La Archidiócesis de Santiago de Compostela ha hecho públicas sus cuentas de 2024, y en ellas los números no son fríos balances, sino un mapa vivo de prioridades, donde las cifras se transforman en historias de fe, caridad, patrimonio y cuidado compartido.
El motor principal sigue siendo la generosidad de los fieles: donativos, legados y colectas que, en su conjunto, representan el 38% de los ingresos diocesanos. A ello se suma la comunión con otras diócesis de España a través de la Asignación Tributaria, ese gesto silencioso con el que cada contribuyente puede marcar una cruz en su declaración de la Renta para destinar el 0,7% de su cuota a la Iglesia, sin coste añadido ni merma de devoluciones. Gracias a este sistema, el Fondo Común Interdiocesano redistribuye recursos que permiten a la Iglesia compostelana sostener su misión pastoral y asistencial, además de cuidar del vasto patrimonio histórico que custodia.
Los datos hablan con claridad: en 2024, la Archidiócesis gestionó 29,09 millones de euros, de los cuales más de 20,7 millones se destinaron a empleos ordinarios. Entre ellos, 4,89 millones fueron invertidos en actividades pastorales y asistenciales —el corazón palpitante de la Iglesia— con 1,05 millones dirigidos directamente a obras asistenciales y otro millón a sostener a la Iglesia universal.
El cuidado de las personas que sostienen la vida eclesial también se hizo visible: 5,94 millones garantizaron la retribución y prestaciones sociales de los sacerdotes, mientras 2,43 millones respaldaron al personal laico, colaboradores imprescindibles en cada parroquia. La formación, semilla del futuro, recibió 408.000 euros para el Seminario Mayor, el Menor y otros centros de estudios.
La memoria de piedra y arte tampoco quedó atrás: 7,05 millones se invirtieron en la conservación de templos y el mantenimiento ordinario de espacios de oración, prolongando la vida de un patrimonio que guarda siglos de historia y espiritualidad. A ello se añadieron 3,14 millones para programas de rehabilitación y 2,23 millones para iniciativas extraordinarias.

El dato quizá más revelador es que, por cada euro recibido de la Asignación Tributaria o de aportaciones públicas, la Archidiócesis devuelve a la sociedad 1,52 euros en forma de atención pastoral, asistencia, patrimonio y cultura. Un efecto multiplicador que convierte la ayuda en vida compartida.
En la mirada comparativa, el año 2023 ya había mostrado esta misma fidelidad en las cuentas: un 53% de los recursos se destinó entonces a actividades pastorales y asistenciales, conservación, rehabilitación y formación, porcentaje prácticamente idéntico al de 2024. Y con un detalle significativo: la inversión en labores asistenciales creció casi un 6% respecto a 2022, signo de una Iglesia que escucha las heridas de su tiempo.
La Diócesis de Santiago no habla solo de ingresos y gastos; habla de rostros, de celebraciones, de manos tendidas y de piedras que siguen en pie. Las cuentas, más que columnas de cifras, se han convertido en un relato: el de una comunidad que, al sostener su misión, multiplica vida.






