En la fiesta de Santa Cecilia, el arzobispo hace una llamada a hacer de la vida “un cántico de alabanza a Dios»

  • La Catedral de Santiago celebró la Fiesta de Santa Cecilia con una solemne misa, admisión nuevos niños a la Escolanía y un homenaje a la música.

La Catedral de Santiago vivió en la tarde del sábado 22 de noviembre la Fiesta de Santa Cecilia, patrona de los músicos. La jornada, cargada de simbolismo y profundamente marcada por la tradición musical de la basílica compostelana, reunió a fieles, peregrinos y amantes del arte sonoro en una Misa Solemne presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández.

La celebración, que comenzó a las 19:30 horas, contó con la intervención de la Escolanía de la Catedral, cuyas voces infantiles volvieron a llenar la nave mayor con la frescura y el brillo que caracterizan a esta institución coral. Seis nuevos niños y niñas -Flavio, Denis, Borja, Aida, Victoria y Oliver- fueron admitidos formalmente como miembros de la escolanía.

Una portavoz del grupo coral presentó a los nuevos integrantes y expresó su deseo de que fueran acogidos en la comunidad musical de la Catedral. El arzobispo les dirigió unas palabras de bienvenida y los animó a cuidar el don recibido y a poner su voz al servicio de Dios y de las personas.

En este sentido, invitó a que vivieran su pertenencia a la escolanía con alegría, compromiso y fraternidad, recordándoles además que el color rojo de sus vestiduras aludía al martirio del apóstol Santiago, patrono de la diócesis y guardián espiritual de la catedral.

La música como lenguaje de fe

Durante su homilía, monseñor Prieto Fernández hiló la memoria litúrgica de Santa Cecilia con la solemnidad de Cristo Rey, destacando el papel que la música desempeña en la vida de la Iglesia. En un mensaje dirigido especialmente a los jóvenes cantores, subrayó que la belleza del canto litúrgico es una forma privilegiada de acercar a las personas a la experiencia de Dios: “La música muestra la grandeza del corazón humano”.

El arzobispo también recordó que la melodía, cuando nace de la fe y del trabajo compartido, refleja la armonía del Reino de Dios y edifica comunidad. Aludió también a la dimensión coral como modelo para la vida eclesial: voces distintas que se unen en una única expresión de belleza y oración: “A veces nuestra sociedad parece llena de voces discordantes. Necesitamos ese cántico común que nos recuerde que somos hermanos”.

Un homenaje a Palestrina.

Tras la celebración litúrgica, la catedral acogió el concierto Princeps Musicae, un monográfico dedicado a Giovanni Pierluigi da Palestrina con motivo del V centenario de su nacimiento (1525-1594). El grupo Vox Stellae, acompañado por el organista catedralicio Adrián Regueiro, interpretó algunas de las obras más emblemáticas del compositor italiano, considerado una de las cumbres de la polifonía sacra.

Una jornada dedicada a la música en la Catedral

La misa se enmarcó en un programa más amplio de actividades desarrolladas a lo largo de todo el mes por la Catedral de Santiago con motivo del Día Internacional de la Música, instaurado por la UNESCO en 1975 y celebrado cada 22 de noviembre.

Entre estas iniciativas destacó la inauguración, este mismo mes, de la exposición temporal “La música en la Catedral de Santiago”, instalada en la Biblioteca Capitular. La muestra reunió piezas de gran valor del Archivo catedralicio, como ejemplos de la primera polifonía europea conservada en el Códice Calixtino, antiguos cantorales, manuscritos de maestros de capilla como Vaquedano, Melchor López o Tafall, el libro de órgano de Joaquín Sánchez y obras contemporáneas como el célebre Himno al Apóstol Santiago de Manuel Soler Palmer o composiciones recientes de Marco Frisina y Fernando Buide. Los visitantes pudieron contemplar también una réplica del célebre organistrum representado en el Pórtico de la Gloria.

Se celebraron además visitas guiadas al órgano catedralicio y a la exposición: Además la Fundación Catedral formalizó asimismo un convenio anual de colaboración con el Centro Superior de Música de Galicia, cuyos estudiantes participaron instrumentalmente en la misa vespertina.

En conjunto, la jornada de Santa Cecilia se convirtió así en un testimonio vivo de la riqueza musical de la Catedral de Santiago, de su historia centenaria y de su compromiso por seguir transmitiendo la belleza a través de la música. Una celebración que, como expresó el arzobispo, buscó que las voces de los más pequeños y las melodías de los grandes maestros fueran “eco de la voz de Dios” para quienes las escucharon.

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