La Fundación Andrea celebró este sábado su decimonovena gala de Navidad en el Pazo de San Lorenzo, una cita ya imprescindible en el calendario solidario gallego, nacida para ayudar a los niños con enfermedades graves, crónicas o terminales y a sus familias. La velada, cargada de emoción, compromiso y agradecimiento, volvió a demostrar que la solidaridad también puede vestirse de gala.
Al frente, como desde hace 19 años, estuvo Charo Barca, presidenta de la entidad y alma de un proyecto que nació del dolor más íntimo: la enfermedad de su hija Andrea, a quien cuidó durante ocho años.
Entre los asistentes de la gala de este año se encontraba el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, que quiso acompañar a la fundación en una noche tan importante. El prelado compostelano conoce de primera mano la labor de Andrea tras la emotiva visita que realizó a la entidad el pasado mes de marzo, cuando escuchó, abrazó y compartió el testimonio de varias familias.
Durante la gala, ese trabajo silencioso, como recuerda Barca, tomó voz y rostro. Un trabajo que se concreta en acoger a familias que deben desplazarse a Santiago, pagar sesiones de psicoterapia, fisioterapia o logopedia, conceder becas de farmacia o incluso ayudar con facturas de la luz cuando un niño depende de aparatos de alto consumo. Pequeños grandes gestos que, sumados, han dado respaldo a más de 5.000 familias a lo largo de casi dos décadas.
Monseñor Prieto, volvió a expresar su admiración por la entidad: «una fundación que encarna los valores más profundos de la solidaridad y la compasión”. Su presencia en la gala fue también un gesto de respaldo a esa red invisible que sostiene a quienes más lo necesitan cuando todo parece derrumbarse.
Diecinueve años después, la Fundación Andrea sigue siendo ese lugar al que acudir cuando el miedo aprieta, cuando el diagnóstico pesa, cuando la esperanza flaquea. Y en cada gala, Santiago vuelve a responder. Porque hay causas que no entienden de modas ni de cansancio, solo de humanidad.






