El Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025 revela que millones de personas viven su fe bajo amenaza

Con el lema “La libertad religiosa es un derecho humano, no un privilegio”, este jueves se presentó en Santiago de Compostela el Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025, elaborado por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada. El acto tuvo lugar a las 19 horas en el Aula Magna del Instituto Teológico Compostelano (ITC) y reunió a representantes de la Iglesia, del periodismo especializado y a un testigo directo de la persecución religiosa en África. La presentación puso sobre la mesa una realidad que, aunque muchas veces invisible en los grandes titulares, afecta a millones de personas en todo el planeta.

El encuentro estuvo dirigido por el delegado de Pastoral Familiar, Antonio Gutiérrez, y contó con la participación del arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández; el periodista de Ayuda a la Iglesia Necesitada, Josué Villalón; y el sacerdote nigeriano Patrick Akpabio. El informe, que se publica cada dos años, analiza la situación de la libertad religiosa en 196 países y está considerado el único estudio profesional de estas características elaborado por una institución privada a nivel mundial. Su carácter ecuménico, al reunir datos de todas las confesiones religiosas, le confiere además un valor añadido como radiografía global de la intolerancia.

En su intervención, el arzobispo de Santiago subrayó que resulta “escandaloso” que a estas alturas del siglo XXI aún sea necesario defender la libertad religiosa como si se tratara de una conquista pendiente. Recordó que este derecho está recogido en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, pero insistió en que su fundamento es mucho más profundo que una simple norma jurídica. “La libertad religiosa es el corazón de todos los derechos, porque es el derecho a buscar el sentido de la vida, a vivir conforme a esa búsqueda y a dar testimonio de ella”, afirmó, citando a san Juan Pablo II.

Mons. Prieto advirtió que sin libertad religiosa no puede haber una paz verdadera ni una sociedad justa. Defendió que este derecho protege tanto a quien cree como a quien no cree, y alertó frente a los extremos: tanto el fundamentalismo que impone la fe como el laicismo que pretende expulsarla del espacio público. “No se puede obligar a creer, pero tampoco se puede impedir creer”, recordó. Desde una ciudad como Santiago, meta espiritual de Europa y símbolo de encuentro de pueblos, el arzobispo llamó a recuperar la memoria de las raíces culturales y espirituales del continente.

Por su parte, Josué Villalón desgranó los principales datos del informe, que dibuja un mapa inquietante de la situación actual. En 62 países del mundo no existe hoy plena libertad religiosa: en 24 hay persecución directa y en 38 se vive un alto nivel de discriminación. Más de 220 millones de cristianos están expuestos a la persecución y 413 millones habitan en países donde este derecho fundamental se halla seriamente restringido. Corea del Norte, China, Pakistán, Nigeria, Siria o Nicaragua aparecen entre los territorios más peligrosos para practicar la fe con libertad.

El periodista explicó que los principales responsables de esta situación son los regímenes autoritarios, los grupos extremistas de inspiración religiosa, los nacionalismos identitarios y el crimen organizado. También subrayó el papel de las guerras, que destruyen la convivencia, atacan templos, provocan desplazamientos masivos de población y agravan la violencia contra las minorías religiosas. Alertó además de una realidad especialmente cruda: la de las mujeres pertenecientes a minorías perseguidas, que sufren una doble discriminación por su fe y por su condición femenina.

En países como Pakistán o Egipto, cada año entre 500 y 1.000 niñas cristianas e hindúes son secuestradas, convertidas a la fuerza al islam y obligadas a casarse con sus captores. “Detrás de cada cifra hay una familia rota, una vida truncada y un silencio impuesto por el miedo”, recordó Villalón, mientras se proyectaban testimonios audiovisuales sobre esta realidad.

El momento más sobrecogedor de la tarde llegó con el testimonio del padre Patrick Akpabio, sacerdote nigeriano que relató cómo se vive hoy la fe cristiana en su país. “Los que van a misa no saben si volverán vivos a casa. Y los que se quedan en sus casas tampoco saben si sobrevivirán al día siguiente”, explicó. Denunció secuestros de escolares, ataques a iglesias, asesinatos de fieles y un clima de terror permanente provocado por grupos yihadistas. A pesar de todo, subrayó la fortaleza de su pueblo: “Cuando nos queman los templos, celebramos la misa bajo un árbol. No hemos perdido la esperanza”.

Nigeria es hoy el país más peligroso del mundo para un cristiano, pero también uno de los lugares con mayor número de vocaciones sacerdotales. Un contraste que impresionó a los asistentes y que el propio arzobispo calificó como una llamada a revisar la forma en que se vive la fe en Occidente. “Estos cristianos del siglo XXI nos están dando una lección de coherencia, de entrega y de profundidad en la fe”, afirmó.

La presentación sirvió además para lanzar un Manifiesto por la Libertad Religiosa, una iniciativa internacional de recogida de firmas impulsada por Ayuda a la Iglesia Necesitada con el objetivo de exigir a la Unión Europea y a la ONU la condena explícita de la persecución religiosa, la protección efectiva de las minorías y el apoyo legal y humanitario a las víctimas. “Defender este derecho no es solo denunciar, es ejercerlo cada día”, insistió Villalón, alertando también de las señales de alarma que empiezan a percibirse en Europa.

El acto concluyó con una oración por los cristianos perseguidos y con un llamamiento directo a la conciencia de los asistentes. Desde Santiago de Compostela, ciudad levantada en torno a la fe, al Camino y al diálogo entre culturas, se alzó una voz firme en defensa de millones de personas que, en plena era de la tecnología y la globalización, siguen arriesgando su vida por algo tan básico como creer en libertad.

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