- La celebración diocesana tuvo lugar este domingo, 11 de enero, en la Casa de Ejercicios Espirituales
- El arzobispo mons. Francisco José Prieto presidió el rito coincidiendo con la fiesta del Bautismo del Señor
- Familiares, padrinos, catequistas y párrocos acompañaron a los adultos en este primer paso de fe
La diócesis compostelana celebró este domingo, 11 de enero de 2026, la Celebración Diocesana de Acogida de los Catecúmenos y el Rito de Admisión y Entrada en el Catecumenado, un acto que marca el inicio oficial del itinerario de iniciación cristiana de adultos no bautizados. La celebración tuvo lugar a las 17.00 horas en la Casa de Ejercicios Espirituales de Santiago, en el marco de la fiesta litúrgica del Bautismo del Señor, una fecha cargada de simbolismo por su vinculación directa con la preparación al Bautismo.
La Eucaristía estuvo presidida por el arzobispo de Santiago, mons. Francisco José Prieto Fernández, y contó con la participación del delegado de Catequesis y Catecumenado, Miguel López Varela; miembros del equipo de Catecumenado de la Diócesis, entre ellos Nacho Delgado como diácono y Lorena Vilas como catequista; así como de familiares, padrinos, catequistas y párrocos de los catecúmenos, reflejo del acompañamiento comunitario que caracteriza este proceso.
Un comienzo marcado por la acogida
El rito celebrado supone el paso formal a la etapa del catecumenado, un tiempo de formación y discernimiento en el que los adultos que han descubierto la fe en Jesucristo se preparan para recibir el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.

Durante la celebración, la Iglesia diocesana acogió públicamente a los candidatos, reconociendo su deseo de iniciar un camino de fe que no se vive en soledad, sino dentro de la comunidad cristiana. La presencia de padrinos, catequistas y familiares subrayó ese carácter eclesial del proceso.
Llamados y amados
El arzobispo centró su homilía en el sentido profundo del Bautismo del Señor y en la experiencia de ser llamados por Dios. Partiendo del pasaje evangélico del Jordán, recordó que la “justicia de Dios es misericordia” y que en el Bautismo se manifiesta un Dios que se acerca a la fragilidad humana para ofrecer vida y salvación.
Dirigiéndose especialmente a los catecúmenos, mons. Prieto subrayó que el camino que ahora comienzan es ante todo un don: “Sois hijos e hijas amados de Dios”, afirmó, invitándolos a acoger este tiempo como una gracia y a aprender a leer su propia historia a la luz de esa llamada.
El arzobispo insistió en que el catecumenado no es un simple aprendizaje teórico, sino un proceso vital para descubrir la acción de Dios en la propia existencia. “Dios no fuerza la respuesta”, señaló, recordando que la fe nace de una respuesta libre, acompañada por la Iglesia, que escucha, discierne y camina junto a cada persona.
Un camino progresivo de fe
La celebración de este domingo marca el inicio de una etapa que se prolongará, al menos, durante dos años litúrgicos. En este tiempo, los catecúmenos recorrerán un itinerario de fe y vida cristiana en el seno de sus comunidades, acompañados por catequistas y padrinos, con celebraciones progresivas que incluyen liturgias de la Palabra, bendiciones, escrutinios y ritos de entrega del Credo y del Padrenuestro.
Tras el catecumenado, llegará la etapa llamada de «purificación e iluminación”, que coincide con la Cuaresma del segundo año y prepara de manera más intensa para la recepción de los sacramentos, habitualmente en la Vigilia Pascual o durante el tiempo de Pascua. A esta le seguirá la mistagogía, tiempo en el que los nuevos cristianos profundizan en la experiencia recién iniciada y en el significado de los misterios celebrados, integrándose plenamente en la vida parroquial.

La Iglesia que acompaña
Uno de los acentos reiterados a lo largo de la celebración fue el del acompañamiento. El rito de admisión y entrada no solo da comienzo a un proceso personal, sino que compromete a toda la comunidad cristiana a caminar junto a quienes inician este recorrido.
El delegado de Catequesis y Catecumenado, Miguel López, recordó, al inicio de los encuentros posteriores al rito, que este tiempo es una etapa para aprender a escuchar a Dios, a reconocer su voz en los acontecimientos y en las personas, y a vivir la fe sin prisas ni exigencias agobiantes, con la confianza puesta en Aquel que llama.
Y a partir de ahora, ¿qué?
El Rito de Ingreso (o Admisión o aceptación) al Catecumenado marca el inicio formal de la segunda etapa del camino de fe de los adultos que desean ser bautizados y recibir los restantes sacramentos de la Iniciación Cristiana de la confirmación y la Eucaristía. Con él se acogen a los candidatos como parte de la familia eclesial y marca el comienzo de la preparación más sistemática o reglada de los catecúmenos. Se trata de un momento importante para los candidatos en el que confirman su deseo de seguir a Cristo.
El periodo formativo del catecumenado, que ahora inician, se prolongará al menos durante dos años litúrgicos. De esta manera, el catecúmeno, acompañado por sus párrocos, padrinos y catequistas y siguiendo el camino de fe y vida cristiana de la comunidad eclesial, y ayudado por su catequistas y el ejemplo y testimonio de los suyos, conozca la fe católica y aprenda a vivir la vida cristiana.
La tercera etapa, sucesiva al “catecumenado” y llamada de “purificación e iluminación”, coincide con la cuaresma del segundo año. En este periodo, los catecúmenos se preparan intensamente para celebrar los tres sacramentos de la iniciación cristiana en la Vigilia pascual o durante el tiempo de Pascua, y con los que se hará cristiano.
A ésta le seguirá una cuarta y última etapa, llamada de la “Mistagogía”. Un tiempo en el que se vive la recién estrenada experiencia de ser cristianos con los miembros de la comunidad parroquial y se profundiza en el significado vital de los misterios celebrados. Coincide con el tiempo litúrgico de la pascua de Resurrección.
A lo largo de estas tres etapas de preparación para el Bautismo, la Confirmación y la plena participación en la Eucaristía, los catecúmenos irán celebrando progresivamente diversos ritos y celebraciones, tanto en sus parroquias o comunidades de origen como en la Catedral compostelana. Entre ellos se encuentran las celebraciones de la Palabra, los exorcismos, las bendiciones, los escrutinios y los ritos de entrega del Credo y del Padrenuestro.

Un gesto con fuerte carga simbólica
La coincidencia del acto con la fiesta del Bautismo del Señor otorgó a la celebración un significado especial. En ese contexto, la Iglesia compostelana puso en primer plano la experiencia de un Dios que se acerca, llama por el nombre y abre un camino nuevo.
Con este rito, la diócesis de Santiago abre simbólicamente sus puertas a quienes desean formar parte de la comunidad cristiana, invitándolos a iniciar un itinerario que los conducirá, paso a paso, a la plena incorporación a la vida de la Iglesia.












