Carta Pastoral con motivo del Día diocesano de la catequesis en las parroquias y comunidades

Con motivo del Día Diocesano de la Catequesis, que se celebra el próximo 15 de marzo de 2026, IV Domingo de Cuaresma o Domingo de la Alegría (Laetare), el arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Francisco José Prieto Fernández, dirige esta carta pastoral a todos los catequistas de la diócesis.

El arzobispo expresa su agradecimiento por la entrega generosa de quienes, en parroquias y comunidades, dedican su tiempo y su vida a la transmisión de la fe. Al mismo tiempo, recuerda la importancia esencial de la catequesis en la misión evangelizadora de la Iglesia y subraya el papel insustituible que los catequistas desempeñan en los procesos de iniciación, maduración y crecimiento en la vida cristiana.

Bajo el lema “Tiempo de misión, tiempo de catequesis”, la carta invita también a mirar con esperanza el futuro de la catequesis en la diócesis, señalando algunos retos pastorales especialmente significativos: el desarrollo de la catequesis con adultos, el acompañamiento de los catecúmenos que se preparan para el bautismo y la renovación de la acción catequética en el marco de la nueva organización pastoral de las Unidades Pastorales.

Con palabras de ánimo y gratitud, el arzobispo anima a los catequistas a continuar su misión con alegría y fidelidad, recordando que su servicio es un signo vivo de la alegría pascual en medio de la comunidad cristiana.

 

Día diocesano de la catequesis en las parroquias y comunidades
15 de marzo de 2026

“Tiempo de misión, tiempo de catequesis”

Queridos catequistas:

El pasado 24 de enero, a pesar de las inclemencias climáticas, pudimos celebrar la Jornada de Catequistas de Galicia. Fue una jornada de encuentro, formación y oración compartida, en la que muchos de vosotros os desplazasteis con generosidad para vivir un tiempo de comunión y renovación. Con esta jornada, y de modo particular en nuestra diócesis, quisimos celebrar el Día del Catequista, reconociendo vuestra vocación imprescindible en la vida de la Iglesia.

La misión de transmitir la fe sigue siendo hoy una de las tareas más necesarias y hermosas de la comunidad cristiana. Y en ella los catequistas ocupáis un lugar central. Vuestra vocación posee un profundo carácter laical y sinodal: nace del bautismo, se vive en comunión con la Iglesia y se ejerce al servicio del crecimiento de la fe de los demás.

Coincidiendo con el IV domingo de Cuaresma (15 de marzo), tradicionalmente llamado Domingo de la alegría (Laetare), queremos recordar y agradecer el primer y fundamental servicio que prestáis en nuestra diócesis: la catequesis. Sin catequesis no hay verdadera evangelización. Sin ese acompañamiento paciente y cercano, muchas personas no podrían descubrir, comprender y madurar en el don de la fe.

Vosotros sois, sin duda, el recurso humano más grande y más valioso que tiene la Iglesia para esta misión. Gracias a vuestra entrega silenciosa, generación tras generación de niños, adolescentes, jóvenes y adultos pueden conocer a Jesucristo y aprender a vivir como discípulos suyos.

Por eso, en este Domingo de la alegría, nuestra alegría es en cierto modo doble. Por una parte, porque se acerca la Pascua del Señor, centro de nuestra fe y fuente de toda esperanza. Y, por otra, porque vosotros mismos sois signo vivo de la alegría pascual, testigos de lo que la resurrección de Cristo es y significa en la vida de la comunidad cristiana.

Permitidme, ante todo, expresar un profundo agradecimiento. Gracias por vuestra presencia en tantos procesos de iniciación, maduración y crecimiento en la fe. Gracias por el tiempo que dedicáis a preparar los encuentros, por vuestra paciencia con los niños y adolescentes, por compartir los sueños de los jóvenes y el camino de los adultos, por vuestra cercanía con las familias y con vuestros párrocos, por vuestra disponibilidad para acompañar a quienes buscan a Dios.

