El miércoles 10 de diciembre, fecha exacta en la que se cumplían cien años de las apariciones de la Virgen y el Niño Jesús a Sor Lucía, Pontevedra vivió una de las muchas jornadas que van a tener lugar a los largo de su Año Jubilar, dando continuidad a la solemne apertura institucional celebrada la tarde anterior en la Basílica de Santa María la Mayor. Desde primera hora del día, la ciudad se convirtió en punto de encuentro para numerosos fieles y peregrinos que acudieron a la Casa del Inmaculado Corazón de María para participar en una jornada de oración marcada por la solemnidad, la devoción y la esperanza.
A las 11:00 horas, el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco José Prieto Fernández, presidió la Eucaristía en la propia Casa del Inmaculado Corazón de María, celebración que fue retransmitida por 13TV y seguida por miles de personas desde sus hogares. Antes de iniciar la homilía, el prelado saludó a los presentes y a los espectadores, deseando que el calor espiritual de la celebración llegase también a cada familia. La liturgia, enmarcada en el tiempo de Adviento, estuvo atravesada por un clima de profundo recogimiento.
Durante su homilía, el arzobispo evocó las palabras del profeta Isaías -“los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas”- como un canto de esperanza para un mundo cansado, herido por la guerra, el pecado y la discordia. Mons. Prieto recordó que Dios no abandona jamás a su pueblo, incluso cuando este se siente agotado o cree haberse quedado solo. En ese contexto, relacionó esta promesa con las palabras de Jesús en el Evangelio: “Venid a mí los cansados y agobiados y yo os aliviaré”, subrayando que Cristo no solo invita, sino que acoge, abraza y ofrece descanso al corazón humano.

El arzobispo presentó a María como la gran acompañante en ese camino de confianza, como madre y primera discípula que conoció tanto el sufrimiento como la fuerza que viene de Dios. Recordó su silencio en Nazaret, su huida a Egipto, su presencia al pie de la cruz y su fidelidad inquebrantable. Desde esa experiencia, explicó, María sigue repitiendo hoy a sus hijos: “No temas, Dios está contigo”. En Pontevedra, afirmó, el Inmaculado Corazón de María se convierte en una llamada a recibir paz y a ofrecer consuelo, en un lugar donde la fe se vive como descanso del alma.
El prelado compostelano evocó directamente las palabras que el Niño Jesús dirigió a Sor Lucía hace exactamente cien años en esta misma casa: “Ten compasión del corazón de tu santísima madre, cubierto de espinas, y tú al menos procura consolarme”. Mons. Prieto destacó que aquel mensaje sigue siendo hoy una llamada a la reparación entendida como ternura, como amor que consuela, no como carga: “La Virgen no pide sacrificios imposibles, pide amor; un amor que brota del corazón de su Hijo y que sana también el nuestro”.
El arzobispo concluyó su mensaje invitando a todos a entrar, de la mano de María, en el descanso del corazón de Jesús. La oración, el rosario, la consagración y la devoción de los primeros sábados -dijo- no son obligaciones, sino espacios donde el alma vuelve a respirar. “Aquí, en esta casa de la Madre, casa de todos sus hijos, resuena hoy con fuerza la llamada de Jesús: venid a mí y hallaréis descanso”, proclamó al final de su homilía.
La Eucaristía de hoy marcó así el inicio del Año Jubilar que vive Pontevedra, confirmando a la ciudad como lugar de peregrinación, consuelo y esperanza, donde el mensaje del Inmaculado Corazón de María sigue vivo un siglo después y continúa proyectándose hacia el mundo entero.






