{"id":12139,"date":"2018-11-08T23:40:07","date_gmt":"2018-11-08T21:40:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.archicompostela.es\/?p=12139"},"modified":"2018-11-08T23:40:07","modified_gmt":"2018-11-08T21:40:07","slug":"","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archicompostela.org\/gl\/discurso-de-mons-barrio-en-la-inauguracion-del-congreso-de-acogida-en-los-caminos-de-santiago\/","title":{"rendered":"","raw":""},"content":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"excerpt":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"author":1,"featured_media":12140,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_gl_post_content":"","_gl_post_name":"","_gl_post_excerpt":"","_gl_post_title":"","_es_post_content":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Perspectivas ante el A\u00f1o Santo de 2021<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Peregrinos en la fe, por el camino de la esperanza y arraigados en el amor<\/strong><\/p>\n<strong>Introducci\u00f3n<\/strong>\n\nDice un proverbio que no llega antes el que va m\u00e1s de prisa, sino el que sabe a d\u00f3nde va. Doy por supuesto que sabemos a d\u00f3nde vamos en relaci\u00f3n con la celebraci\u00f3n del A\u00f1o Santo Compostelano 2021 pero podemos correr el riesgo de que el bosque no nos deje ver el \u00e1rbol. Y sin renunciar a no dejar para ma\u00f1ana lo que podemos hacer \u00a0hoy, hemos de ir pensando ya en su realizaci\u00f3n. Agradezco, pues, la invitaci\u00f3n a exponer las \u201cPerspectivas ante el A\u00f1o Santo 2021\u201d.\n\nLas celebraciones de los A\u00f1os Santos Compostelanos han tenido una connotaci\u00f3n espiritual y pastoral adem\u00e1s de la cultural en las circunstancias del momento eclesial en que se celebran. El A\u00f1o Santo es un acontecimiento de gracia para orientar la realizaci\u00f3n integral de la persona con una antropolog\u00eda din\u00e1mica y dinamizadora.\n\nEn este prop\u00f3sito nos sit\u00faa el magisterio del papa Francisco, sobre todo en la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica <em>Evangelii gaudium<\/em> y en la <em>Gaudete et exultate<\/em>. En la primera el Papa nos describe la situaci\u00f3n del momento actual en el que se encuentra la persona, sabiendo que \u201cla alegr\u00eda del Evangelio llena el coraz\u00f3n y la vida entera de los que se encuentran con Jes\u00fas y que con Jesucristo siempre nace y renace la alegr\u00eda\u201d. Se\u00f1ala tambi\u00e9n que existe una creciente deformaci\u00f3n \u00e9tica en nuestras sociedades, asistiendo al debilitamiento del sentido del pecado personal y social, as\u00ed como a un progresivo aumento del relativismo. Habla de la <em>mundanidad espiritual<\/em> que <em>idolatra el dinero<\/em>, <em>debilita los v\u00ednculos entre las personas y desnaturaliza los v\u00ednculos familiares<\/em>, como filosof\u00eda de vida, exhortando \u201ca la solidaridad desinteresada y a una vuelta a una \u00e9tica en favor del ser humano\u201d. Subraya que la Iglesia es el pueblo de Dios y debe ser, conforme al proyecto de amor de nuestro Padre Dios, <em>el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir seg\u00fan la vida buena del Evangelio<\/em>. La fe y la Iglesia no deben quedar recluidas al \u00e1mbito de lo privado y de lo \u00edntimo, y al individualismo posmoderno y globalizado.\n\nEn la <em>Gaudete et exultate<\/em> hace una llamada a la santidad en el mundo actual. El demonio y sus asechanzas deben ser combatidos, seg\u00fan el Papa, con el don del discernimiento, un don del Esp\u00edritu Santo, orando constantemente y viviendo la contemplaci\u00f3n en medio de la acci\u00f3n. El Se\u00f1or nos eligi\u00f3 \u201c<em>para que fu\u00e9semos santos e irreprochables ante \u00e9l por el amor<\/em>\u201d y debemos ser santos en lo cotidiano. La santidad de una persona se mide con su caridad. El Papa avisa de que las fuerzas del mal nos inducen a no cambiar, a dejar las cosas como est\u00e1n, a optar por el inmovilismo o la rigidez.