Gracias también porque, en muchas de nuestras parroquias, vuestra misión va más allá de la catequesis. Con frecuencia sois presencia activa en otros ámbitos de la vida parroquial: colaboráis en la liturgia, participáis en la acción caritativa, sostenéis iniciativas pastorales y ayudáis a mantener viva la vida comunitaria. En no pocos lugares, donde la realidad pastoral se vuelve más frágil y escasa en recursos, sois un verdadero sostén de la comunidad cristiana.

Precisamente por todo ello quiero también animaros a mirar con esperanza el futuro y a acoger con generosidad los nuevos desafíos que hoy se presentan a la catequesis. La Iglesia que camina en Santiago de Compostela está viviendo un tiempo de renovación pastoral. Y en este proceso vosotros tenéis un papel decisivo.

Quisiera señalaros, de manera especial, dos desafíos importantes. El primero es asumir con decisión la catequesis con adultos, especialmente la catequesis catecumenal dirigida a quienes descubren la fe en la edad adulta y desean recibir el bautismo para incorporarse plenamente a la vida divina y a la comunidad cristiana.

Cada vez son más las personas que, después de un camino personal de búsqueda, llaman a las puertas de nuestras parroquias solicitando el bautismo. Esto es, sin duda, un inmenso don de Dios para la Iglesia, pero también una gran responsabilidad pastoral. Algunos de vosotros ya estáis prestando vuestro servicio en este ámbito. Sin embargo, hacen falta más catequistas que puedan acompañar estos procesos con cercanía, formación y testimonio de vida. Ojalá que, en coordinación con la Delegación para el Catecumenado, podamos responder a esta hermosa tarea. Se trata de una misión particularmente delicada y novedosa, que requiere una especial disponibilidad y una formación adecuada, pero que también es profundamente fecunda para la vida de la Iglesia.

El segundo desafío consiste en seguir renovando nuestras catequesis. Y no sólo en el ardor, en los métodos o en los lenguajes —algo que muchos de vosotros ya venís haciendo con creatividad y dedicación—, sino también adaptándolas a la nueva organización pastoral de las UPAS.

Este camino implica algunos cambios importantes. En primer lugar, unificar criterios en la catequesis, siguiendo las orientaciones diocesanas. Estamos trabajando para ofrecer próximamente un nuevo Directorio Diocesano para la Pastoral de la Iniciación Cristiana, que ofrecerá orientaciones y propuestas adaptadas a los desafíos de nuestro tiempo. En segundo lugar, será necesario crear sinergias entre parroquias: reunir grupos de catequesis con un número suficiente de niños, organizar actividades comunes, compartir experiencias y métodos, y asumir juntos nuevos proyectos pastorales.

Todo ello abre ante nosotros un horizonte hermoso y esperanzador. Estoy convencido de que la catequesis puede y debe desempeñar un papel fundamental en la reorganización pastoral de nuestro territorio diocesano.

Tanto uno como otro desafío suponen reconocer y fortalecer el ministerio eclesial de los catequistas. Quizás algunos de vosotros habéis sentido en vuestro corazón una llamada más profunda a este servicio. Tal vez ha llegado el momento de discernir, junto con vuestros párrocos y los equipos de pastoral, la posibilidad de dar un paso adelante y ser instituidos como ministros catequistas, para poner vuestros dones y carismas al servicio de esta misión tan necesaria.

De este modo podréis contribuir de manera estable tanto al acompañamiento de los catecúmenos adultos, como a la consolidación de un modelo renovado de catequesis, adecuado a la realidad pastoral de nuestras Unidades Pastorales.

Queridos catequistas: gracias por vuestra fe, por vuestra entrega y por vuestro amor a la Iglesia. Que el Señor os conceda seguir sirviendo con alegría, esperanza y fidelidad, y que María, Madre de la Iglesia y primera discípula, os acompañe siempre en esta hermosa misión de transmitir la fe.

Os envío un cordial saludo en el Señor, al que presento una oración agradecida y confiada por todos y cada uno de vosotros.

Francisco José Prieto Fernández
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Carta Pastoral (PDF)

 

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