El tercer día de la peregrinación hacia el Jubileo de los Jóvenes en Roma ha estado marcado por la despedida de Lourdes y el inicio de una nueva etapa del viaje, con una parada especial en Saint-Maximin, un pequeño pueblo del sur de Francia que guarda un gran tesoro espiritual: las reliquias de Santa María Magdalena.
A primera hora de la mañana, los jóvenes de la Archidiócesis de Santiago dejaron atrás el santuario de Lourdes, no sin cierta emoción. Lo vivido allí deja una marca difícil de borrar. Pero el camino continúa, y esta jornada ha estado dedicada al tránsito, tanto geográfico como interior.
El grupo se dirigió hacia Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, en la diócesis de Fréjus-Toulon, cerca de Marsella. Se trata de una diócesis que tiene el privilegio de custodiar lo que, según la tradición, son los restos de Santa María Magdalena, la mujer que estuvo junto a Jesús hasta la cruz y fue testigo de la Resurrección.
Los jóvenes llegaron a media tarde, y tras instalarse, celebraron la Eucaristía en la basílica gótica dedicada a la santa. El silencio del templo, su historia viva y la figura de María Magdalena, tan cercana y tan valiente, ofrecieron el marco perfecto para la oración compartida.
Durante el trayecto en autobús, los peregrinos fueron preparándose para este encuentro a través reflexiones y lecturas que les ayudaron a conocer más de cerca la vida de esta discípula incansable, modelo de conversión y entrega.

Con la llegada de la noche, los jóvenes participaron en una vigilia serena y prolongada en la basílica. En ese clima de oración y escucha, encontraron un tiempo para hacer pausa y permitir que lo vivido tocara el corazón antes de continuar la marcha.
Este miércoles, la peregrinación dejará suelo francés para entrar en Italia. El primer destino será Pistoya, ciudad hermanada con Santiago de Compostela, que guarda también una reliquia del apóstol. Una conexión que une dos tierras y dos caminos de fe, y que prepara a los jóvenes para lo que ya se vislumbra en el horizonte: la llegada a Roma.