\n\nEn este horizonte, el A\u00f1o Santo Compostelano sigue siendo una llamada a la conversi\u00f3n que nos ayuda a renovarnos espiritualmente, recordando los contenidos de nuestra fe y acogiendo la salvaci\u00f3n sin olvidar la urgencia de ser evangelizadores en medio de la indiferencia religiosa, incertidumbre moral y p\u00e9rdida del sentido transcendente de la vida. El A\u00f1o Santo ha de favorecer el despertar religioso y espiritual de las personas y de las comunidades cristianas. El fortalecimiento de la esperanza en los bienes futuros animar\u00e1 la evangelizaci\u00f3n de la sociedad en consonancia con la rica tradici\u00f3n apost\u00f3lica.\n\n<strong>Los A\u00f1os Santos del tercer milenio<\/strong>\n\nEn esta perspectiva, al imprescindible magisterio del Papa considero que he de referirme a las cartas pastorales de los \u00faltimos A\u00f1os Santos: \u201cPeregrinar en esp\u00edritu y en verdad\u201d, de 1999, \u201cPeregrinos por gracia\u201d, de 2004, y \u201cPeregrinos de la fe y testigos de Cristo resucitado\u201d, de 2010.\n\nEn nuestra vida de peregrinaci\u00f3n en el mundo y en el tiempo, la fe cristiana siempre remite a una palabra o a un acontecimiento que no se encuentra al final de una experiencia c\u00f3smica de lo sagrado, ni tampoco al final de un trabajo de la raz\u00f3n<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, sino que provienen del testimonio que dan los creyentes de una graciosa manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios. No olvidemos que Dios se nos revela en su palabra, nos sale al encuentro en sus testigos y se nos hace presente en la comunidad de los creyentes. La fe se entiende a s\u00ed misma como respuesta libre a una llamada libre \u2013<em>el hombre \u201cbuscado\u201d por Dios y \u201cen busca\u201d<\/em> <em>de Dios-<\/em>. Nace de la audici\u00f3n de una palabra, pronunciada en la <em>revelaci\u00f3n c\u00f3smica<\/em> y alcanza su culminaci\u00f3n en <em>Cristo Palabra encarnada,<\/em> que convoca a la conversi\u00f3n como <em>consecuencia del encuentro con Cristo<\/em>. Hay, pues, una dependencia de Dios que, lejos de ser alienante, es liberadora. El cristianismo es <em>creer<\/em>, acoger esa palabra; <em>amar<\/em>, cooperar activamente en el cumplimiento de esa palabra y <em>esperar,<\/em> aguardar confiadamente la plenitud de su cumplimiento. La fe, el amor y la esperanza son tres dimensiones de la actitud unitaria y complexiva del hombre que ha acogido el don de Dios<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. \u201cEsta unidad se nos da en Cristo diversificada como: <em>Revelaci\u00f3n<\/em>, que es acogida y respondida en la <em>fe<\/em>; como <em>Promesa<\/em> asumida en la <em>esperanza<\/em>, y como <em>Amor<\/em> al que solo el <em>amor<\/em> puede dar respuesta\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.\n\nEn los dos \u00faltimos A\u00f1os Santos de este milenio se ha subrayado que la gracia del Esp\u00edritu Santo es el principio y el fin de la vida peregrinante cristiana en la fe y en la esperanza. Queda como tarea del pr\u00f3ximo A\u00f1o Santo 2021 el proclamar que el peregrino cristiano por la fe y la esperanza est\u00e1 inmerso en la uni\u00f3n del Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu y as\u00ed es llevado a su plena consumaci\u00f3n. \u201c<em>Les he dado a conocer qui\u00e9n eres, y continuar\u00e9 d\u00e1ndote a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar tambi\u00e9n en ellos, y yo mismo est\u00e9 en ellos<\/em>\u201d (Jn 17,26).