- El prelado compostelano inaugura un curso de verano del CEU-María Cristina en el Escorial dedicado a la acogida en las rutas jacobeas.
- Defiende que el peregrino debe ser recibido con gratuidad, escucha y cercanía como parte del anuncio del Evangelio.
- Llama a preparar el Año Santo Compostelano 2027 reforzando una cultura de hospitalidad que preserve el alma cristiana del Camino.
La hospitalidad constituye uno de los pilares sobre los que se ha construido históricamente el Camino de Santiago y debe seguir siendo uno de sus rasgos esenciales en el presente y de cara al próximo Año Santo Compostelano 2027. Este fue el principal mensaje transmitido por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, durante la inauguración del curso «Habitar los caminos: la hospitalidad en las vías de peregrinación a Santiago de Compostela», celebrado en el marco de los Cursos de Verano CEU-María Cristina, en el Real Centro Universitario Escorial-María Cristina de San Lorenzo de El Escorial el miércoles 8 de julio.
La sesión estuvo centrada en la reflexión sobre la acogida al peregrino como una de las expresiones más profundas de la tradición cristiana y como un elemento inseparable de la identidad del Camino de Santiago. En su intervención, el arzobispo subrayó que la peregrinación jacobea representa, ante todo, un itinerario humano y espiritual.
«La hospitalidad constituye uno de los rasgos más hondos del alma del Camino«, afirmó durante su conferencia, en la que defendió que la acogida al peregrino es mucho más que un servicio logístico o una respuesta organizativa al creciente número de caminantes que recorren las distintas rutas jacobeas.
Mons. Prieto recordó que desde los orígenes de la peregrinación compostelana hospitales, monasterios, parroquias y albergues configuraron una extensa red de acogida material y espiritual que permitía atender a quienes llegaban a Santiago. Esa tradición, explicó, no solo ofrecía alimento o refugio, sino también escucha, acompañamiento, reconciliación y celebración de la fe.
El arzobispo evocó el mensaje del Códice Calixtino, considerado la primera guía del Camino de Santiago, que exhorta a recibir con caridad a todos los peregrinos, independientemente de su condición económica. En ese texto histórico se recuerda que quien acoge al peregrino recibe también al propio Cristo, una idea que, según señaló, continúa siendo plenamente vigente.
Durante su intervención también recordó unas palabras del papa Francisco dirigidas a miles de peregrinos y voluntarios del Camino de Santiago, en las que invitaba a vivir la peregrinación desde tres claves fundamentales: el silencio, el Evangelio y el servicio a los más necesitados. Para el arzobispo compostelano, estos tres elementos siguen marcando el sentido más auténtico de la experiencia jacobea.
La acogida como expresión de la fe.
A lo largo de su conferencia, Mons. Prieto desarrolló el fundamento bíblico y teológico de la hospitalidad cristiana, recordando que la acogida del extranjero ocupa un lugar central en la tradición de las Sagradas Escrituras.
Explicó que el pueblo de Israel aprendió a acoger al forastero desde la memoria de haber sido también extranjero y vulnerable, mientras que Jesucristo llevó esa enseñanza a su máxima expresión al identificarse con quien necesita ser recibido, tal como recoge el Evangelio de san Mateo: «Fui forastero y me hospedasteis».
En este contexto, sostuvo que la hospitalidad cristiana no puede entenderse únicamente como una forma de cortesía o solidaridad, sino como una manifestación concreta del Evangelio: «La acogida no es un gesto accesorio o meramente social, sino una expresión concreta del Evangelio vivido«.
El Camino, escuela de humanidad.
Uno de los ejes centrales de la conferencia fue la consideración del peregrino como imagen del ser humano en camino. En este sentido, Mons. Prieto explicó que quien peregrina acepta la vulnerabilidad, renuncia a muchas comodidades y se abre al encuentro con los demás y con Dios. Precisamente esa condición hace imprescindible la existencia de una auténtica cultura de la hospitalidad.
Recordó que, durante siglos, hospitales de peregrinos, monasterios, parroquias, órdenes religiosas, cofradías y numerosas personas anónimas hicieron posible que miles de caminantes pudieran recorrer las rutas jacobeas gracias a una extensa red de ayuda desinteresada.
A su juicio, esa tradición sigue teniendo plena actualidad porque permite ofrecer al peregrino una experiencia basada en la gratuidad, en una sociedad donde muchas relaciones se encuentran condicionadas por criterios de utilidad, rentabilidad o intercambio.
Según explicó, el Camino introduce al caminante en «la economía del don«, donde gestos sencillos como ofrecer un vaso de agua, una conversación, una iglesia abierta, una palabra de ánimo o una escucha sincera adquieren un profundo significado humano y espiritual.
Asimismo, insistió en que muchos peregrinos llegan a Santiago impulsados por motivaciones muy diversas: algunos movidos por la fe, otros por razones culturales, deportivas, personales o existenciales. Esa diversidad, señaló, no debe contemplarse como un problema, sino como una oportunidad para ofrecer una presencia cercana y respetuosa.
A su juicio, la evangelización en el Camino comienza mucho antes que cualquier discurso doctrinal y se manifiesta, sobre todo, a través del testimonio de una Iglesia que escucha, acompaña y permanece disponible.
Preparar el Año Santo 2027.
Una parte importante de la conferencia estuvo dedicada al próximo Año Santo Compostelano 2027, que el arzobispo presentó como una ocasión privilegiada para renovar el espíritu hospitalario del Camino de Santiago.
Mons. Prieto afirmó que la preparación del Jubileo debe centrarse en el modo en que la Iglesia desea recibir a los miles de peregrinos que llegarán a Compostela. En este sentido, invitó a fortalecer una red de acogida que combine una adecuada organización con la cercanía humana, la escucha, el acompañamiento espiritual y el cuidado de las celebraciones litúrgicas.
También animó a que parroquias, iglesias, albergues y comunidades cristianas se conviertan en espacios abiertos donde el peregrino pueda encontrar descanso, silencio, orientación, reconciliación y esperanza.
El arzobispo señaló que muchas personas realizan hoy el Camino llevando consigo cargas invisibles como el duelo, la soledad, la ansiedad, las rupturas personales o el cansancio vital. Por ello, consideró imprescindible que quienes prestan servicio en las rutas jacobeas sepan ofrecer una acogida marcada por la delicadeza, la prudencia y la capacidad de escucha.
Recuperar el alma del Camino
En la conclusión de su intervención, Mons. Francisco José Prieto destacó que el futuro del Camino de Santiago dependerá, en buena medida, de su capacidad para conservar la hospitalidad como uno de sus elementos esenciales. Afirmó que allí donde el peregrino es recibido con respeto, gratuidad y humanidad, el Camino permanece fiel a su identidad más profunda.
El arzobispo defendió la necesidad de una «hospitalidad con alma«, capaz de conjugar organización y cercanía, identidad cristiana y respeto, silencio y acompañamiento, competencia y ternura.
Finalmente, recordó una reciente invitación del papa León XIV a redescubrir «el arte de la hospitalidad«, subrayando que los encuentros verdaderamente importantes no pueden comprarse porque nacen siempre de la gratuidad. En ese horizonte, concluyó, el Camino de Santiago continúa ofreciendo una oportunidad única para aprender a acoger y dejarse acoger, preservando así una de las tradiciones más valiosas del patrimonio espiritual europeo.







