La noche del sábado 20 de septiembre de 2025, la parroquia de la Virgen del Camino se convirtió en el corazón de una celebración que unió historia, fe y gratitud: el 125 aniversario de la Adoración Nocturna de la sección de Pontevedra. Era más que un acto conmemorativo, era un homenaje a hombres y mujeres que, generación tras generación, velaron en los templos para mantener viva la llama de la oración nocturna.
La ciudad llevaba días preparándose. El martes 16, en la iglesia conventual de los padres franciscanos, Fray José Antonio Castiñeira Chouza ofreció una charla dedicada a San Pascual Bailón, patrono de la Adoración Nocturna, presentándolo como un modelo de vida sencilla y encendida en amor eucarístico. El jueves 18, la parroquia de San José acogió la meditación de don Casimiro Fernández, que recordó la actualidad y el valor de la adoración eucarística en tiempos de prisas y ruidos.
El sábado, el fervor salió a las calles. A las seis y media de la tarde, la plaza de la Peregrina reunió a los abanderados de distintas secciones, en una concentración solemne que dio inicio al Rosario en camino hacia la parroquia de Nuestra Señora del Camino. La procesión, sencilla y orante, hizo que las voces de los fieles resonaran como un eco de unidad en las piedras históricas de la ciudad.
La eucaristía, celebrada a las ocho de la tarde, fue presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández. En su homilía, el prelado subrayó el valor de la fidelidad de tantas generaciones de adoradores que, en silencio y vigilia, habían sostenido una tradición que forma parte del alma espiritual de Pontevedra.
Tras la misa, la procesión del Santísimo Sacramento recorrió las calles próximas a la parroquia, iluminando la noche pontevedresa con la fuerza serena de una fe compartida.
Con este aniversario, la Adoración Nocturna de Pontevedra no solo celebró 125 años de historia, sino que renovó su compromiso de seguir velando, noche tras noche, ante la presencia eucarística. Una obra silenciosa y constante que, como un latido oculto, acompaña la vida de la ciudad desde finales del siglo XIX.







