Un proyecto educativo pionero une a estudiantes de Bachillerato y personas privadas de libertad en una experiencia transformadora de convivencia y aprendizaje.
Durante siete meses, compartieron recetas, barrios y reflexiones para tender puentes entre realidades muy distintas.
La iniciativa, impulsada por Cáritas Diocesana, Pastoral Penitenciaria, el Colegio Santa María del Mar y el CIS, rompe estigmas y fortalece valores como la empatía, la solidaridad y el compromiso social.
En un aula sin pupitres y con las emociones como materia principal, un grupo de jóvenes de 1º de Bachillerato del Colegio Santa María del Mar y personas privadas de libertad del Centro de Inserción Social (CIS) Carmela Díaz de Rábago han protagonizado, durante los últimos siete meses, una experiencia educativa sin precedentes en España. Una iniciativa pionera que ha logrado lo que muchas veces parece inalcanzable: romper prejuicios, tender puentes y construir humanidad.
El proyecto, impulsado por Cáritas Diocesana de Santiago, Pastoral Penitenciaria y el propio CIS de A Coruña, ha ofrecido a estudiantes de 16 y 17 años la oportunidad de compartir tiempo, actividades y aprendizajes con personas que cumplen condena en régimen abierto. Juntos, han cocinado, recorrido barrios, creado una exposición fotográfica y, sobre todo, se han escuchado y reconocido como iguales.
Cocina, barrios y poesía: el camino del encuentro
La primera toma de contacto llegó entre fogones, con el taller “Chef na túa casa”, donde prepararon recetas económicas y saludables que después recogieron en un cuadernillo ilustrado con poemas. Aquella merienda de Navidad, donde debatieron –con humor y hambre– cuál tortilla era la mejor, fue mucho más que una comida: «fue el germen de una convivencia que floreció en confianza y respeto», comenta Andrea Lago, cuyo liderazgo y compromiso han sido fundamentales en esta iniciativa.
Más adelante, el grupo recorrió tres barrios de A Coruña –Plaza de Lugo, calle Barcelona y Las Rañas– con el objetivo de observar, reflexionar y fotografiar las desigualdades urbanas. Las instantáneas, agrupadas por temáticas como mobiliario urbano o carteles publicitarios, conforman una exposición que no solo retrata fachadas, sino también las miradas y aprendizajes compartidos.
“Fue como mirar la ciudad por primera vez”, decía uno de los estudiantes. Y no fue el único que reconoció el impacto de visitar algunas zonas, donde la pobreza se hace visible en cada esquina. Las notas recogidas durante esta actividad incluso han sido trasladadas al Ayuntamiento, sumando así un gesto concreto de transformación social.
Más allá del voluntariado: una amistad inesperada
«Al principio había nervios, claro, pero poco a poco se convirtieron en risas», resumía una alumna. Lo que nació como una actividad de voluntariado social se transformó en una experiencia vital que dejó huella en ambos lados. “No fue un taller, fue un encuentro con amigos”, afirmaban desde el equipo organizador.
La última actividad, una gincana en las calles del centro de A Coruña, fue la excusa perfecta para celebrar lo vivido: entre pruebas, risas y una merienda final, los participantes cerraron el proyecto con la certeza de que habían crecido. No solo como estudiantes o internos, sino como personas.
La fuerza de la educación cuando se encuentra con la vida
Desde el colegio, su director, Alfonso Trillo Paz, fue claro: “Dentro de 30 años no recordarán quién les dio clase de psicología o religión, pero sí recordarán esta experiencia”. Y es que, como subrayó la directora del CIS, Carla García Rodríguez, esta iniciativa aporta mucho más que conocimientos: cultiva valores como la empatía, la solidaridad y la humildad. «Este proyecto construye personas», afirmó.
Pilar Farjas, directora de Cáritas Diocesana, destacó la importancia de abrir espacios donde los jóvenes puedan mirar “al otro jardín, al que no se parece al suyo”, y descubrir allí personas con una riqueza interior sorprendente. Finalmente, Yolanda Sánchez, delegada de Pastoral Penitenciaria enfatizó el valor de una sensibilización que va más allá de las charlas: “Esto es teoría elevada a su máxima expresión práctica”.
Un futuro en construcción
La presentación pública del proyecto, celebrada el miércoles 4 de junio en el Centro Fonseca, no fue un punto final, sino una semilla. Todas las entidades implicadas coinciden en que esta experiencia debe continuar y expandirse. Porque cuando se rompen los muros –físicos y mentales–, es posible construir una sociedad más justa, más humana y más preparada para acoger.
«Gratitud», «amistad», «realidad», «esperanza», «empatía», «transformación»: estas fueron algunas de las palabras elegidas por los participantes para describir lo vivido. Quizá no estén en los manuales escolares, pero sin duda forman parte de la mejor lección: la que se aprende al mirar al otro a los ojos y descubrir, detrás, a una persona.













