El arzobispo preside la Misa Crismal y subraya que el sacerdocio es una gracia al servicio del pueblo

  • Una celebración solemne marcada por la consagración de los óleos sagrados.
  • Los sacerdotes compostelanos renuevan sus promesas en la Misa Crismal.
  • Un llamamiento a la fidelidad, la fraternidad y la esperanza en la Iglesia diocesana.

Esta mañana se celebró en la Catedral de Santiago de Compostela la Misa Crismal, una ceremonia solemne cuyo nombre proviene del término latino chrisma, que significa “unción”.

Presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, la celebración contó también con la presencia del arzobispo emérito, monseñor Julián Barrio, así como del vicario general, vicarios pastorales y territoriales, miembros del cabildo catedralicio, diáconos, religiosos, peregrinos y numerosos fieles diocesanos.

Durante la liturgia, se llevó a cabo la consagración del Santo Crisma y la bendición de los Santos Óleos, que serán utilizados a lo largo del año en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Unción de los enfermos en las distintas parroquias de la diócesis.

Uno de los momentos más destacados de la jornada fue la renovación de las promesas sacerdotales por parte de los presbíteros, quienes reafirmaron su compromiso con Cristo y con el ministerio que ejercen al servicio del pueblo de Dios.

En su homilía, el arzobispo recordó a los sacerdotes que su vocación es, ante todo, “una gracia muy grande”, no solo para ellos, sino para toda la comunidad que les ha sido confiada. Subrayó además que la unción recibida en la ordenación “no pertenece al pasado”, sino que constituye una realidad viva que se actualiza constantemente y llama a una renovación continua.

El prelado destacó la necesidad de vivir el sacerdocio como una misión abierta y disponible, alejándose tanto de la tentación de medir la labor pastoral únicamente por resultados visibles como del riesgo opuesto de caer en el desánimo o la rutina. En este sentido, advirtió de que “el hacer acaba eclipsando al ser” cuando se pierde la raíz espiritual del ministerio.

Asimismo, destacó la importancia de la comunión presbiteral, insistiendo en que no basta con compartir responsabilidades, sino que es necesario reconocerse verdaderamente como hermanos y sostenerse mutuamente, especialmente en momentos de dificultad o cansancio.

Mons. Prieto hizo también una llamada a cuidar el lenguaje y la forma de comunicar el mensaje evangélico. En este sentido, invitó a los sacerdotes a hacer de la palabra “un instrumento de comunión”, capaz de iluminar sin herir, corregir sin humillar y abrir siempre horizontes de esperanza en un contexto cultural marcado por la confrontación.

La celebración tuvo también una dimensión de mirada hacia el futuro, con la referencia al próximo Año Santo 2027, presentado como una oportunidad para reavivar la fe y fortalecer la vivencia cristiana en la diócesis.

Previamente a la Misa Crismal, los sacerdotes de la diócesis participaron en un retiro espiritual celebrado en la capilla del Seminario Mayor Compostelano. La sesión fue dirigida por Sor Almudena Vilariño, abadesa de San Paio de Antealtares, quien invitó a los presentes a elevar la mirada a Cristo, a dejarse acompañar y cuidar en medio de su fragilidad, y a vivir la vocación sacerdotal desde la comunión, la confianza en Dios y la entrega humilde, dejándose transformar por el Misterio Pascual que integra las heridas y ensancha el corazón para el servicio.

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