A Coruña renueva su devoción a la Virgen del Rosario en la tradicional Función del Voto

  • A Coruña celebra en la iglesia de Santo Domingo la Función del Voto presidida por el arzobispo de Santiago.
  • El Ayuntamiento renueva el compromiso histórico de la ciudad con la Virgen del Rosario.

A Coruña renovó su vínculo con la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, en la tradicional Función del Voto celebrada en la iglesia de Santo Domingo. El arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, presidió la eucaristía y animó a trasladar esa devoción al compromiso con el bien común y con las personas que necesitan ayuda.

La ceremonia reunió a representantes de las instituciones civiles y militares, junto a numerosos vecinos y fieles. El Ayuntamiento renovó el compromiso histórico de la ciudad con su patrona, en una celebración que mantiene viva una tradición transmitida de generación en generación.

Una devoción que forma parte de la historia de la ciudad.

La vinculación de A Coruña con la Virgen del Rosario se remonta al siglo XVI y, especialmente, a los acontecimientos de 1589, cuando la ciudad resistió el ataque de la armada inglesa comandada por Francis Drake. La tradición atribuye a la intercesión de la Virgen la protección de los coruñeses durante aquellos hechos.

El arzobispo evocó aquel episodio para dirigir la mirada hacia las responsabilidades del presente. Si entonces la ciudad respondió unida ante una amenaza, hoy, señaló, «tenemos que buscar aquello que nos une», desde la fe y el compromiso con un bien común en el que todos puedan reconocerse.

También agradeció las palabras de la oferente y destacó el valor de la educación como una tarea que construye sociedad y prepara el futuro. En ese ámbito, subrayó la aportación de los valores del Evangelio para sostener el compromiso con los demás.

Una mirada que reconozca a las personas sin clasificarlas.

A partir de las lecturas de la celebración, monseñor Prieto presentó la cercanía de Dios como una presencia que acompaña la vida de la ciudad: la de sus familias, niños, jóvenes y mayores. Una cercanía que, explicó, invita a los creyentes a implicarse en las preocupaciones y esperanzas de sus vecinos.

El encuentro entre María e Isabel le sirvió para reflexionar sobre la manera de mirar a quienes están al lado. Invitó a evitar los juicios superficiales y las categorías que separan a las personas, así como las posiciones ideológicas que dificultan reconocer la realidad del otro.

El arzobispo concretó esa llamada en los proyectos de los jóvenes, el trabajo cotidiano y las dificultades de tantas familias. En este sentido, defendió el esfuerzo compartido y expresó la disposición de la Iglesia a colaborar: «Contar con nosotros». Una colaboración que se manifiesta, de manera especial, en la acogida y el acompañamiento a quienes necesitan apoyo para salir adelante.

Trabajo, vivienda y dignidad en el centro del compromiso cristiano.

La imagen de María junto a los discípulos permitió al arzobispo profundizar en la llamada a la comunión y a la fraternidad. Ser hermanos, recordó, supone una responsabilidad que debe tomar forma en la vida diaria.

Al referirse a las necesidades presentadas ante la patrona, habló del trabajo, de un techo, de la dignidad y de la acogida. Detrás de cada una de esas realidades, señaló, hay personas que esperan una oportunidad y ante las que no cabe permanecer indiferentes.

En el tramo final de la homilía, acudió al relato del Génesis y a la pregunta «¿Dónde está tu hermano?» para invitar a los presentes a examinar su propia respuesta ante las dificultades ajenas. Con esa interpelación, vinculó la celebración de la Virgen del Rosario con una tarea cotidiana: reconocer al otro, acompañarlo y contribuir a una ciudad en la que todos encuentren su lugar.

 

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