Fe, convivencia y naturaleza en la 43ª edición del Campamento Parroquial de San Pedro de Mezonzo

La Familia Parroquial de San Pedro de Mezonzo (A Coruña) organizó, un año más, su Campamento Parroquial de verano. No se trata de una actividad aislada, sino que forma parte de un PROYECTO de EDUCACIÓN en los valores del Evangelio.

En las 43 ediciones celebradas ya son muchos los lugares que hemos pisado. Esta vez nos acogieron los sacerdotes Jhonny y Randall en su Parroquia de San Cosme de Oíns (Arzúa); un entorno rodeado de naturaleza, mucha paz y unas gentes que demuestran ser, como en todos los lugares donde “hemos acampado”, muy acogedoras y serviciales.

Una edición, la presente, por donde hemos pasado más de 60 personas, los acampados (niños/as, adolescentes y jóvenes) y monitores. Además, familias enteras, padres e hijos/as que han disfrutado de fines de semana completos con nosotros, llenando los espacios y las actividades de la energía de los más pequeños.

Otros, por trabajos o compromisos familiares, pasaron una jornada o momentos concretos, pero todos ellos se llevan un poquito de la “experiencia” de un Campamento Sampedromezoncita.

Desde hace unos años el sacerdote y equipo de colaboradores de la Unidad Pastoral de Dombodán y unidas se suma a la Coordinación de esta actividad aportando acampadas de varias Parroquias (este año Brandeso y Branzá), con lo que la experiencia rompe las fronteras parroquiales.

El año pasado vivimos una jornada con el arzobispo y, en ese pacto entre acampados y él, quedó ya institucionalizada como “la quedada con D. Francisco”. Por eso, cumpliendo con su palabra, nos acompañó el pasado martes 21 de julio.

Allí, además de enseñarle las instalaciones, compartió con los acampados lo ya vivido: talleres, deportes, la eucaristía con la Comunidad Parroquial, una buena ruta de senderismo, la piscina, la visita a Tejas Verea o el recorrido que ese día hicimos por “las huellas de nuestro San Pedro de Mezonzo” (Santaia de Curtis, Santa María de Mezonzo y Sobrado dos Monxes).

El sol se puso, llegó la cena y un sabroso plato de pasta nos aportó esos hidratos necesarios, aunque los acampados ni podían sospecharlo, para cumplir al día siguiente con la última etapa del Camino de la Vía de la Plata desde el Pico Sacro.

La despedida quedó inmortalizada con la foto que acompaña esta crónica y ese buen deseo del arzobispo de que pequeños y mayores disfrutáramos de los muchos días que aún quedaban por delante.

Ahora, después de estos primeros días de descanso más que merecido, queda saborear lo vivido: que podemos vivir con mucho menos, que hay una familia de sangre y otra que vamos creando desde lazos de amistad o de fe, que uno puede estar rodeado pero sentirse solo, que hay muchas adicciones más allá de las drogas, que todos nos equivocamos y hay que reconstruir, que los likes nunca son un buen medidor de tu valía como persona o simplemente el forjar un pensamiento crítico desde tu propio camino de vida.

Un Campamento acaba y ya empieza el siguiente, al menos en la mente del MONITOR – MAESTRO, porque la vida siempre nos empuja hacia delante y se trata de tener VIDA y tenerla EN ABUNDANCIA.

Fuente: San Pedro de Mezonzo

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