\n\n<strong>Escenario espiritual del peregrino en el 2021<\/strong>\n\nDe lo que acabo de decir se deduce que el epicentro del mensaje pastoral del A\u00f1o Santo Compostelano 2021 se sit\u00faa en la alianza con Dios, en la \u201cpascua del Se\u00f1or\u201d. En ella, el peregrino fiel, en el mismo momento en que va arrancando las ra\u00edces del pecado, se va construyendo a s\u00ed mismo como un miembro vivo, aut\u00e9ntico, del cuerpo eclesial de Cristo. Y esto en la caridad. Todo lo que hay en \u00e9l quedar\u00e1 impregnado de este amor. A este respecto escrib\u00eda Benedicto XVI en su enc\u00edclica <em>Deus caritas est <\/em>(n. 12): \u201c<em>La verdadera originalidad del Nuevo Testamento no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito. [\u2026] <\/em><em>En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra s\u00ed mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma m\u00e1s radical\u2026 Es all\u00ed, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de all\u00ed se debe definir ahora qu\u00e9 es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientaci\u00f3n de su vivir y de su amar<\/em><em>\u201d, hasta poder decir: \u201cY ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m\u00ed\u201d (G\u00e1l 2,20).<\/em>\n\n<strong>Claves con las que el peregrino ha de interpretar la sinfon\u00eda del camino<\/strong>\n<ol>\n \t<li><em>Peregrinar a la luz de la fe<\/em> (\u201c\u2026 y caminamos a la luz de la fe y no de lo que vemos\u201d [2Cor 5,7])<\/li>\n<\/ol>\nCreer es dejar que la palabra de Dios se convierta en el m\u00f3vil de todos nuestros actos en la certeza de su verdad; es someter nuestro esp\u00edritu y nuestro coraz\u00f3n al esp\u00edritu y al coraz\u00f3n del Dios <em>de la fidelidad y de la misericordia<\/em>. El hombre acepta lo que dice Dios y conforma a ello su vida, porque <em>cree en Dios<\/em>. Seg\u00fan la Biblia, la fe designa la respuesta espont\u00e1nea del hombre, posibilitada por Dios mismo, a su autorrevelaci\u00f3n en la historia, y la disposici\u00f3n a dejarse guiar por su voluntad salv\u00edfica. Se manifiesta como confianza (Mt 11,24), como obediencia (G\u00e9n 12,4; Rom 4,11; 10,6; 2Cor 9,13) y como conocimiento de Dios Padre y del Hijo (Jn 17,3). Por la certeza de la fe, Abrah\u00e1n abandon\u00f3 su ciudad natal y peregrin\u00f3 a una tierra desconocida. Anciano, casado con una mujer est\u00e9ril, no duda en la certeza de que Dios no le enga\u00f1a al acercarse a ella para que le d\u00e9 un hijo (G\u00e9n 18,9-15). M\u00e1s tarde, guiado por la misma certeza, toma a ese hijo, el primog\u00e9nito de la raza innumerable, y se dispone a sacrificarlo, porque Dios se lo ha pedido: no discute, porque sabe que, al igual que en la promesa inicial, Dios no lo ha enga\u00f1ado, tampoco lo enga\u00f1ar\u00e1 en esa misteriosa exigencia. Del mismo modo Mar\u00eda, desposada con Jos\u00e9, dijo <em>s\u00ed<\/em> a la invitaci\u00f3n de Dios, acept\u00f3 la desconcertante aventura de una maternidad en la que no intervendr\u00eda var\u00f3n, porque sab\u00eda que Dios no se burlar\u00eda de ella y que el Poderoso podr\u00eda realizar <em>cosas maravillosas<\/em> (Lc 1,49), superiores a todo lo que el hombre pudiera imaginar. Y dado que <em>ninguna cosa es imposible para Dios<\/em>, Mar\u00eda acepta: \u201cH\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u201d (Lc 1, 37-38). As\u00ed, en el\u00a0 <em>s\u00ed<\/em> de Abrah\u00e1n comienza toda la historia de Israel y en el <em>s\u00ed <\/em>de Mar\u00eda se inaugura el misterio de Jes\u00fas. La participaci\u00f3n del hombre en la salvaci\u00f3n, tanto si se trata de Antigua como de la Nueva Alianza descansa por entero en la fe. Sin fe no hay Alianza posible y sin Alianza non hay salvaci\u00f3n. Del mismo modo, nuestra colaboraci\u00f3n en la salvaci\u00f3n del mundo exige nuestra fe