Los jóvenes diocesanos llegan a Roma y se unen a miles de españoles en una histórica Eucaristía en la Plaza de San Pedro

La ciudad eterna ya acoge a los jóvenes de la Archidiócesis de Santiago, que han culminado su peregrinación tras días de ruta, oración y encuentro. La jornada de este viernes ha estado marcada por la emoción contenida y la alegría desbordada de llegar, al fin, al corazón del cristianismo.

La mañana comenzaba con un acto de gran simbolismo en la Basílica de Santa María en Trastévere. Allí, una pequeña representación de la Archidiócesis, junto al arzobispo don Francisco José Prieto Fernández, participó en la lectura de un manifiesto sobre el eje espiritual Roma–Santiago–Jerusalén. Se trató de la presentación de un itinerario formativo para jóvenes que arranca este año y que mira al horizonte de 2033, fecha en la que se prevé un jubileo extraordinario con motivo de los 2.000 años de la redención. Aunque el grueso del grupo aún se encontraba en camino, este acto fue una primera semilla de futuro sembrada en suelo romano.

Por la tarde, ya sin contratiempos, los autocares llegaron finalmente a Roma. Y con ellos, los rostros cansados pero radiantes de los peregrinos que, tras atravesar Francia e Italia, ponían por fin los pies en la plaza de San Pedro. El momento fue tan esperado como conmovedor. Allí, miles de jóvenes españoles se reunieron para celebrar juntos la Eucaristía presidida por monseñor Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española. Una misa multitudinaria e histórica: sólo jóvenes de España, en el corazón de la cristiandad.

La emoción fue el lenguaje común. Muchos de los jóvenes gallegos comentaban entre lágrimas y sonrisas lo que significaba para ellos estar allí, compartir la fe en ese espacio tan universal y tan íntimo a la vez. Era, para muchos, un sueño cumplido, el broche perfecto a días intensos de camino y crecimiento interior.

Hoy, la peregrinación continúa dentro de la misma Roma. El grupo pondrá rumbo a Tor Vergata, donde se celebrará la vigilia y, al día siguiente, la gran misa con el papa León XIV. Otro hito les espera, pero ya con la certeza de que han llegado donde debían llegar: al encuentro, a la comunidad, a la fe vivida y compartida.

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