- Los ocho catecúmenos culminaron su proceso formativo recibiendo Bautismo, Confirmación y Eucaristía en una única ceremonia.
- La celebración estuvo presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández.
- El prelado compostelano destacó la llamada personal de Dios y en el inicio de una nueva vida de fe dentro de la comunidad.
La Colegiata de Santa María del Campo, en A Coruña, acogió este domingo una solemne celebración en la que ocho adultos recibieron los sacramentos de iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) en una única ceremonia presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández.
El acto litúrgico coincidió con el cuarto domingo de Pascua, tradicionalmente conocido como el domingo del Buen Pastor, una fecha de especial significado dentro del calendario cristiano. Los catecúmenos estuvieron acompañados por sus catequistas, padrinos y familiares, así como por el abad de la colegiata, Severino Suárez Blanco, miembros del cabildo y sacerdotes de las parroquias de origen.
A diferencia de los procesos habituales en la infancia, los adultos recibieron los tres sacramentos de manera conjunta, culminando así un itinerario de formación y acompañamiento en la fe.
Durante la homilía, el arzobispo dirigió unas palabras a los nuevos cristianos, a quienes invitó a vivir este momento como el inicio de una etapa nueva. “Hoy culmináis un camino, pero también comenzáis otro”, señaló, recordando que la fe recibida debe ser “anunciada y compartida”.
El prelado profundizó en la figura de Cristo como el Buen Pastor, destacando la relación personal que Dios establece con cada creyente. “No sois un nombre anónimo, sino una historia en la que Dios sigue escribiendo”, afirmó, animando a los catecúmenos a abrir su vida a la acción transformadora de Dios. Asimismo, subrayó que los sacramentos no son solo una experiencia individual, sino también comunitaria, ya que incorporan plenamente a los nuevos fieles a la Iglesia.
El rito del Bautismo tuvo lugar tras la homilía, marcando el momento en el que los participantes fueron renovados en el agua y reconocidos como hijos de Dios. Posteriormente, los padrinos les impusieron el alba, símbolo de pureza y de la nueva vida adquirida, y les entregaron una vela encendida del cirio pascual, signo de la luz de Cristo.
Ya incorporados a la comunidad cristiana, los neófitos recibieron el sacramento de la Confirmación, mediante el cual fueron ungidos con el Espíritu Santo, y participaron por primera vez en la Eucaristía, considerada el centro de la vida cristiana.
La celebración concluyó con un gesto simbólico: el obispo entregó a cada uno de los nuevos cristianos una vela, recordando la luz de la fe que ahora están llamados a mantener viva en su vida diaria.
Con este acto, la Iglesia diocesana que peregrina en Santiago de Compostela dio la bienvenida a ocho nuevos miembros, en una jornada que combinó tradición, espiritualidad y comunidad, y que marcó para los catecúmenos el comienzo de un camino de fe que, como se destacó durante la celebración, “no concluye, sino que acaba de empezar”.
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