personal, arraigada en la fe de la Iglesia. Sin esa fe es radicalmente imposible mantenerse en pie en la experiencia de la vida peregrina cristiana. Toda nuestra existencia cristiana se vive\u00a0 <em>en la fe<\/em>, en la seguridad de que Dios dice la verdad y por tanto, hay que tener confianza en \u00e9l. Perder la fe es perder mucho m\u00e1s que una certeza intelectual; es perder el \u00faltimo apoyo de toda una experiencia, porque <em>el justo vivir\u00e1 por la fe<\/em> (G\u00e1l 3,11). Ciertamente por la fe comparte el cristiano el ser y el destino de Jes\u00fas, recibe la justificaci\u00f3n (Rom 3,21-31; G\u00e1l 3,15-18) y participa en la gloria del Dios revelado en Cristo, a condici\u00f3n de reconocer que solo Cristo es el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6; 20,31).\n<ol start=\"2\">\n \t<li><em>En el camino de la esperanza<\/em> (\u201c\u2026En la esperanza de la gloria de Dios\u201d (Rom 5,2)<\/li>\n<\/ol>\nAl car\u00e1cter itinerante y peregrino de la existencia cristiana, a medio camino entre la promesa irreversible del don de la salvaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n todav\u00eda por llegar de lo que somos ya ahora, le corresponde la esperanza como actitud existencial b\u00e1sica. \u201c<em>Hemos obtenido adem\u00e1s por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos: y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios<\/em>\u201d (Rom 5,2), porque \u201cel Dios de la esperanza\u201d ha aceptado al hombre, porque Cristo es entre nosotros la esperanza de la gloria (Col 1,27) y porque podemos alimentar en el Esp\u00edritu la esperanza de la justicia (Gal 5,5).\n\nLa tem\u00e1tica del futuro y, por tanto, de la esperanza se convirti\u00f3 en el tema central de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica del siglo XX, en el que se descubri\u00f3 lo propio y diferenciado de lo cristiano. No la eterna cantilena del <em>eterno retorno<\/em>, sino la categor\u00eda de lo nuevo, no la naturaleza c\u00edclica que gira sobre s\u00ed misma, sino la historia orientada y abierta al futuro. El concilio Vaticano II abord\u00f3 el tema y en su memorable discurso de apertura el papa Juan XXIII dec\u00eda: \u201c<em>El Concilio que comienza aparece en la Iglesia como un d\u00eda prometedor de luz resplandeciente. Apenas si es la aurora; pero ya el primer anuncio del d\u00eda que surge \u00a1con cu\u00e1nta suavidad llena nuestro coraz\u00f3n!<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. El concilio calific\u00f3 a la Iglesia como pueblo mesi\u00e1nico, que est\u00e1 de camino en la historia y que en medio de esperanza y temor, de alegr\u00eda y tristeza, camina a trav\u00e9s del tiempo. Por aquel entonces Karl Rahner defini\u00f3 al cristianismo como <em>la religi\u00f3n del futuro absoluto<\/em>. Dar cuenta de la esperanza es desde entonces un tema central en las diferentes declaraciones eclesiales. Por lo tanto, <em>Iglesia y futuro est\u00e1n esencialmente unidos<\/em>. La reivindicaci\u00f3n del futuro no s\u00f3lo afecta a la Iglesia desde fuera, sino que brota de su n\u00facleo m\u00e1s profundo, del mensaje de Jes\u00fas sobre el reino futuro de Dios, es decir afecta a la Iglesia misma. \u00c9sta \u00fanicamente puede prometer al mundo esperanza y futuro, si ella misma est\u00e1 abierta al futuro, si vive de la fuerza de la esperanza y constantemente afronta el reto de lo nuevo.