más emblemáticos de Roma. La Plaza de San Pedro, el Coliseo, las termas y otras plazas históricas se fueron sucediendo en el itinerario, ofreciendo a los ojos gallegos una imagen serena y casi íntima de la capital italiana. El Coliseo, visitado sin las aglomeraciones habituales, se convirtió en el escenario perfecto para la primera fotografía de grupo.
El ambiente de la jornada fue de calma y expectación: un aterrizaje suave en la ciudad que será durante estos días lugar de fe, encuentro y renovación. Porque si la primera noche fue un saludo a Roma, el día siguiente se anunciaba ya como un momento fuerte: la visita a los Museos Vaticanos y a la Basílica de San Pedro, el inicio del itinerario jubilar y el paso por la Puerta Santa.
La jornada del martes culminará con una celebración muy especial: la misa en la Basílica de San Pedro, compartida con la diócesis hermana de Mondoñedo-Ferrol, en la capilla del coro de los canónigos. Allí, junto a la tumba del Apóstol Pedro, los peregrinos podrán renovar la fe que los trajo hasta Roma, dando así verdadero sentido al camino emprendido.
Roma los acogió de noche, tranquila y luminosa. Hoy, sus muros sagrados abrirán paso a una experiencia de esperanza que marcará para siempre esta peregrinación diocesana.












