Caión volvió a vivir ayer una jornada marcada por la fe, la devoción y la tradición en la festividad de los Milagros, una cita que cada año reúne a centenares de devotos en torno al Santuario de los Milagros, en la costa de A Laracha.
Desde primera hora de la mañana, los caminos que conducen hasta la ermita fueron escenario de una peregrinación constante, con vecinos de la comarca y de distintos puntos de Galicia que acudieron a pie, en coche…
A media mañana, el tramo de carretera que enlaza Carballo con Caión mostraba un incesante desfile de peregrinos. Chalecos reflectantes amarillos y naranjas, bastones de apoyo, rostros de cansancio y de ilusión componían un mosaico humano que avanzaba al compás de la fe.

Jóvenes, mayores y familias enteras compartieron el camino, cada uno con sus intenciones particulares: agradecimientos, peticiones, súplicas o promesas cumplidas. “Cada uno trae consigo sus fragilidades, dificultades y momentos complicados”, recordaba en su homilía el arzobispo de Santiago, mons. Francisco José Prieto, encargado de presidir la eucaristía central.
Durante la misa, el arzobispo destacó la esperanza y la comunidad: “No camiñar da vida non estamos sós (…). Que esta alegría se desborde (…). Estamos hoxe contentos de estar aquí”.
La devoción a los Milagros de Caión no se limita al día grande del 8 de septiembre. Durante toda la semana, hasta el domingo de la bajada, el santuario continuará acogiendo actos litúrgicos con misas programadas de manera ininterrumpida a lo largo de la jornada.