\n\nEl futuro, del que habla la Biblia es el mismo Dios. No se trata de una extrapolaci\u00f3n del presente al futuro, sino de anticipaci\u00f3n, presencia y venida del futuro de Dios, es decir, de la <em>venida-a-nosotros<\/em> del mismo Dios. Por esto, Pablo llama a Dios \u201cel Dios de la esperanza\u201d (Rom 5,5). El futuro, del que habla la fe, no es un m\u00e9rito del hombre, sino don de Dios. Si nosotros tuvi\u00e9semos que merecer nuestro futuro, nos ocupar\u00edamos en vano y sin esperanza. El futuro absoluto de Dios de ninguna forma oprime, violenta o sustituye al futuro hist\u00f3rico del hombre, sino que lo libera y lo potencia. El historiador y fil\u00f3sofo de la religi\u00f3n Mircea Eliade escribe que <em>el cristianismo es la \u00fanica religi\u00f3n, que puede aportar sentido y apoyo a un mundo devenido hist\u00f3ricamente. <\/em>Dios s\u00f3lo puede ser <em>el futuro absoluto del mundo<\/em>, del hombre y de la historia, porque es tambi\u00e9n <em>su principio absoluto<\/em>, como \u201ccreador del cielo y de la tierra\u201d. \u00a1Sin el alfa ning\u00fan omega! No se puede confrontar el Dios de la esperanza con el Dios creador. Ciertamente, la esperanza no es esperanza de este mundo, sino <em>esperanza para este mundo<\/em>. Tiene que participar en las orientaciones del mundo y en la responsabilidad del mundo. La esperanza cristiana, si es entendida y vivida correctamente, no es ninguna <em>consolaci\u00f3n en el m\u00e1s all\u00e1<\/em>, sino que permanece fiel a la tierra. Esto nos evita el peligro gn\u00f3stico de la <em>huida y del desprecio del mundo<\/em>.\n\nSe abre as\u00ed un nuevo cap\u00edtulo de la responsabilidad cristiana del mundo, cuyo m\u00e1ximo exponente actual es el papa Francisco, especialmente en su enc\u00edclica <em>Laudato si\u2019<\/em>. En la esquizofrenia actual de la exaltaci\u00f3n tecnocr\u00e1tica y de la negaci\u00f3n de todo valor peculiar al ser humano, el Papa afirma con rotundidad: \u201c<em>No se puede prescindir de la humanidad. No habr\u00e1 nueva relaci\u00f3n con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecolog\u00eda sin una adecuada antropolog\u00eda<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Hay que reconocer que la universalidad de la esperanza cristiana de futuro se expresa magn\u00edficamente en Rom 8,18ss. Pablo habla all\u00ed del esperar y gemir de la totalidad de creatura sometida a la caducidad y esclavitud. La creatura est\u00e1 esperando bajo dolores de parto la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios, el reino de la libertad. La fidelidad de Dios a su creaci\u00f3n no es la coartada para la fidelidad y solidaridad humana y una barata consolaci\u00f3n vana. La esperanza \u201c<em>no merma la importancia de las tareas temporales, sino que m\u00e1s bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio\u201d (GS, 21,3).<\/em>\n\n<em>Jesucristo<\/em> es el definitivo futuro de Dios. Anuncia no s\u00f3lo la cercan\u00eda del reino de Dios para los pobres, desheredados, oprimidos y humillados. En sus milagros anticipa el nuevo mundo salvado. En su resurrecci\u00f3n el poder de la muerte se resquebraja definitivamente y se abre la nueva creaci\u00f3n. Jesucristo es por tanto la realizaci\u00f3n concreta del futuro cristiano, su figura \u201cmanifiesta\u201d y su permanente medida. Es el fundamento real y la base para el conocimiento de la esperanza cristiana de futuro. Esta es la raz\u00f3n por la que en el cristianismo no se trata de un vago e indefinido futuro sino del futuro <em>del que ha venido<\/em>, del concreto y determinado futuro de Jesucristo, de su vuelta para juicio y consumaci\u00f3n del mundo. Futuro cristiano es, por tanto, el futuro del crucificado y, por ende, futuro crucificado. Seg\u00fan las bienaventuranzas, este futuro se le ha prometido a los pobres, a los que lloran, a los fracasados, a los humillados y perseguidos. Esperanza cristiana es, en palabras de Pablo, <em>esperanza contra toda esperanza<\/em> (Rom. 4, 18). \u201c<em>Fe, esperanza y caridad est\u00e1n unidas. La esperanza se relaciona pr\u00e1cticamente con la virtud de la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se f\u00eda de \u00c9l incluso en la oscuridad\u201d (Deus caritas est, n. 39).