El arzobispo preside la Eucaristía de graduación de Medicina con un mensaje centrado en el cuidado de la vida

  • La Catedral de Santiago acoge la Eucaristía de graduación de Medicina con un llamamiento a cuidar la vida desde la humanidad.
  • Los estudiantes agradecen su formación y encomiendan su vocación al Apóstol Santiago.
  • Mons. Prieto Fernández anima a ejercer la medicina con “escucha, cercanía y entrega”.

El jueves 16 de abril, a las 9:30 horas, tuvo lugar en la Catedral de Santiago de Compostela una Eucaristía con motivo de la graduación del alumnado de la Facultad de Medicina. La celebración reunió a estudiantes, familiares, profesores y comunidad académica en un acto de acción de gracias por los años de formación y el inicio de una nueva etapa profesional.

La Eucaristía estuvo presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, acompañado por el arzobispo emérito, monseñor Julián Barrio, y el delegado para la Juventud, Javier García, junto a otros sacerdotes.

Uno de los momentos más significativos fue la ofrenda realizada por dos estudiantes en nombre de la promoción. En ella, los futuros médicos expresaron su gratitud por el camino recorrido y por la “gracia de Dios” experimentada a lo largo de los años de estudio. “Es un día muy especial, uno de los más importantes de nuestra carrera”, señalaron, subrayando la vocación de “cuidar y sanar” que asumen en esta nueva etapa.

Los estudiantes también elevaron sus peticiones por la Iglesia, por la paz en el mundo, por los enfermos y por los profesionales sanitarios, así como por sus familias. Además, encomendaron su futuro al Apóstol Santiago, pidiendo “sabiduría, paciencia y entrega” para ejercer la medicina con responsabilidad y humanidad.

Durante la homilía, el arzobispo destacó el valor de la vocación médica como servicio a la vida, recordando que la formación recibida no supone un final, sino el inicio de un camino de aprendizaje continuo. “Vuestras vidas se han formado para cuidar la vida”, afirmó, animando a los graduados a no perder nunca la conciencia de que detrás de cada paciente hay una historia personal.

Mons. Prieto Fernández subrayó también la importancia de la dimensión humana en la práctica médica, más allá de los avances técnicos. En este sentido, invitó a los nuevos profesionales a mirar al enfermo con profundidad: “Más que una historia clínica, ved una vida”, afirmó, apelando a la empatía, la escucha y la cercanía como elementos esenciales del cuidado.

El arzobispo recordó que, aunque no siempre es posible curar, “siempre se puede cuidar”, poniendo en valor gestos sencillos como una palabra o una actitud de acompañamiento. Asimismo, destacó que la salud abarca no solo lo físico, sino también la dimensión espiritual y de esperanza de la persona.

En su mensaje final, animó a los graduados a ejercer su profesión con alta cualificación, pero también con profunda humanidad, trabajando en equipo y conscientes de su responsabilidad en la sociedad.

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