En la Solemnidad de Todos los Santos, el arzobispo destaca el amor de Dios y la santidad cotidiana

El arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, presidió este domingo, 1 de noviembre, a las 11.30 horas, la Eucaristía de la Solemnidad de Todos los Santos en la iglesia compostelana de San Agustín.

Comenzó la homilía recordando a las personas que han ayudado a otros a crecer en la fe: quienes enseñaron a rezar, acompañaron en momentos difíciles y cuidaron con paciencia. En sus vidas, señaló, se reconoce una huella de Dios que permanece en la memoria agradecida de quienes recibieron su cariño.

Una llamada a la santidad

A partir del Evangelio de las bienaventuranzas, el arzobispo explicó que la llamada a la santidad alcanza a todos los cristianos y se concreta en la misericordia, la búsqueda de la justicia, la limpieza de corazón y el trabajo por la paz.

Subrayó, además, que la santidad no es una hazaña reservada a personas excepcionales ni un logro que dependa únicamente del esfuerzo propio. Nace de la respuesta al amor de Dios, que precede, acompaña y sostiene la vida, también en medio de las fragilidades. Por eso, presentó el camino cristiano como una experiencia de alegría y esperanza que permite afrontar las dificultades sin quedar atrapados en la tristeza.

La justicia y la paz se construyen en las relaciones diarias

El arzobispo vinculó esa llamada con las responsabilidades familiares, profesionales, sociales y eclesiales. «¿Cómo servimos a los demás?», planteó, al invitar a los presentes a revisar si sus decisiones y su manera de ejercer la responsabilidad están guiadas por la justicia.

También se refirió a la próxima beatificación de Luis Mosquera Caramelo, un juez coruñés, esposo y padre de cinco hijos, cuyo testimonio relacionó con la defensa de la justicia y la cercanía a los presos durante la Guerra Civil. En este contexto, pidió que la memoria de los mártires sea una invitación a la reconciliación, al perdón y a la construcción de la paz.

Oración por las víctimas del accidente ferroviario

El arzobispo invitó a rezar por quienes han fallecido y a confiar en la misericordia de Dios. En esa oración incluyó expresamente a las víctimas mortales del accidente ferroviario de esta semana, a los heridos y a sus familiares, para quienes pidió aliento, confianza y esperanza.

Tuvo asimismo palabras de agradecimiento para los servicios de emergencias, los profesionales sanitarios, las fuerzas de seguridad y las personas que, de manera anónima, ofrecieron ayuda. En esa entrega reconoció una «santidad cotidiana» que se manifiesta al acercarse al sufrimiento ajeno sin buscar reconocimiento.

Esta celebración se enmarca en unos días en los que los fieles de la Archidiócesis visitan templos y cementerios para recordar a sus seres queridos. Las flores, las velas y las oraciones expresan gratitud por sus vidas y la esperanza cristiana en que la muerte no tiene la última palabra, una certeza que el arzobispo recoge en su carta pastoral para esta solemnidad, «El amor de Dios tiene la primera y la última palabra».

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