<\/em>\n<ol start=\"3\">\n \t<li><em>Arraigados en el amor<\/em> (\u201cPero el mayor es el amor\u201d [1Cor 13,13])<\/li>\n<\/ol>\nLa caridad es el amor al que la fe da vida. El amor es Dios mismo, que nos ama y con el que, amando, entramos en comuni\u00f3n del Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu: El Dios del amor se revela en \u201cla gracia de Jesucristo, el Se\u00f1or, el amor de Dios y la comuni\u00f3n del Esp\u00edritu Santo\u201d (2Cor 13,13). No se puede negar que en esta reciprocidad amorosa se da una cierta \u00f3smosis. El ser amado se hace misteriosamente presente en lo m\u00e1s profundo de nosotros mismos, con una presencia que sin cesar nos arranca de nuestro ego\u00edsmo y nos obliga a no centrar ya nuestras preocupaciones y nuestros intereses en torno a nuestro \u00fanico yo. La lengua popular lo traduce perfectamente cuando llama al amigo un <em>otro yo<\/em>: pienso en el otro, me preocupo del otro, como pienso en m\u00ed y me preocupo de m\u00ed, llegando incluso a veces a olvidarme de m\u00ed mismo por \u00e9l y subordinar\u00a0 mis propios intereses a los suyos.\n\nJes\u00fas, que en la dimensi\u00f3n divina de su misterio es el Hijo amado que devuelve al Padre la totalidad de su amor divino, es tambi\u00e9n en su humanidad el que ama perfectamente al Padre. En \u00e9l, el amor humano de Dios, preparado y esbozado en la pedagog\u00eda de la ley jud\u00eda, alcanza su perfecci\u00f3n. \u201cTanto am\u00f3 Dios al mundo que entreg\u00f3 a su Hijo \u00fanico\u201d (Jn 3,16). Sin embargo, es tambi\u00e9n \u00e9l quien desborda el amor de la humanidad al Padre, alcanzando finalmente su plenitud. En su humanidad tan semejante a la nuestra se lleva a cabo una especie de irradiaci\u00f3n, una epifan\u00eda de lo que se realiza en la zona divina de su ser. Vivir <em>para Dios<\/em>, no ya solamente <em>a ejemplo de Dios<\/em>, sino <em>en el amor de Jes\u00fas<\/em>: he aqu\u00ed el ideal del cristiano. \u201c<em>El misterio del hombre es en \u00faltimo an\u00e1lisis una invitaci\u00f3n a caminar hacia el misterio del Dios de amor. Pero estas l\u00edneas tenues y vagas solamente pueden admitir claridad y fuerza cuando Dios sale de su ocultamiento, revel\u00e1ndose como el Dios de amor a la mente de quienes le creen y lo acogen. Los cristianos ven en Cristo la manifestaci\u00f3n de Dios y al mismo tiempo la manifestaci\u00f3n del misterio del hombre y de su posibilidad fundamental de \u00e9xito: comunidad plena entre los hombres en la comuni\u00f3n con Dios, un cielo nuevo y una tierra nueva, una libertad perfecta, una plenitud de vida\u201d<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><strong>[6]<\/strong><\/a>.<\/em>\n\nAl vivir en un perfecto amor del Padre, Jes\u00fas vive su misterio en un perfecto amor a todos los hombres. En primer lugar, ama a los hombres con quienes se encuentra en su ministerio, a ricos y pobres, a justos y pecadores, a jud\u00edos y gentiles, a los fariseos sinceros y a los publicanos. Los relatos evang\u00e9licos est\u00e1n llenos de episodios\u00a0 que nos demuestran toda la delicadeza y la profundidad de este amor: el di\u00e1logo con la samaritana, la resurrecci\u00f3n de su amigo L\u00e1zaro, la curaci\u00f3n del hijo del centuri\u00f3n, el perd\u00f3n concedido a la pecadora, etc. Pedro resume la vida p\u00fablica en una frase breve, pero muy expresiva: \u201cPas\u00f3 haciendo el bien\u201d (Hech 10,38).\n\nAl vivir para el Padre, Jes\u00fas vive para los hombres; su caridad al Padre florece en caridad fraterna: en su coraz\u00f3n de hombre acoge todo el contenido del coraz\u00f3n del Padre, pues de lo contrario no lo amar\u00eda <em>de verdad<\/em>. Por eso, el fruto de su pascua es esa Iglesia <em>cat\u00f3lica <\/em>que canta Pablo, la Iglesia abierta a todos los hombres de buena voluntad: \u201c<em>Porque Cristo es nuestra paz. \u00c9l ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba<\/em>\u201d (Ef 2,14-16). \u201c<em>Y os hab\u00e9is revestido dela nueva condici\u00f3n que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y jud\u00edo, circunciso o incircunciso, b\u00e1rbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo que lo es todo, y en todos<\/em>\u201d (Col 3,10-11).\n\nCristo ha cumplido verdaderamente los designios del Padre, haciendo irradiar por el mundo el amor universal y sin l\u00edmites de Dios. La Iglesia es como la cristalizaci\u00f3n, la proyecci\u00f3n en el universo creado, del contenido del amor de Dios, eso que llama Pablo <em>el misterio<\/em>: en ella todos los hombres reciben en plenitud los dones de la amistad del Padre, pero esto gracias a la mediaci\u00f3n fraternal de Jesucristo. La Iglesia es, por tanto, a la vez, plenitud del amor de Dios y del amor fraterno. Nuestra caridad fraterna se convierte de este modo en el signo de nuestra caridad con Dios. Juan lo expresar\u00e1 con una f\u00f3rmula en\u00e9rgica: \u201c<em>Si alguno dice: Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de \u00e9l este mandato: que el que ama a Dios, ame tambi\u00e9n a su hermano<\/em>\u201d (1Jn 4,20-21). En palabras de Benedicto XVI, \u201c<em>el desarrollo humano integral en el plano natural, al ser respuesta a una vocaci\u00f3n de Dios creador, requiere su autentificaci\u00f3n en un humanismo transcendental, que da [al hombre] su mayor plenitud; \u00e9sta es la finalidad suprema del desarrollo personal. Por tanto, la vocaci\u00f3n cristiana a dicho desarrollo abarca tanto el plano natural como el sobrenatural; \u00e9ste es el motivo por el que, \u00abcuando Dios queda eclipsado, nuestra capacidad de reconocer el orden natural, la finalidad y el \u2018bien\u2019, empieza a disiparse<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.\n\n<strong>Conclusi\u00f3n<\/strong>\n\nUna verdadera transformaci\u00f3n de las mentalidades y actitudes de la Iglesia en la pureza doctrinal deja paso a un seguimiento de Jes\u00fas. El hombre, ser-en-el-tiempo, ha de ir haci\u00e9ndose sucesivamente. Al ser humano le corresponde la condici\u00f3n de peregrino: es <em>homo viator<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><strong>[8]<\/strong><\/a>. <\/em>Sin embargo, gracias a la respuesta de Jes\u00fas a Tom\u00e1s, el cristiano peregrino conoce el camino: \u201cYo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por m\u00ed\u201d (Jn 14,3-6). Cristo se ha convertido en nuestro camino, porque se ha hecho hombre, accesible y semejante a nosotros, porque \u00c9l mismo ha recorrido nuestro camino hecho hombre. Cristo y el camino no pueden separarse. El propio Jes\u00fas es el peregrino, que recorre el camino a nuestro lado, nos gu\u00eda, ilumina nuestro camino, porque \u00c9l es la verdad y nos deja su vida, que mediante la Resurrecci\u00f3n es eterna e imperecedera. El camino no es ning\u00fan tipo de dictamen para conducir nuestra vida, sino una persona. Quien se adentra en Cristo llega al Padre.\n\n\u201c<em>Creer en el Dios que se nos revela, esperar en el Dios que se nos promete y amar al Dios que nos ama, es el fundamento de esa relaci\u00f3n dialogal del hombre con Dios en Cristo, que el Esp\u00edritu interioriza en la vida de cada creyente y que se desarrolla como un proceso din\u00e1mico en el marco de esa comunidad de fe, esperanza y caridad que llamamos Iglesia. En esto consiste la existencia cristiana. As\u00ed se expresa, realiza, crece y se renueva<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.\n\nConcluir\u00eda con estas palabras de Benedicto XVI: \u201c<em>El amor es una luz \u2014en el fondo la \u00fanica\u2014 que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar. El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en pr\u00e1ctica porque hemos sido creados a imagen de Dios. Vivir el amor y, as\u00ed, llevar la luz de Dios al mundo\u2026<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>. A esto quisiera invitar a todos los peregrinos en el A\u00f1o Santo Compostelano 2021.\n<p style=\"text-align: center;\">+ Juli\u00e1n Barrio Barrio\nArzobispo de Santiago de Compostela<\/p>\n&nbsp;\n\n<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Como escrib\u00eda S. Basilio, la fe \u201cno surge en virtud de ilaciones geom\u00e9tricas necesarias, sino por obra del Esp\u00edritu Santo\u201d: Homil\u00edas sobre los Salmos, 115,1: PG 30,104. El Concilio Vaticano II ense\u00f1a: \u201cPara dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio del Esp\u00edritu Santo, que mueve el coraz\u00f3n, lo dirige hacia Dios, abre los ojos del esp\u00edritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad\u201d: <em>Dei verbum<\/em>, 5.\n\n<a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Cf. Juli\u00e1n Barrio Barrio, \u201cCarta pastoral en el A\u00f1o de la Fe 2012-2013. \u00abBienaventurados los que crean sin haber visto\u00bb (Jn 20,29)\u201d, <em>\u00abIn verbo tuo, Domine\u00bb. Escritos jacobeos y pastorales II<\/em>, Santiago de Compostela, Instituto Teol\u00f3gico Compostelano, 2018 (Collectanea Scientifica Compostellana, 39), p\u00e1gs. 153s.\n\n<a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a>\u00a0\u00a0\u00a0 Nurya Mart\u00ednez-Gayol, \u201cLa existencia cristiana en la fe, esperanza y amor\u201d, Angel Cordovilla P\u00e9rez, Jos\u00e9 Manuel S\u00e1nchez Caro, Santiago del Cura Elena (dir.), <em>Dios y el hombre en Cristo. Homenaje a Olegario Gonz\u00e1lez de Cardedal<\/em>, Salamanca, S\u00edgueme, 2006, p\u00e1gs. 559-583. Aqu\u00ed p\u00e1g. 583.\n\n<a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a>\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Solemne apertura del Concilio Vaticano II. Discurso de Su Santidad Juan XXIII<\/em> (Jueves, 11 de octubre de 1962.)\n\n<a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> FRANCISCO, <em>Laudato S\u00ed, <\/em>118.\n\n<a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a>\u00a0\u00a0\u00a0 J. Gevaert, <em>El problema del hombre. Introducci\u00f3n a la antropolog\u00eda filos\u00f3fica<\/em>, Salamanca 2001, (Lux mundi, 48), p\u00e1g. 353 s.\n\n<a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> BENEDICTO XVI, <em>Caritas in veritate, <\/em>18.\n\n<a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a>\u00a0\u00a0\u00a0 Cf. J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, <em>Creaci\u00f3n, gracia, salvaci\u00f3n<\/em>, Santander <sup>2<\/sup>1993 (Colecci\u00f3n \u201cAlcance\u201d, 46), p\u00e1g. 70.\n\n<a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a>\u00a0\u00a0\u00a0 N. Mart\u00ednez-Gayol, \u201cLa existencia cristiana en la fe, esperanza y amor\u201d, ob.cit., p\u00e1g. 583.\n\n<a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> BENEDICTO XVI, <em>Deus caritas est, <\/em>39.","_es_post_name":"discurso-de-mons-barrio-en-la-inauguracion-del-congreso-de-acogida-en-los-caminos-de-santiago","_es_post_excerpt":"","_es_post_title":"Discurso de Mons. Barrio en la inauguraci\u00f3n del Congreso de Acogida en los Caminos de Santiago","edit_language":"gl","footnotes":""},"categories":[4],"tags":[60,77],"class_list":["post-12139","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-arzobispo","tag-discursos","tag-la-voz-del-pastor"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.9 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Discurso de Mons. 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